Grupos criminales mexicanos se han entrenado en Ucrania en el uso militar de drones, incorporando tácticas de guerra de bajo costo y alta efectividad. Tanto cárteles como el gobierno han invertido en tecnologías ofensivas y defensivas
Ciudad de México, 08/12/25 (Más).- El crimen organizado en México no solo ha resistido la presión del Gobierno federal y las exigencias de Estados Unidos para reforzar la lucha antidrogas, sino que también ha avanzado hacia un nuevo modelo de violencia y sofisticación táctica: el uso de drones con fines militares, aprendidos en campos de batalla extranjeros como el de Ucrania.
Grupos criminales mexicanos y colombianos han sido detectados participando en entrenamientos de guerra con vehículos no tripulados en ese país, donde aprenden a operar drones con visión remota y técnicas de combate de bajo costo que luego son replicadas en suelo mexicano.
De acuerdo con un reportaje del diario El País, la formación recibida por estos elementos se ha dado en academias de drones FPV (First Person View) vinculadas a la Legión Extranjera Ucraniana. Aunque originalmente estaban destinadas a ciudadanos de ese país, con el tiempo se abrieron a extranjeros, muchos de ellos procedentes de México y Colombia, según información obtenida por The Intelligence y cotejada por Interpol y la DEA. Estas agencias apuntan que varios de estos voluntarios tienen antecedentes penales o vínculos con grupos narcoparamilitares en América Latina.
Esta estrategia ha permitido a los carteles incorporar a sus arsenales tácticas de guerra de alta efectividad y bajo costo.
La experiencia ucraniana en el uso de drones ha demostrado su potencial para cambiar el curso de conflictos, destruyendo objetivos con precisión y eficiencia. En México, el fenómeno de los narcodrones ha cobrado fuerza desde 2017, cuando se incautó el primer cuadricóptero con un explosivo improvisado. Desde entonces, su uso se ha extendido tanto en el tráfico de drogas como en ataques directos a rivales, fuerzas de seguridad y población civil.
El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), con sede en Estados Unidos, ha documentado que entre 2020 y mediados de 2023 se registraron 605 ataques con drones explosivos en México, con Guerrero, Michoacán y Tamaulipas como las entidades más afectadas. En 2024, de los 77 ataques registrados, 41 estuvieron dirigidos contra civiles, 16 contra otros grupos criminales y el resto contra fuerzas del orden. Los drones utilizados suelen ser dispositivos comerciales, modificados artesanalmente para transportar explosivos, balines o incluso C4.

El Cartel Jalisco Nueva Generación, a través de su unidad conocida como Fuerzas Especiales Mencho, ha sido pionero en esta táctica. Utilizan drones originalmente diseñados para uso agrícola, pero adaptados para lanzar explosivos sobre objetivos específicos. Los aparatos, cuyo costo oscila entre 400 y 700 dólares, son fácilmente adquiribles en el mercado, muchos de ellos importados desde China.
Frente a esta amenaza, los cárteles también han comenzado a invertir en tecnologías de defensa.
La facción de Los Mayitos, del Cártel de Sinaloa, ha adquirido inhibidores de señal antidrones de la marca Skyfend. Estos equipos, similares a rifles conectados a mochilas, interrumpen las frecuencias de control de los drones enemigos, lo que puede provocar su caída o retorno al origen. Además, reportes de inteligencia revelan que algunos grupos ya han empezado a comprar radares y misiles para derribar drones artillados, a través de redes de tráfico de armas desde Estados Unidos, donde su venta sigue siendo poco regulada.
La respuesta del Gobierno mexicano también ha escalado. Tras el asesinato del exalcalde de Uruapan, Carlos Manzo, el Plan Michoacán fue reforzado, incluyendo el uso de inhibidores de drones por parte de la Guardia Nacional. No obstante, los cárteles han comenzado a contraatacar con nuevas tecnologías. Según el investigador Henry Ziemmer, del CSIS, ya hay reportes de drones con fibra óptica, controlados mediante cables de hasta ocho kilómetros, una técnica usada en la guerra en Ucrania para evitar la interferencia electrónica.
Así, mientras el crimen organizado en México se transforma con aprendizajes de guerras extranjeras, la línea entre el narco y el terrorismo se difumina peligrosamente. El uso de drones como armas kamikaze y la expansión de sus capacidades defensivas revelan una escalada tecnológica sin precedentes en el conflicto interno que enfrenta el país.
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