Apuntes del insomnio
Manuel Fragoso Álvarez
Alguien me dijo que con la edad se aprende mucho, pero creo que a mí me pasó al revés, pues cada día entiendo menos y no por enfermedad o descontextualización. No entiendo, por ejemplo, tanta mentira que hoy se ve y se presenta simplemente como “otra realidad”, aunque más bien debería de ser no otra sino una realidad alterada.
Una de las muchas cosas que no llego a entender es, ¿Qué tipo de estadísticas utiliza tanto el gobierno federal para -cada mañana- (des) informar al país y en los gobiernos locales, en planas y planas pagadas, en donde anuncia con “bombo y platillo” la gran satisfacción que experimenta toda la gente porque se han reducido en un X % los delitos en nuestro país? ¿De dónde sacan esos datos? Si también TODOS los días en la prensa diaria aparecen personas que han sufrido un delito en su contra, desde un robo, un ataque con saña por pandilleros, una violación, robos a casas habitación, asaltos y asesinatos a plena luz del día, cientos de desaparecidos y secuestrados con el engaño de un buen empleo, mujeres maltratadas o asesinadas. Según el CJEM, se ha reducido en un 70% agresión contra mujeres, luego aparece otra nota donde dice que “son violentadas 7 de cada 10 mujeres en Coahuila.
El valor de la verdad debe ser fundamental para el sostenimiento de todo sistema democrático. Sin ella, no se generan soluciones que requiere el bien común. El valor de la verdad es tan relevante a la discusión de los asuntos públicos, que debe estar protegido a favor de los ciudadanos como el derecho a la información y la rendición de cuentas con transparencia constitucional y en la ley reglamentaria de la materia. Sin embargo, diariamente se nos miente con una desfachatez que harta.
Tratar de ser un buen ciudadano es difícil, la gente se molesta cuando alguien les llama la atención cuando, por ejemplo, se paran en doble fila, se estacionan en un lugar exclusivo para personas con discapacidad, se meten “a la brava” en la fila del banco, de las tortillas, de los coches, lavan sus banquetas y sus autos a “manguerazos” (sabiendo que a este nuestro pobrecito planeta se lo está cargando el calentamiento global y la inversión térmica) en lugar de utilizar una tina de agua. O cuando dejan sus bolsas de basura en donde no es, o tiran papeles desde su auto, o pañales sucios, (“que al cabo por eso les pagan a los que andan recogiendo la basura en las calles”), o aquellos que contaminan con su música el entorno, o con sus autos en mal estado.
No entiendo por qué los encargados de nuestra seguridad son prepotentes y malencarados (no todos, pero la gran mayoría) y son los primeros en infringir la ley: con sus autos que traen los vidrios polarizados, se paran donde mejor les parece, no usan el cinto de seguridad, se pasan los altos y amenazan y maltratan a ciudadanos pacíficos que se atraviesan en su camino.
No comprendo por qué la gente prefiere empeñar su futuro aceptando una despensa, doscientos pesos, un desayuno de tamales o menudo, un tinaco, cemento, su lonche y su frutsi por emitir su voto por el candidato que les venden, y aman tanto a quienes hipotecaron el futuro de sus hijos, con tanto amor que hasta veladora le encienden y a pesar de que son saqueados y humillados siguen creyendo en ellos.
No concibo cómo y cuándo dejamos que nuestros hijos se sublevaran y tomaran por asalto nuestra
autoridad, he visto jóvenes que insultan y retan a sus padres, les gritan, los desobedecen, cuestionan sus actos, quieren todo, pero ellos no ofrecen nada a cambio, e incluso han ocurrido casos donde han maltratado físicamente a sus progenitores. ¿Quién tiene la culpa de sus actitudes? Quizá nosotros, por querer darles todo, sacarlos de broncas y problemas y no enseñarlos a ser responsables, que importa que choquen los autos que les prestan o les compran, que maten a personas inocentes cuando andan tomados, que sean menores de edad e infrigan todas las leyes en sus ruidosas motocicletas, que usen vehículos de uso oficial que deberían de estar guardados, pero eso sí, si llegan a caer a la cárcel, los padres sacarán dinero hasta por debajo de las piedras con tal de que su querido “retoño” no pise la frías celdas de la ergástula municipal y llegarán sus abogados a evitar que cumpla con su merecido castigo. Quien tiene la culpa sino nosotros.
Como se puede ver, hay muchas, muchísimas cosas que ya no entiendo, que me molestan, o mi capacidad de asombro se ha perdido o ya no da para más.
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