DE BAJADA       

Por Horacio Cárdenas Zardoni

La administración pública a la mexicana jamás ha funcionado como relojito, es decir, que cada segundo y minuto ocurran en su momento y que tengan la misma duración, manteniendo a la sociedad mexicana laborando a un ritmo constante, ni muy apurado, ni muy flojo, todo el tiempo. No, la política a como se estila en este país, siempre ha ido a jalones, a trompicones y a muy esporádicos arriones que luego califican de “milagro mexicano”, pero lo normal es que la actividad de la administración pública se lleve como una campana de Gauss, y no como nos la pintan, como una tendencia siempre ascendente hacia un futuro promisorio.
La gestión pública, por lo general, reconoce tres etapas, una de arranque, en la que los gobernantes le echan todas las ganas, es cuando se dan a conocer los grandes proyectos y se da inicio a las obras que serán el sello de la administración, a ella sigue una de consolidación, que es llevar las cosas en paz, disfrutar las mieles del poder, en tanto los proyectos se llevan a cabo, y una etapa final, en la que se procura dar el mejor cierre que les sea posible, en esta última se mete el acelerador a todo lo que está pendiente, no vaya a ser que el siguiente gobernante diga que eso no sirve para nada (por si le suena…) y olímpicamente o después de una consulta a mano alzada los deseche, ah y aunque vivamos en una pretendida democracia, también es una etapa agitada porque se procura dejar un sucesor… por más que se le disfrace de uno más de los contendientes en el juego democrático, en el que todos tienen la misma oportunidad de votar y ser votados. En la primera etapa, además, se reconoce lo que se ha dado en llamar jocosamente la Luna de Miel, entre los gobernantes y los gobernados, en la que se establece un plazo de tres meses, cien días, o algo así ligado al calendario, para que la gente pueda notar una diferencia importante entre el estilo, empuje y resultados de la nueva administración, la que viene entrando, y la predecesora, que va saliendo. Lo mencionamos de pasada porque Coahuila está viviendo esta fase con Manolo Jiménez Salinas, que según su lema viene dando pasos de gigante, por más que su predecesor Miguel Riquelme procuró estar activo hasta el último día, básicamente anunciando inversiones y poniendo primera piedra de empresas, actos que al estado no le costaban un peso, pero que hacían rendir el escaso gasto que se hacía.
De alguna manera la posibilidad constitucional de una reelección en los niveles de alcaldías han venido a cambiar esta forma de plantear y analizar la administración publica mexicana, pero de hecho no varía demasiado, porque si el presidente municipal busca reelegirse, y lo logra, debe igualmente cerrar un período y abrir otro, no hacerlo equivale a que la gente le pierda fe al espectáculo dela renovación gubernamental, que piense que la política es algo de trámite y aburrido, y le saque la vuelta, aun más de lo que normalmente lo hace.
Ahora que se ha develado el juego político para la capital de Coahuila, y pasada la sorpresa inicial, sorpresa para los que no sabían , lo que venía, las cosas pintan más extrañas de lo que estamos acostumbrados. En efecto, el hecho de que Javier Díaz González haya renunciado al cargo que tenía en la administración estatal, como coordinador del Programa Mejora, para buscar llegar a la presidencia municipal de Saltillo, imprime una dinámica diferente a lo que habrá de ser el desempeño de la administración pública de la capital coahuilense.
Durante los dos años pasados se daba por hecho que José María Fraustro Siller buscaría y lograría sin mayores problemas un segundo período como presidente municipal, pero la aparición en escena de Javier Díaz, y más que eso, el respaldo que el gobernador Manolo Jiménez le dio a su excolaborador, a quien deseó el mayor éxito en su aventura política, envía el mensaje de que habrá alternancia en el poder público saltillense.
Viviendo en la ficticia democracia en la que vivimos, existe la posibilidad legal, no necesariamente real, de que el actual alcalde, haciendo uso de su derecho, busque la reelección, enfrentando en algún proceso interno a Javier Díaz y a algún otro aspirante del Partido Revolucionario Institucional, o de alguno de los otros con los que ha integrado alianza para los comicios anteriores.
Yéndonos a la teoría más chabacana, Chema llevaría ventaja a Díaz y los demás, por el simple hecho de que él sí tendría algún trabajo y resultados que exhibir como alcalde, y los otros no. De hecho el librito marca que el que se reelige tiene más posibilidades que el que la busca desde fuera y desde abajo, pero las condiciones son distintas en este caso, pues el contrincante poco menos que trae la bendición del gobernador del estado, en su momento de mayor poder, y jugársela contra eso, como que está para pensarla.
Recordamos casos en los que el sistema político ha dispuesto, ¿ordenado?, la remoción del presidente municipal, más con la intención de salvaguardar la plaza que con la de, de veras, ocuparlo en otra posición estratégica. Quitaron a Eleazar Galindo Vara en tiempos de Eliseo Mendoza, porque la estaba regando gacho, y quitaron al Diablito de las Fuentes mandándolo de diputado local y presidente del congreso, desde donde operó cierto asuntillo de cierta megadeuda, servicio por el cual se le premió con crecer.
¿Qué pasó, porqué Manolo prefiere darle juego a Díaz y no más a Chema, quien por si fuera poco, fue su sucesor en la alcaldía?, las hipótesis son muchas, y dudamos que a Fraustro Siller se le esté preparando para ofrecerle una posición superior a la presidencia municipal de la ciudad capital, ¿una candidatura al senado, a diputado federal, un puesto en el gabinete?, suenan medio hueco para quien ya ocupó la secretaría de educación y la de gobierno, fue presidente del congreso local, e iría a perderse en la burocracia legislativa federal, suponiendo que vaya por allí.
Pero de lo que hablábamos al principio. Si este 2024 es el año de cierre de la administración de José María Fraustro en Saltillo, se perfilaba un año tranquilón, sí con mucha grilla pero con poca administración, fuera de lo estrictamente indispensable. Están dos pendientes gordos, el del transporte que se dice que se arreglará con la Nueva Estrategia del Transporte, la mentada NET, y el de mejorar la vialidad del bulevar Venustiano Carranza, si ambos se veían con muy poco ímpetu de parte del municipio, la impresión es que lo tendrá todavía menor.
Podría pelearla… y poner a su administración a trabajar a marchas forzadas, pero lo más probable es que los restantes meses a la elección y hasta el fin de año, él y toda la burocracia, solo naden de muertito, lo cual no juega precisamente en beneficio del PRI ni sus aliados, si los lleva. Pero en fin, así es la política, y queremos pensar que calcularon los riesgos.

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