LIC.MARCO CAMPOS
El pasado primero de diciembre, el presidente López Obrador se festejó los tres años de gobierno en medio de un panorama por demás polémico, pues tal como lo vemos desde fuera de la burbuja que se ha vuelto la vida en el palacio, los ciudadanos mexicanos vivimos una realidad muy diferente, una para cada ciudadano o familia.
Lo primero a tomar en cuenta es el tema del Covid-19, ¿demasiado hablado? Estoy de acuerdo y por eso evitaré entrar en más que solo lo estrictamente necesario.
Se nos adelantó desde el año pasado que las estaciones frías traerían un repunte de casos, tal cosa quizás no sea lo suficientemente fuerte como para crear la cuarta ola si colaboramos desde nuestro entorno, mas el elemento humano ha sido el causante en esta ocasión de dicho repunte.
Nos hemos confiado más de la cuenta, ahora vemos cómo los centros nocturnos están llenos, los restaurantes, en su mayoría, de vuelta al aforo máximo, los eventos masivos sin restricción alguna y el regreso a clases que, dentro de todo, puede ser más controlado en cuanto a contagios mas no es infalible.
Para colmo de irresponsabilidad, López Obrador, a título personal “invitó” (voluntariamente o no tanto) a tanta población como le fue posible al mero estilo del PRI del que dice ser diferente, mas dentro de su forma de pensar, muchas veces ajeno a la realidad o con gran dolo, los exhortó a no seguir las medidas necesarias para evitar el contagio.
Primero, desmintamos la cifra del “músculo” Obradorista, pues según ellos, aseguran que hubo más de 250 mil personas reunidas por motivo del festejo, mas ellos mismos aseguraron que cuando el movimiento FRENAAA estuvo allí, solamente hubo 5 mil personas. ¿Cuál es la realidad?
La Plaza de la Constitución, informalmente conocida como el Zócalo, junto con las calles aledañas ocupa una superficie casi rectangular de 46,800 m2. De acuerdo con el fotógrafo Spencer Tunick, quien llegó a captar a una multitud de hombres y mujeres desnudos en el mismo lugar, registró cerca de 20 mil mexicanos.
Si consideramos entre apretujados y espacios perdidos por el escenario y vayas, quizás la cifra podría rondar cerca de los 25 mil y con un tope máximo de 187,200 suponiendo que, a distancia mínima, se ocupe un M2 por 4 personas. Muy distante de los 250 mil señalados y que inhumano habría sido tener a 5.3 personas por metro cuadrado.
Destaca que si en realidad fue la cifra máxima, la irresponsabilidad del presidente puso en riesgo a potencialmente al menos a cuatro veces más de personas, puesto que todos los asistentes tienen familias, conviven en espacios públicos con más personas y como seguramente fue y será en muchos casos, pasarán horas en el autobús de regreso a sus ciudades de origen o en el transporte público.
Quizás escucho la noticia que circuló en redes en la que un policía decía a los asistentes que iban llegando “pásele al covid”… algo que sin duda esperamos que no haya sucedido y no se refleje en contagios y muertes, mas no podemos obviar la realidad, una persona contagiada potencialmente pudo a haber contagiado a por lo menos 10 personas de manera directa (muuuuy conservadoramente en esas condiciones) y a otras tantas de manera indirecta por el rastro de virus que podía ir dejando.
Resulta en serio triste que en medio de la creciente cuarta ola, con una variante nueva de preocupación y con un sistema de salud colapsado en repetidas ocasiones por la alta cantidad de contagios, haciendo todo lo contrario a las indicaciones para evitar contagios, pone el mal ejemplo a la ciudadanía. No será de extrañarse ver panoramas desalentadores como los de hace algunos meses.
Ahora bien, ¿qué festejó el presidente? El covid ha sido la causa de muerte de muchísimos mexicanos, basta ver la discrepancia en las mismas cifras oficiales para darnos cuenta de ello, la violencia en record histórico de asesinatos, la inflación cada vez más alta, la gasolina que sigue subiendo, el gas del bienestar, caro e ineficiente, recortes por todos lados, incluyendo sectores estratégicos, eliminación de programas sociales y más endeudamiento…
En medio de crisis, el presupuesto de los mexicanos fue utilizado para una fiesta al ego, no importó traer de otras partes del país a más personas con tal de llenar el Zócalo, y pesar que criticaban ampliamente eso cuando lo hacía el expresidente Peña Nieto.
Basta resumir que la personalidad del presidente López Obrador resalta por su carácter desinhibido, sus escasos o nulos remordimientos por la cantidad de muerte que ha habido en su gobierno y las ocasionadas por sus recortes al sector salud y su poca empatía con el pueblo mexicano pues su disfraz de izquierdista y representante del pueblo cae ante los hechos y las pruebas de sus mismas conductas. Dejo a su criterio las conclusiones.
Sin duda, no hay mexicano responsable que espere que le vaya mal a la gestión del presidente López Obrador, está nuestro futuro de por medio, pero debemos ser más consientes de la realidad, no estamos como para este tipo de fiestas, no existe razón para gastar el presupuesto así mientras lo recorta en otras áreas, no estamos para festejar, tenemos que salir de una pandemia y de una crisis económica y como ciudadanos debemos ser críticos y objetivos en nuestros análisis sobre lo que sucede en el día a día político, más importante aún, ser más participativos en la vida pública y pensar por el bien de todos lo que es mejor sin apasionamientos políticos.
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