CORRUPCIÓN ACADÉMICA   

por Horacio Cárdenas Zardoni 

Como cosa de cuento, hace muchos, muchos años, en las universidades públicas se consideraba obligatorio, o si no tanto obligatorio, sí sumamente conveniente, que los empleados y sobre todo los funcionarios de cierto nivel hacia arriba, se desempeñaran también como catedráticos.
La idea era de una simpleza extraordinaria, no había mejor manera de conocer lo que ocurría en la institución, que bajándose al nivel donde ocurre la educación, por lo menos la parte formal, que el salón de clase.

Para que un funcionario o un trabajador universitario conociera de primerísima mano, por decirlo de esa manera, lo que le dolía a la comunidad universitaria, había que estar en contacto con los alumnos, pero no solo cuando por la naturaleza de su trabajo se dan una vuelta por los campus, no, había que mantener ese contacto de forma cotidiana, y no había mejor manera para ello, que tener algunas horas frente a grupo. Allí se conocía si los alumnos habían desayunado, si se habían venido caminando por no tener dinero para el camión, si la ruta de este funcionaba cuando entraban a clase por la mañana, o salían de clase por la noche, sus inquietudes, sus expectativas, sus problemas, si el salón estaba frío en invierno o caliente en verano, si había gises, en fin, todo. Y sí, definitivamente ese contacto le bajaba los humos a los funcionarios con grandes proyectos y pretensiones que no eran aplicables, en cambio, en la medida de las responsabilidades de cada quien, cada profesor se llevaba a la administración los problemas que le competía resolver, y establecía los contactos con sus compañeros, para que se atendieran los que no lo eran.

Pero como lo comentaban muchos de los docentes, dar clases y tener contacto cotidiano con “la raza” los mantenía jóvenes, los obligaba a estar al día, pues los estudiantes de entonces, como los de ahora, son canijos, y donde le agarren la medida al profesor, ya valió él y la materia que imparten.
Pero las cosas cambiaron. En algún momento las autoridades centrales decidieron que ese “salirse a dar clase”, era un foco de corrupción en las instituciones educativas de nivel superior, se prestaba, en esencia, a que no se cumpliera con una de las funciones, la de docencia o la que tuviera en la gestión universitaria. Es esa idea peregrina de que quien está aplastado en un escritorio todo el día es más productivo que el que anda como trompo chillador, es muy difundida entre quienes hacen poco o nada. Ya parece que por dar clases aquí o allá, el empleado puede decirle a su jefe -es que tenía que revisar un examen-, y ya con eso se le justificaba el incumplimiento, nada, se cumple aquí y allá, y ese mantenerse activo al máximo es más útil a la institución que el compa que no se mueve de su sitio más que para ir al baño o tomarse el descanso de media hora que previene el contracto colectivo de trabajo, pero en fin…
La Universidad Autónoma de Coahuila ha sido señalada reiteradamente por desviaciones de recursos públicos. Las acusaciones han ido en el sentido de que se pagan dobles plazas, y eso porque uno, veinte o cincuenta trabajadores, son también profesores en alguna escuela o facultad. Allí los tiene, yendo a testificar ante la Fiscalía General de la República, en qué horario daban clase, y en qué horario tenían que estar presentes en la dependencia de su adscripción. Bonito lugar para rendir testimonio, muy cálido sobre todo. Para esto los que en algún momento, hace años sí se salían a dar clase, fueron los primeros que rasuraron de las plantillas académicas. Los que todavía permanecen… son profesores que dan clase a las siete de la mañana, y alcanzan a llegar a las nueve a su lugar de trabajo, peor se la pongo, dan clases en la tarde en las escuelas que tienen turno vespertino. Y de todos modos los observan, en una señal clara que los auditores de la Función Pública no leen los resultados de auditorías anteriores donde se reportó la situación y se dio por resuelta, no, vuelve a aparecer, y esto por años y más años.

El único que ha puesto el dedo en la yaga fue el actual rector de la UAdeC, Octavio Pimentel Martínez, quien declaró que buscaría una reforma legal, no aquí en Coahuila, sino a nivel federal, para que se diera entrada a la posibilidad del régimen doble, de docente y empleado, de lo contrario seguirán las observaciones año tras año, sin que realmente exista una omisión a la ley, pero ah como fastidian, si hasta parece que sus jefes tampoco confían mucho en los auditores, que los tienen con necedades todo el tiempo. A ver qué suerte tiene Octavio en la corrección de esta necedad, no solo se lo agradecería la universidad que dirige, sino todas las públicas del sistema, y además… tenían razón los viejos profes: ¿dónde abrevan los burócratas universitarios de las realidades de los alumnos, si no es dando clase?
Y de repente en estos tiempos de las benditas redes sociales, nos cayó en la bandeja un documento, aparentemente extraído de la Universidad Nacional Autónoma de México, referido a una empleada de nombre Claudia Sheinbaum Pardo, adscrita al Instituto de Ingeniería, donde se desempeña, supuestamente, con la categoría de Investigadora titular Nivel B de Tiempo completo definitivo.
La impresión es, supuestamente y no habría porqué dudarlo, del sistema integral de información académica, versión pública, ya ve que con esas cosas de la transparencia… Claudia Sheinbaum tendría una antigüedad en la institución de 25 años, 11 meses y 13 días, al momento en el que se hizo la consulta.

En apariencia, todo hace indicar que la candidata a presidente de la república, y funcionaria pública durante los últimos cuatro sexenios, se las ha ingeniado para desempeñarse como secretaria de ecología, como delegada, como jefa de gobierno, y cubrir además el horario que se le exige a un investigador ¿o será que la Universidad Nacional no es sujeto obligado ante la Auditoría Superior de la Federación, y por lo tanto se le tienen consideraciones que no se le dan a otros profesores, investigadores de allá y de las universidades públicas de los estados?
En sus redes sociales Claudia Sheinbaum siempre antecede a su nombre el título de doctora, además, reiteradamente se refiere a sí misma como científica, y cabe preguntarse ¿a qué hora hace ciencia, pura o aplicada, un servidor público que ocupa puestos tan importantes como los que ha tenido ella? A los pobres profesores de asignatura, de esos que cobran como ochenta pesos la hora, a la hora de las observaciones no los han bajado de corruptos, ¿y qué se puede decir de una señora que ha medrado del CONACyT (hoy CONAHCyT) durante décadas, ella y su familia, con premios, becas, pertenencia al SNI, y amparada en qué producción académica?
Dice la candidata de MORENA que con la cuarta transformación se acabó la corrupción, a lo mejor… pero la corrupción académica en su caso, esa sigue tan campante.

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