La reactivación del trabajo conjunto en seguridad entre México y Estados Unidos quedó formalizada con una reunión de alto nivel, enfocada en combatir al crimen organizado, el tráfico de armas, el huachicol y el uso delictivo de drones. No obstante, el acercamiento ocurre en medio de desacuerdos por aranceles, amenazas sobre el T-MEC, revocaciones de visas a funcionarios mexicanos y la designación de cárteles como organizaciones terroristas
Ciudad de México, 13/06/26 (Más).- Estados Unidos y México anunciaron una nueva era de cooperación en seguridad, pero el relanzamiento llega entre señales cruzadas: coordinación formal contra el crimen organizado, el tráfico de armas, el robo de combustible y el uso criminal de drones, mientras persisten presiones arancelarias, advertencias sobre el T-MEC, revocación de visas y reclamos mexicanos de respeto a la soberanía.
De acuerdo con EFE, la Embajada de Estados Unidos en México informó que representantes de 15 agencias estadounidenses se reunieron con autoridades mexicanas para impulsar resultados inmediatos dentro del Grupo Bilateral de Implementación, mecanismo presentado como una nueva etapa de la cooperación bilateral.
El encuentro se concentró en prioridades compartidas: crimen organizado, seguridad fronteriza, huachicol, tráfico de armas y amenazas emergentes como los drones. Washington sostuvo que ambos países pueden lograr resultados históricos en materia de cooperación en seguridad cuando trabajamos juntos.
Sin embargo, el tono cooperativo convive con tensiones abiertas. En enero de 2025, la Casa Blanca inició el proceso para designar a ciertos cárteles como organizaciones terroristas extranjeras, una decisión que elevó las preocupaciones en México sobre posibles acciones unilaterales bajo el argumento de seguridad nacional.
También en 2025, el gobierno estadounidense impuso presión comercial al vincular aranceles con el flujo de drogas y migración; después pausó por un mes gravámenes del 25 por ciento tras un acuerdo que incluyó el despliegue de 10 mil elementos mexicanos en la frontera.

La fricción se extendió al terreno político. Reportes de Reuters retomados por medios mexicanos señalaron que Estados Unidos revocó visas a más de 50 políticos y funcionarios mexicanos dentro de su ofensiva contra el narcotráfico, mientras la presidenta Claudia Sheinbaum dijo no contar con información oficial sobre los afectados.
Otro punto sensible es el T-MEC: esta semana, Sheinbaum defendió la continuidad del tratado luego de amenazas de Donald Trump de no renovarlo y de exigencias estadounidenses para elevar el contenido de autopartes producidas en Estados Unidos, tema que inquieta a la industria mexicana.
En seguridad, México ha insistido en una fórmula política: cooperación, pero no subordinación. Comunicados oficiales mexicanos han subrayado que la colaboración con Washington debe sostenerse en respeto a la soberanía, responsabilidad compartida y confianza mutua.
El uso de drones por grupos criminales da contexto al nuevo énfasis bilateral. Casos recientes en Sonora y Chihuahua han mostrado la creciente sofisticación de células delictivas vinculadas al Cártel de Sinaloa, acusadas de ataques con drones contra rivales, autoridades y civiles.
Así, la reunión en la Embajada estadounidense refleja una relación obligada a cooperar por la magnitud de las amenazas, pero atravesada por patadas por debajo de la mesa: presión comercial, decisiones migratorias y de visas, lenguaje de guerra contra los cárteles y la exigencia mexicana de que ninguna coordinación derive en injerencia.
La Embajada estadounidense también informó que la reunión abordó la necesidad de coordinar respuestas frente a amenazas y herramientas emergentes, incluidas las operaciones con drones, cuyo uso por parte de organizaciones criminales se ha convertido en un desafío adicional para las autoridades de ambos países.
En el mensaje difundido a medios, Estados Unidos sostuvo que ambos gobiernos reconocen que pueden alcanzar resultados históricos en materia de cooperación en seguridad cuando trabajamos juntos, frase con la que buscó subrayar el tono de entendimiento institucional del encuentro.


El comunicado añadió que México y Estados Unidos reafirmaron su determinación de cooperar para proteger a sus ciudadanos y avanzar hacia una región más segura y próspera, mediante reuniones periódicas y una coordinación bilateral más estrecha.
La reunión formó parte del Grupo Bilateral de Implementación, conocido como BIG por sus siglas en inglés, un mecanismo que Washington presentó como la siguiente etapa de los esfuerzos conjuntos en materia de seguridad entre los dos países. Ese mecanismo se inscribe en una estrategia bilateral que ha cambiado con los años: primero bajo la Iniciativa Mérida y después mediante el Entendimiento Bicentenario, instrumentos que han buscado redefinir la cooperación en seguridad entre México y Estados Unidos. Con información de EFE
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