CONTRATOS A MODO


Por Horacio Cárdenas Zardoni


Salió el otro día una nota que reseñaba una iniciativa del diputado Jaime Bueno Zertuche, que según, busca reformar la Ley de Adquisiciones, Arrendamientos y Servicios del sector público, ordenamiento que más que servir para que el gobierno haga el mejor uso de los recursos que el pueblo le confía (es un decir) para el desempeño de sus funciones en las mejores condiciones posibles, se ha convertido en el telón detrás del cual se esconden los más escandalosos actos de corrupción, no solo de las administraciones pasadas, acusadas de una voracidad rampante, sino de esta misma que presume de ser todo lo contrario, honesta, valiente, incapaz de robarse un centavo, entre otras lindezas que cada vez es menos la gente que se lo cree.


La intención del diputado Bueno Zertuche no pretende, al menos hasta donde se ha difundido información de su proyecto de reforma, lanzarse contra todas las compras que hace la administración pública, que sería una misión titánica, de muy difícil aprobación por parte de la mayoría de los diputados al congreso de la unión, después de todo en su gran mayoría sirven ellos a los intereses de grupos de poder económico y político en sus entidades de origen, que sacan su muy buena tajada de contratos con los distintos órdenes y niveles de gobierno, sino contra un tema muy específico, el de las compras de carbón mineral, en una región también muy delimitada, que es el norte del estado de Coahuila, relacionado con las compras y ventas a la Comisión Federal de Electricidad.


Estas cosas tienen vicios, si no de origen, que a lo mejor sería demasiado decir, pero también interesante de saber cómo eran al principio, y dónde, cuándo y cómo se torcieron, para continuar chuecas en esta época en la que nos toca enterarnos y entendernos de la cuestión. Lo que nos importa es la forma en la que se han venido desarrollando durante las últimas décadas, y en especial en el momento presente, luego que se nos prometió que se acabaría de tajo la corrupción en el sector minero, en el punto en que se conecta con las compras gubernamentales para la generación de electricidad.


La realidad más elemental señala que para poder vender carbón a quien lo quiere comprar, antes que ninguna otra cosa, hay que tenerlo. Aquí ni hablar, los que poseen tierras el cuyo subsuelo existen yacimientos de carbón, pueden ser calificados de favorecidos de los dioses, pues prácticamente tienen la vida hecha. Si se trata de gente que heredó las tierras, o que las compró, ya tiene mucho trecho avanzado en hacerse rico, o continuar siéndolo.


Pero estos son pocos, y menos aun los que habiendo nacido en pañales de seda manchados de polvo de carbón, crezcan con el ímpetu para seguir trabajando en el sucio negocio del carbón. No, la mayoría de los que sí están interesados en el mismo son gente que se mueve para obtener una concesión, un lote, que dice la ley minera, y esto se complica bastante porque no estamos necesariamente hablando de la superficie del terreno, sino del subsuelo, lo que implica negociaciones obligadas con los propietarios.


Pero todavía hay un tercer grupo, que a lo mejor es el más movido de todos, son gente que no tiene dinero, al menos al principio, no tiene tierras, pero tiene como dice el corrido “lo mero prencipal”, que son contratos, asignaciones, o para dejarlo en una sola palabra, que tiene contactos.


En la industria del carbón, como en muchas otras, lo que importa es poder establecer la conexión, entre quienes tienen algo que vender, y aquellos que por razones de su trabajo, lo tienen que comprar, y en esa intermediación es donde se construyen, se han construido durante un siglo y lo más seguro es que se sigan haciendo, las más grandes fortunas, sin tener que invertir un peso propio, sin tener que tener ni tierras, ni maquinaria, ni camiones, ni empleados, con la pura labia, y con la mínima honradez de repartir dinero a todos los involucrados, de manera que todos queden contentos y satisfechos, por supuesto, ellos los principales.


Nada como un empleado público que lo único que tiene que hacer es firmar, autorizar asignaciones para este o aquel proveedor a este o aquel precio siempre castigado, porque lo que está en juego es la generación de energía eléctrica, indispensable para el desarrollo de la patria mexicana. Ni sudan ni se acongojan, y por poner su firma en un papel le cae un sobre repleto en el cajón del escritorio, no eso era antes, una transferencia electrónica a un banco en un sitio que efectivamente siga honrando el secreto bancario. Con dos o tres de estas asignaciones a lo largo de su carrera y puede pensionarse como un pasha…


No sabemos de donde venía que las asignaciones para la compra de carbón se llamaban tickets, será que antiguamente el chofer de la tolva atiborrada de mineral tenía que mostrar un papelito al portero que controlaba los ingresos de carbón a las plantas carboeléctricas, o como fuera, el caso es que quien tenía los tickets porque se los había confiado alguien de adentro para negociarlos, era la persona más buscada en toda la Carbonífera, ¿y cómo no?, si nomás con sacarlos de la bolsa o del portafolio podía significar cientos de miles de toneladas en ventas, tener trabajando la mina propia o rentada, tener laborando a decenas o cientos de mineros, para lo cual había que cortejar al coyote, llegarle al precio, y una vez concretado el negocio, pues a seguir trabajando. Si no se puso buzo o se enemistaba con el intermediario, podía llegar a la quiebra, pero si lograba lo contrario, podía salir de pobre, es un decir, porque tampoco es que lo fueran.


Total que ahora el diputado Bueno Zertuche busca que no sean improvisados los que reciben las asignaciones directas para la compra de mineral de carbón, que sean personas físicas y morales debidamente habilitadas, con experiencia, capital, equipo, en fin, todo lo necesario para cumplir con los contratos que se les lleguen a dar. A nivel de ordenamiento jurídico, suena de lo mejor, pero… ¿y todo el dinero que se caía a lo largo de las operaciones, como si de polvo de carbón se tratara, que se cae de las tolvas ennegreciendo los caminos y los campos por donde pasa?
La cuestión aquí es que en este sexenio lo que durante décadas solo fue un asunto económico, y de corrupción, ahora se volvió político. No que los carboneros de altos vuelos y minas profundas no les diera luego por la grilla, pero en este caso el dinero que se pira del negocio del carbón tiene una orientación política mucho más marcada, más partidista, y a esto es a lo que se enfrenta la propuesta de Bueno, a quitarle el suministro de recursos a las campañas políticas a través de compras ficticias de carbón que ni se puede quemar por no cumplir con las especificaciones mínimas para arder como debe.


Ojalá pase, pero lo vemos color de hormiga carbonera.


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