Villahermosa, Tabasco, 05/05/26 (Más).- El derrame de petróleo en el Golfo de México continúa afectando a comunidades pesqueras de Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, generando preocupación entre miles de familias que dependen directamente de la pesca para su sustento.
Joaquín Madrigal, líder de pescadores en Tabasco, señaló que, aunque la presencia de crudo en la superficie ha disminuido, “no ha salido del todo”, y alertó que la contaminación invisible bajo la superficie representa el principal riesgo para su actividad.
La falta de frentes fríos ha evitado que el hidrocarburo llegue masivamente a las orillas, pero esto no significa que la situación esté controlada.
La falta de respuesta institucional ha sido una constante. Madrigal denunció que una reunión programada con Petróleos Mexicanos (Pemex) la semana pasada no se llevó a cabo, y hasta ahora no han recibido una nueva convocatoria.
La comunidad exige soluciones concretas en tres frentes: equipamiento pesquero ante la falta de programas de renovación, inclusión en los apoyos económicos de 15 mil pesos que fueron entregados de manera parcial y desigual, y un aumento en la dotación de combustible, actualmente insuficiente, para poder alejarse de las zonas contaminadas y continuar trabajando.
El descontento entre los pescadores ha aumentado y la posibilidad de medidas de presión es real. Madrigal advirtió que, de no recibir una convocatoria formal este miércoles, la comunidad podría movilizarse en el mar, utilizando su espacio de trabajo como forma de protesta.

“La única manera que entiende el gobierno a veces es bajo presión”, señaló, recordando movilizaciones recientes en Veracruz y Campeche.
De acuerdo con información recopilada por Greenpeace México, hasta finales de marzo se habían retirado más de 800 toneladas de residuos petroleros en un litoral de más de 630 kilómetros, sin embargo, los pescadores siguen reportando hidrocarburo en zonas de trabajo y en áreas de pesca cercanas a plataformas petroleras.
Madrigal enfatizó que “a nosotros no nos afecta tanto el que llegue a la orilla, sino el que se queda en el mar”, subrayando que los ecosistemas y la fauna marina continúan en riesgo.
En Tabasco, alrededor de 10 mil pescadores se han visto afectados: siete mil organizados y tres mil independientes.
Sin embargo, el reparto de los apoyos ha sido irregular. Madrigal denunció que muchos pescadores no recibieron los 15 mil pesos prometidos y que algunos recursos se entregaron a acuacultores ajenos a la pesca marina, dejando fuera a comunidades costeras directamente impactadas, como Bellote y Chiltepec.
La falta de equipamiento adecuado y la necesidad de recorrer mayores distancias en busca de pesca segura incrementa los costos y riesgos de la actividad.
Los testimonios recabados evidencian la gravedad de la situación: Onésimo Cruz Martínez, de Playa Jicacal, explicó que su red de pesca quedó inutilizable debido al chapopote:
“Tengo una red llena de hidrocarburos, ya no sirve. La pesca se nos fue quebrada, porque nosotros para la pesca lo más fuerte es del mes de marzo, pero como vino el hidrocarburo”.

Maudel Cruz Alfonso, de 51 años, comentó que se siente “casi en el olvido” tras tener que dedicarse a recolectar chapopote sin recibir alertas ni apoyos adecuados por parte de las autoridades.
Albertano Martínez Martínez, de Pajapan, urgió a las autoridades a entregar apoyos a pescadores que no forman parte de padrones oficiales, ya que miles han quedado sin ingresos ni sustento para sus familias.
Greenpeace México constató que los efectos del derrame se extienden más allá de Tabasco. En el sur de Veracruz, comunidades pesqueras en Playa Peña Hermosa, Playa Linda y la Laguna del Ostión reportan chapopote adherido a sargazo y manglares, lo que ha paralizado la pesca y causado temor entre la población sobre los riesgos de consumir especies contaminadas.
La organización documentó que la recolección de hidrocarburos se realiza sin equipo de protección adecuado, exponiendo a los habitantes a mareos, vómitos y malestares estomacales.
En la Laguna del Ostión, Emeterio Martínez Hernández describió la situación como un “descontrol total”, ya que los compradores han dejado de adquirir mariscos y pescados por miedo a la contaminación.
Oceana, por su parte, denunció que la respuesta institucional es insuficiente y excluye a las comunidades más afectadas.
A pesar de que Pemex reconoció su responsabilidad el 16 de abril, los programas de compensación no cubren a la mayoría de los pescadores, muchos de los cuales no están inscritos en padrones oficiales.
La organización destacó que la evaluación de daños se ha limitado a indicadores superficiales, ignorando impactos económicos y sociales derivados de la paralización pesquera.
Nancy Gocher, directora de Política Pública e Incidencia de Oceana, afirmó que “el derrame evidenció un sistema que excluye a quienes dependen directamente del mar” y exigió mecanismos de reparación integrales, con participación directa de las comunidades y criterios que reflejen su realidad económica y social.
Los informes de la Red Corredor Arrecifal del Golfo de México señalan que, hasta abril, se detectaron chapopote y residuos de hidrocarburos en al menos 81 sitios a lo largo de la costa, y que el desastre ha afectado a fauna marina como tortugas, delfines, pelícanos y manatíes.
La evidencia demuestra que el derrame no terminó cuando dejó de ser visible en la superficie, y que las medidas de mitigación deben incluir estudios de impacto ambiental para evaluar daños en playas, manglares, lagunas y arrecifes, así como acciones de apoyo efectivo a los pescadores y sus familias, quienes siguen enfrentando riesgos y pérdidas económicas significativas.
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