Contaminados el 70% de los ríos en México

La contaminación industrial y municipal, como en el río Santiago, provoca graves problemas de salud, incluidas altas tasas de cáncer e insuficiencia renal. Urgen reformas legislativas y reconocimiento legal de los ríos como sujetos de derechos

Ciudad de México, 19/11/2024 (Más/IA).- El 70 por ciento de los ríos en México presenta algún nivel de contaminación, alertó la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), destacando la urgencia de medidas inmediatas para revertir el daño ambiental que afecta a ecosistemas, salud pública y comunidades enteras.

Ejemplo crítico de esta situación es el río Santiago, en Jalisco, cuya contaminación ha sido motivo de denuncia constante por parte de activistas y especialistas.

En el municipio de El Salto, las cascadas del mismo nombre son un símbolo del deterioro ambiental. “Al caer el agua en las rocas se forman bolas de espuma enormes. Es el espectáculo más deprimente que podemos ver y una muestra de que no se está haciendo nada”, señaló Raúl Muñoz Delgadillo, presidente del Comité Ciudadano de Defensa Ambiental de El Salto.

El río Santiago, que recibe las aguas residuales del arroyo El Ahogado, enfrenta un cóctel de descargas industriales y municipales. Según un estudio del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) de 2011, se identificaron mil 90 sustancias químicas en este río, siendo las descargas industriales las más contaminantes. Más de una década después, la situación permanece sin resolverse.

La contaminación tiene un costo directo para las comunidades. En El Salto, los habitantes padecen altas tasas de cáncer e insuficiencia renal. Solo este año han muerto 137 personas, una cifra cercana a las 147 defunciones registradas en 2023, según el Comité Ciudadano. Muñoz indicó que la población no solo ingiere contaminantes a través del agua, sino que también los respira constantemente, lo que agrava las enfermedades.

El activista anunció que en enero de 2025 pedirá a la Secretaría de Salud realizar un estudio epidemiológico para identificar las zonas de mayor riesgo y establecer vínculos entre la contaminación y las enfermedades. Asimismo, solicitará al Congreso una reforma al Código Penal para elevar la contaminación de cuerpos de agua a delito grave.

Aunque la contaminación de los ríos está regulada por la Norma Oficial Mexicana NOM-001-SEMARNAT-2021, que entró en vigor en 2023, los expertos consideran que aún hay vacíos significativos. La doctora Yolanda Pica, del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), explicó que la norma fue debilitada en su versión final, incorporando solo un método toxicológico para evaluar la calidad del agua.

Por su parte, el profesor Omar Arellano Aguilar, de la UNAM, advirtió que las descargas de aguas industriales han alterado profundamente los ecosistemas fluviales. “Se han descargado toneladas de metales pesados, agroquímicos y plásticos. Ni siquiera tenemos laboratorios capaces de monitorear todos los contaminantes actuales”, señaló.

La creciente contaminación por plásticos también representa un desafío mayor. Un inventario nacional realizado por la UAM y la ONU identificó que los ríos en México son principales vías de transporte de microplásticos hacia el mar. En ciudades densamente pobladas como Guadalajara, Ciudad de México y Puebla, estos residuos se vierten en ríos como el Pánuco y el Verde, que contribuyen significativamente a la contaminación oceánica.

La contaminación de los ríos afecta directamente la salud de los mexicanos. Según el Inventario Nacional de Fuentes de Contaminación Plástica, el 61 por ciento del agua para consumo humano proviene de fuentes superficiales como ríos y lagos. Estudios recientes en Estados Unidos revelan que una persona promedio podría ingerir entre 39 mil y 52 mil microplásticos al año, lo que plantea riesgos aún no completamente entendidos para el cuerpo humano.

El impacto de los microplásticos es evidente en alimentos como el pescado. Greenpeace documentó en 2019 que uno de cada cinco peces analizados en México tenía plásticos en su interior, algunos con hasta 45 piezas.

Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ha prometido el rescate de los ríos Lerma-Santiago, Tula y Atoyac, los expertos subrayan que las acciones deben enfocarse en prevenir la contaminación desde su origen. “Es como si intentaras secar el agua de tu casa con trapos, pero sin cerrar la llave”, ilustró Alethea Vázquez Morillas, de la UAM.

Por su parte, Greenpeace impulsa una reforma legislativa para prohibir plásticos de un solo uso y exigir responsabilidad extendida a los productores. Paralelamente, activistas como Raúl Muñoz proponen reconocer a los ríos como sujetos de derechos, garantizando su protección bajo un enfoque innovador que priorice la salud de los ecosistemas y las comunidades.

El deterioro ambiental en los ríos de México refleja una crisis estructural que requiere cambios urgentes en normativas, políticas públicas y prácticas industriales. Sin medidas inmediatas, el costo humano y ecológico seguirá en ascenso.


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