Estocolmo, 11/04/25 (Más).- Una investigación publicada en la revista Science reveló que los medicamentos vertidos en los ríos podrían estar alterando el comportamiento natural de los salmones juveniles, modificando su capacidad de supervivencia durante la peligrosa migración que realizan desde aguas dulces hacia el mar. El estudio, considerado uno de los más extensos hasta la fecha en condiciones reales de río, fue realizado en el Dal, al este de Suecia, y documenta cómo sustancias como el ansiolítico clobazam y el analgésico opioide tramadol afectan a los smolts de Salmo salar.
El experimento se centró en el inicio del viaje migratorio de estos peces, que, tras años en el océano, regresan a su río de origen para reproducirse y morir. Para llegar allí, primero deben completar un viaje de juventud que atraviesa embalses, presas y zonas con depredadores como lucios y truchas. Durante las campañas de 2020 y 2021, los investigadores administraron diferentes tratamientos a centenares de salmones: clobazam, tramadol, ambos combinados o ninguno (grupo de control). Todos fueron equipados con transmisores para su rastreo a lo largo del trayecto hacia el mar Báltico.
Los resultados mostraron que los salmones expuestos al clobazam cruzaron las presas más rápidamente que el resto. En el caso de la presa de Lanforsen, sin canal de paso para peces, los no medicados tardaron ocho horas en atreverse a cruzar por las turbinas. Los tratados con clobazam lo hicieron en menos de tres horas. Los que recibieron tramadol fueron los más lentos. Resultados similares se observaron en la siguiente presa, Älvkarleby, de 23 metros de caída.
La tasa de supervivencia también mostró variaciones significativas. Apenas el 10% de los salmones del grupo de control llegó al mar, cifra similar a la de los tratados con tramadol. Sin embargo, el 15% de los que recibieron clobazam completaron la migración, lo que representa un 50% más de supervivencia respecto al grupo sin fármacos.
Michael Bertram, coautor del estudio y profesor de estudios ambientales y pesqueros en la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas (USCA), advirtió que este aparente beneficio podría tener consecuencias negativas. “Cualquier cambio en el comportamiento natural puede tener impactos ecológicos serios. Un avance más rápido podría parecer positivo, pero puede desincronizar el calendario migratorio y aumentar la exposición a otros riesgos”, señaló.
Los investigadores también realizaron pruebas en laboratorio para observar el comportamiento de los peces frente a depredadores. En acuarios colocados junto a lucios, los salmones no expuestos al fármaco se agruparon en cardúmenes cerrados, su principal estrategia defensiva. En cambio, los que recibieron clobazam mostraron una dispersión mayor, alejándose unos de otros, lo que los hace más vulnerables.
Jack Brand, investigador principal del estudio, subrayó que los niveles de fármaco administrados fueron equivalentes a los encontrados en ríos de Europa. “Confirmamos en laboratorio que las concentraciones en los tejidos de los peces eran ambientalmente realistas”, indicó.
La presencia de medicamentos en los ríos ha sido ampliamente documentada. En Europa, el río Manzanares, en Madrid, ha sido identificado como uno de los más contaminados por principios activos farmacológicos. A pesar del tratamiento de aguas residuales, muchas sustancias llegan a los ecosistemas acuáticos. Investigaciones previas han señalado alteraciones en organismos como algas, bacterias e insectos, y hasta casos de adicción a metanfetaminas en peces expuestos.
Eva Thorstad, del Instituto Noruego para la Investigación de la Naturaleza, reconoció la solidez del nuevo estudio y destacó su relevancia por haberse realizado en condiciones naturales. Aunque no participó en la investigación, consideró que sus resultados podrían aplicarse a otras especies de peces.
La migración de los salmones juveniles es una fase crítica con un altísimo nivel de mortalidad. Se estima que entre el 0.3% y el 7% de estos peces mueren por cada kilómetro recorrido. Las alteraciones en su comportamiento derivadas de la exposición a contaminantes podrían modificar no solo la dinámica de la especie, sino también el equilibrio ecológico de los entornos fluviales donde habitan.
Los autores del estudio concluyen que es necesario considerar el impacto de la contaminación farmacéutica en las decisiones sobre gestión ambiental y conservación de especies acuáticas, especialmente aquellas de alto valor ecológico y comercial como el salmón del Atlántico.
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