Por Juan Rocha
En la República Mexicana existen 23 veces menos armas, que, en Estados Unidos, sin embargo, su tasa de homicidios es del triple que en la Unión Americana, dijo Alejandro Desfassiaux, presidente Fundador del Consejo Nacional de Seguridad Privada.
Por eso la reciente demanda del Gobierno Federal contra las ensambladoras estadounidenses de armas está injustificada, debido a que la causa de la violencia no son los rifles per se, sino la incapacidad de las autoridades para controlar a las organizaciones criminales que los adquieren.
Más de medio millón de armas se trafican cada año de Estados Unidos a México y son responsables de 17 mil homicidios anuales y de daños equivalentes a 1.5% del PIB, según datos de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
“Estas armas representan el 70% de las que ingresan al país y el otro 30% provienen de China y Europa. Aunque Estados Unidos dejara de venderlas, el crimen organizado recurrirá a otros proveedores y solo cambiará dicha proporción, sin embargo, no se va a detener, pues el uso descontrolado de armas ilegales es solo consecuencia de la violencia”, explicó.
Desfassiaux afirmó que a Estados Unidos se le agota la paciencia porque la estrategia de “abrazos, no balazos” no funciona y la milicia estadounidense podría intervenir en cualquier momento para desarticular a los cárteles mexicanos, que son el principal problema para su seguridad interna, de acuerdo con la DEA.
La decisión del presidente Joe Biden podría materializarse en forma de declaratoria, a fin de catalogar a los cárteles de la droga mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras.
La presión se está expandiendo a todos los niveles. El gobernador de Texas, Greg Abbott, urgió al presidente Biden a que designe a los Zetas y al Cártel del Golfo como organizaciones terroristas y en el congreso americano se discute la iniciativa de etiquetar a los capos de la droga como terroristas, por lo que ya no habría fronteras para combatirlos.
Los mensajes de Glen VanHerck, primero; luego del jefe de la CIA, William J. Burns, y finalmente de la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, llegan al mismo destino: o el gobierno mexicano se “pone las pilas”, o Estados Unidos tomará la iniciativa.
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