En su encíclica “Magnifica Humanitas”, León XIV advierte sobre el riesgo de que la tecnología sea herramienta de dominio. El Vaticano impulsa discusiones éticas sobre la inteligencia artificial
Ciudad del Vaticano, 26/05/26 (Más).- La inteligencia artificial se ha convertido en una de las principales preocupaciones del Vaticano y del papa León XIV, quien ha colocado el debate tecnológico en el centro de la discusión moral de la Iglesia católica, al advertir que la IA debe ser desarmada para evitar que se convierta en una herramienta de dominio, exclusión y muerte.
De acuerdo con un reportaje publicado por El País, el pontífice ha asumido una postura especialmente activa frente al desarrollo de la inteligencia artificial, al grado de dedicar a este tema su primera encíclica, titulada “Magnifica Humanitas”, donde plantea que la Iglesia enfrenta una nueva revolución industrial comparable a la que vivió durante el siglo XIX.
El propio León XIV explicó que la elección de su nombre papal estuvo vinculada con esa intención. Según señaló, así como León XIII respondió a los abusos sociales de la Revolución Industrial con la encíclica “Rerum Novarum”, ahora la Iglesia busca responder a los desafíos éticos y sociales que plantea la expansión de la inteligencia artificial.
La postura del Vaticano quedó reflejada durante la presentación de la encíclica, donde el Papa afirmó que la IA debe ser desarmada de las lógicas que la transforman en dominio, exclusión y muerte.
El evento contó incluso con la participación de Christopher Olah, cofundador de Anthropic, empresa desarrolladora de herramientas avanzadas de inteligencia artificial, quien respaldó la necesidad de incorporar voces morales al debate tecnológico.
Sin embargo, el discurso crítico del Vaticano contrasta con la política financiera de la Iglesia. El reportaje señala que el Instituto para las Obras de Religión, conocido como el banco del Vaticano, administra activos por unos 5 mil 900 millones de euros y mantiene vínculos indirectos con empresas tecnológicas ligadas al desarrollo de inteligencia artificial.
Aunque el Vaticano no hace públicas todas sus inversiones, este año impulsó junto con Morningstar índices bursátiles alineados con valores católicos, donde aparecen compañías como Meta, Microsoft, Amazon, Alphabet, Nvidia, Intel, Apple y Tesla, todas relacionadas con el desarrollo de inteligencia artificial, infraestructura tecnológica y sistemas de computación avanzada.
El texto destaca que estas inversiones contrastan con las críticas papales hacia la industria tecnológica, especialmente porque varias de esas empresas mantienen contratos con el Pentágono o participan en proyectos militares y de vigilancia vinculados a conflictos internacionales.
La preocupación de la Iglesia por la inteligencia artificial también ha derivado en la organización de encuentros internacionales dentro del Vaticano. Uno de los más llamativos fue el festival Grace for the World, celebrado en la Plaza de San Pedro y encabezado por artistas como Karol G, Andrea Bocelli, John Legend y Pharrell Williams, como cierre de una semana de debates impulsados por la Fundación Fratelli Tutti.
En esos encuentros participaron algunas de las figuras más influyentes del mundo de la IA, entre ellas Geoffrey Hinton, Yoshua Bengio, Stuart Russell y Yuval Noah Harari. Las discusiones fueron coordinadas por el fraile franciscano Paolo Benanti, asesor del Vaticano en temas tecnológicos y una de las voces más influyentes en la reflexión ética sobre inteligencia artificial.
Benanti sostiene una visión centrada en que la IA debe mantenerse como herramienta al servicio del ser humano y no convertirse en una entidad autónoma capaz de desplazar la dimensión humana de la sociedad. Sus posiciones han influido tanto en el Vaticano como en gobiernos europeos interesados en regular el avance tecnológico.
El reportaje también subraya que detrás de la preocupación eclesiástica existe un temor más profundo: el impacto que puede tener la inteligencia artificial sobre la propia función espiritual y social de la Iglesia, en un escenario donde las máquinas parecen capaces de ofrecer respuestas inmediatas incluso a preguntas existenciales y morales.
En medio de ese debate, el Vaticano intenta posicionarse como una autoridad ética global frente a la expansión tecnológica, aunque enfrentando al mismo tiempo cuestionamientos sobre la coherencia entre su discurso crítico y sus vínculos financieros con algunas de las compañías que lideran el desarrollo de la inteligencia artificial a nivel mundial.
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