Por Horacio Cárdenas Zardoni
La primera noticia que un servidor tuvo del huachicoleo, aunque todavía no se llamaba así, por lo menos acá en el norte del país, fue hace alrededor de treinta años, quítele uno o agréguele dos, y tuvo que ver con accidente ocurrido en un peladero en el municipio de General Cepeda. Dio la casualidad, o más bien la mala práctica, de que unos cuates, nunca se dijo y probablemente tampoco se supo cuántos eran, se hallaban tratando de perforar un ducto de Petróleos Mexicanos, con la intención, según las pocas evidencias que se pudieron recuperar, de extraer combustible con la probable intención de venderlo.
No han de haber sido muy avezados en lo que pretendían hacer, o siéndolo, cometieron algún error, el caso es que hubo una explosión. Quizá fue una chispa al golpear el metal, o alguien andaba por allí fumando, o lo que haya sido, el caso es que ocurrió aquello, luego de lo cual, no se encontraron más que chatarra de un par de vehículos, algo que parecían tambos, todos aplastados, algo de herramienta, y restos orgánicos, de lo que presumieron las autoridades que habían sido personas, sin poder decir, como comentamos antes, de cuántos se trataba, mínimo dos, aunque pudieran ser varios más. Como suele pasar, dijeron que iban a investigar, y si lo hicieron, nunca se dio a conocer el resultado de la averiguación, ¿para qué?, el asunto se olvidó. Le repito, fue la primera vez que yo supe que en el área rural de Coahuila se perforaban los ductos de PEMEX con la intención de robar combustible. Sí sabía que se hacía en otros lados, pero no en Coahuila, y no, no pude encontrar referencia oficial o periodística sobre desde cuándo, más o menos, se realizaba esta práctica en nuestra entidad, ni el monto en dinero, ni las cantidades que se robaban, tal vez hubiera datos, pero no de fácil acceso.
Luego llegamos a la conclusión de que General Cepeda, Parras, Saltillo, Ramos Arizpe, hace treinta años eran un peladero inacabable, un poco más solitario de lo que es ahora, sitio ideal para operar esta clase de actividades delictivas con relativa tranquilidad, salvo claro, que alguien metiera la pata… diera un zapapicazo al tubo en vez de a la piedra, y ¡boom!, ni cómo ocultar las columnas de humo negrísimo en un cielo por lo demás, despejado.
De entonces a la fecha las cosas en vez de cambiar para mejor lo han hecho para peor. Ponga que en los ochenta y noventa y aún antes, el robo de combustible fuera una actividad en pequeña escala, una pala, un pico, un berbiquí, un cincho y una válvula, y estaba hecho, envases y vehículos para transportar a un punto de venta, y aquello podía ser un negocio interesante, poquitero, casi familiar. Ahora no, el robo de combustible hasta palabra tiene ya, a lo mejor hasta ya la incluyeron en el diccionario de la Real Academia, mínimo en el de Americanismos, e implica operaciones por muchos millones de pesos.
A lo mejor se acuerda, que por allá a finales del año pasado se presentó un incendio de grandes proporciones en un predio cercano a la Central de Abastos de Saltillo. Los bomberos se las vieron en serios problemas para controlarlo, en buena medida por el tipo de material que estaba allí almacenado, grandes proporciones de combustible líquido, gasolina o Diésel, realmente no me acuerdo que hallan especificado qué era. Ni que decir que el sitio no contaba con permisos para operar un patio de maniobras, para el almacenamiento de materiales peligrosos, prácticamente nada, de los propietarios no se dijo nada, o de quienes rentaban, era y sigue siendo más lo que se ignora que lo que se sabía.
La gente comenzó a preguntarse lo de siempre ¿cómo era posible que, en un sitio tan transitado, ninguna autoridad o parte interesada se hubiera dado cuenta que operaba lo que se calificó como un almacén de huachicol?, y no nadie.
Luego hace pocos meses se dio un incidente allá en la región lagunera, las autoridades detuvieron una pipa que transportaba combustible sin la documentación correcta, y total se armó una gresca, que puso de manifiesto que en la zona había un fuerte movimiento de combustibles ilegales.
Y la cereza del pastel, al menos hasta ahorita, el aseguramiento el fin de semana anterior de más o menos dos millones de litros de gasolina, en un predio grande, allá por el rumbo de la FCA, por Vito Alessio Robles, otra vez ¿desde cuándo estaba operando allí ese, también descrito como centro de distribución de hidrocarburos ilegales?, podía tener un año, o cinco, o diez… hallaron allí pipas, tractores, bombas y otro equipo, ¿y?
Lo único cierto es que el negocio del combustible ilegal opera en Coahuila en proporciones exponencialmente superiores a lo que conocíamos hace escasas décadas. Coahuila ostenta, quien sabe si todavía, el orgullo de tener el municipio más huachicolero del país, Parras de la Fuente, y la pregunta obligada es ¿ese combustible que se roban de los ductos, cómo lo sacan del estado, o de plano lo venden aquí todo? Según algunos cálculos, hay estado en los que hasta el 40% del combustible que se vende, es huachicol, ¿cómo andamos en Coahuila?, nos imaginamos que no muy bien, y sí, golpes los ha habido, ¿pero son manazos, o son para dislocarle la mandíbula a quienes se dedican a eso, porque esa es otra, ¿cuándo se ha enterado que caiga un huachicolero de los grandes?
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