Ciudad de México, 26/10/26 (Más).- Alrededor del 90 por ciento de las niñas, niños y adolescentes de México están expuestos simultáneamente a por lo menos dos riesgos climáticos, una situación que amenaza su salud, interfiere con su educación y compromete su desarrollo, especialmente entre quienes viven en condiciones de pobreza, de acuerdo con un estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
La investigación, titulada La infancia y adolescencia frente al cambio climático en México, advierte que las lluvias intensas, las inundaciones y las temperaturas extremas ya tienen consecuencias sobre la población infantil. Según la información difundida por Unicef, estos fenómenos incrementan el riesgo de enfermedades y muertes, provocan interrupciones escolares y generan costos económicos que podrían alcanzar hasta 888 millones de pesos hacia 2050.
El organismo internacional señala que México ocupa el lugar 54 entre 200 países evaluados en su Índice de Riesgo Climático de la Infancia, debido a la exposición de niñas, niños y adolescentes a amenazas ambientales y fenómenos meteorológicos extremos; sin embargo, sus consecuencias no se distribuyen de manera uniforme, pues la pobreza y las desigualdades territoriales aumentan la vulnerabilidad de quienes tienen menos recursos para enfrentar las emergencias.
“El cambio climático no solo es una amenaza lejana para las generaciones futuras: este estudio confirma que casi todos los niños, niñas y adolescentes en México ya están expuestos a sus impactos, con efectos concretos y recurrentes en su salud, su educación y su desarrollo”, advirtió Maki Kato, representante adjunta de Unicef en México.
Uno de los hallazgos más preocupantes corresponde a la salud infantil. El análisis identificó que un incremento del 10 por ciento en la precipitación máxima acumulada durante cinco días consecutivos está asociado con un aumento del 1.9 por ciento en la tasa de mortalidad infantil por enfermedades diarreicas. También encontró una relación entre los fenómenos climáticos extremos y mayores riesgos de enfermedades respiratorias.
Las niñas y niños menores de cinco años enfrentan una vulnerabilidad particularmente elevada, debido a que su cuerpo y cerebro todavía se encuentran en desarrollo. Las condiciones climáticas extremas pueden agravar los riesgos sanitarios, especialmente en comunidades donde existen dificultades para acceder a servicios médicos, agua potable y sistemas adecuados de saneamiento.
La educación constituye otro de los ámbitos afectados: entre 2019 y 2023, el estudio identificó reducciones en la matrícula escolar asociadas con eventos meteorológicos extremos, particularmente durante los primeros años de primaria. En primer grado, la disminución fue de 2.6 por ciento para las niñas y de 2.4 por ciento para los niños, mientras que en segundo grado se registró una reducción de 1.5 por ciento entre las niñas.
Además de las afectaciones en la inscripción escolar, las lluvias e inundaciones pueden provocar suspensiones de clases, modificaciones de horarios e interrupciones en el aprendizaje, situaciones que dificultan la continuidad educativa y pueden profundizar las desventajas de estudiantes que viven en comunidades expuestas a fenómenos climáticos recurrentes.
“Las lluvias también nos afectan en la escuela porque esta se inunda y nos tienen que estar cambiando el horario de salida o suspendiendo clases, y nosotros nos quedamos a medias en los temas”, relató Valentina Riva Palacio, una adolescente de 13 años, en un video difundido por Unicef para mostrar las consecuencias del cambio climático en la vida cotidiana de los estudiantes.
La investigación también advierte sobre las repercusiones económicas de la crisis climática. Las estimaciones indican que el costo asociado con las enfermedades y muertes infantiles adicionales relacionadas con el cambio climático hacia 2050 podría ubicarse entre 411 y 888 millones de pesos, calculados en valor presente, dependiendo del escenario de emisiones considerado.
Estos resultados muestran que las consecuencias del calentamiento global no se limitan a los daños ambientales o materiales, sino que también representan una carga para los sistemas de salud, las familias y las finanzas públicas, además de comprometer las oportunidades de desarrollo de las nuevas generaciones.
Unicef destaca que los riesgos climáticos se agravan cuando coinciden con condiciones de pobreza, dificultades para acceder a servicios básicos y residencia en territorios especialmente expuestos a inundaciones, lluvias intensas o temperaturas extremas. Los hogares con menores ingresos disponen de menos herramientas para recuperarse de estos acontecimientos, lo que puede ampliar las desigualdades existentes.
Frente a este panorama, el organismo internacional considera necesario fortalecer la infraestructura de escuelas, centros de salud y servicios de agua y saneamiento, de manera que puedan resistir fenómenos meteorológicos extremos y mantener sus operaciones durante situaciones de emergencia.
También recomienda ampliar los mecanismos de protección social para las familias, incrementar la inversión pública en mitigación y adaptación al cambio climático y mejorar los sistemas de información que permitan identificar y dar seguimiento a los efectos específicos de la crisis ambiental sobre la infancia.
Otro de los planteamientos centrales consiste en incorporar directamente a niñas, niños y adolescentes en el diseño y evaluación de las políticas climáticas, para que sus experiencias contribuyan a establecer medidas de protección acordes con las necesidades de las comunidades.
Unicef subraya que la población infantil no debe ser considerada únicamente como víctima de las consecuencias ambientales, sino también como participante activa en la búsqueda de soluciones. La organización sostiene que escuchar sus propuestas es indispensable para construir comunidades con mayor capacidad de respuesta ante los fenómenos extremos.
Como parte de la presentación del estudio, programada para el 24 de octubre en colaboración con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), se contemplaron actividades interactivas en los Viveros de Coyoacán, incluyendo una mini COP organizada por World Vision y talleres con participación de instituciones como la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad y la Comisión Nacional Forestal.
El diagnóstico de Unicef plantea que proteger a la infancia frente al cambio climático requiere acciones coordinadas para reducir la exposición a los riesgos, garantizar la continuidad de los servicios esenciales y atender las desigualdades sociales que multiplican sus consecuencias. Con nueve de cada diez niñas, niños y adolescentes expuestos a múltiples amenazas climáticas, el organismo advierte sobre la necesidad de adoptar medidas que protejan sus derechos y sus oportunidades de desarrollo.
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