Astillero
Julio Hernández López
La presidenta Sheinbaum ha dado el paso más fuerte y explícito (diríase incluso que retador) de rechazo al creciente intervencionismo estadunidense.
Con táctica oratoria caliente, que habrá de verse si a fin de cuentas también corresponde a la anterior “cabeza fría”, la Presidenta de México dijo mucho más de lo que hasta ahora había expresado y prácticamente confirmó tanto las continuas versiones filtradas de exigencias gringas de entrega o “extracción” de personajes políticos de México, como el objetivo de Washington y de su interés específico en más que influir, decidir en las elecciones mexicanas.
La frase más reveladora: “es legítimo dudar del verdadero interés en los juicios de extradición para autoridades electas. Porque primero, hay que tenerlo claro: vienen por unos, luego por otros, hasta que oficinas del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector en México”. Sheinbaum eligió tiempos verbales y señalamientos que no dejan resquicios para acomodos: en la frase anterior no optó por un fraseo condicional o vaguedades propicias para la elusión o la interpretación.
Otro párrafo de su discurso tuvo evidente dedicatoria al gobierno del vecino país norteño: “cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no; cuando se busca presionar a nuestras instituciones desde fuera; cuando se normaliza la idea de que ‘otro país puede intervenir en asuntos que sólo corresponden a los mexicanos’, ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia” (https://goo.su/s726k1A).
También señaló la presidenta Sheinbaum las dos fechas claves en la evolución de ese injerencismo: la muerte de dos agentes extranjeros luego de un operativo contra un narcolaboratorio en Chihuahua y la posterior solicitud gringa de detención provisional con fines de extradición del gobernador de Sinaloa y nueve políticos y jefes policiacos.
El posicionamiento combativo de la mandataria federal tampoco propicia demasiadas alternativas a la furia intervencionista de los halcones de la Casa Blanca y el Pentágono. Podría ser que a pesar del revoloteo mediático y de las exigencias formales de acción contra Rocha Moya y demás, el gobierno gringo decida apreciar las ventajas que ha obtenido, sobre todo en términos de control de la migración irregular hacia Estados Unidos y de cierto avance en el combate a cárteles criminales, y se concentre en tratar de cobrar ganancias en las revisiones comerciales en curso.
También, desde luego, y con una probabilidad que el mismo discurso de la Presidenta coloca en un nivel alto, que Estados Unidos continúe con la estrategia de debilitar a México en lo general y muy en particular al proceso llamado Cuarta Transformación, con la expectativa de potenciar a la alicaída y desacreditada oposición mexicana, cuya confesión más reciente de decadencia ha sido la recurrencia en Chihuahua, para “apoyar” a la gobernadora proyanqui María Eugenia Campos Galván, de presentar como patronos a Vicente Fox y Felipe Calderón, incubador el primero y desarrollador el segundo, de la criminalidad desde el poder sentenciada en Estados Unidos con Genaro García Luna.
Lo cierto es que la Presidenta ha asumido una posición a la ofensiva, denunciando el abierto intervencionismo gringo y adelantando la posibilidad de que haya más exigencias judiciales contra políticos relevantes (siempre se ha hablado de ciertos gobernadores e incluso un secretario del gabinete) e incluso incursiones físicas: “vienen por unos, luego por otros”.
Y, mientras se mantiene la vista en Los Mochis, Topolobampo y las comunidades de la Bahía de Ohuira, donde integrantes del movimiento “¡Aquí no!” han determinado impedir que una parte de la maquinaria alemana enviada para una planta de amoniaco salga de instalaciones portuarias, decididos a sostener una desigual lucha contra esa planta tóxica, impulsada y protegida por el gobierno federal, ¡hasta mañana!
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