Sin permiso para valer
Por Elio A. Villaseñor G.
«El poder se construye, sobre todo, en la comunicación»: Manuel Castells.
De la conexión a la participación
Vivimos una época en la que las redes digitales se han convertido en espacios cotidianos para informarnos, compartir experiencias y expresar nuestras inquietudes.
En México, esta realidad tiene un alcance cada vez mayor: según la ENDUTIH 2025 del INEGI, 104.9 millones de personas usaron internet, equivalentes al 86.1 % de la población de seis años y más.
Esta conexión abre oportunidades para fortalecer la participación ciudadana y nuestra presencia en el espacio público.
En las redes también podemos encontrarnos con otras personas, reconocer problemas comunes y organizarnos para buscar soluciones.
El desafío es aprovechar estas posibilidades para fortalecer una cultura que coloque en el centro la dignidad humana, los derechos y la participación ciudadana.
Estar conectados puede abrir puertas, pero necesitamos convertir ese encuentro en capacidad de intervenir en los asuntos que afectan nuestra vida.
Cuando la conversación pública queda atrapada en la descalificación, la mentira o la confrontación permanente, se debilita nuestra disposición a escuchar y construir acuerdos.
Una ciudadanía informada y organizada puede abrir otros caminos: preguntar, contrastar información, formular propuestas y exigir cuentas.
La cultura también construye poder
Antonio Gramsci nos ayuda a comprender que el poder también se sostiene en las ideas, los valores y las costumbres que una sociedad acepta como naturales.
Su reflexión sobre la hegemonía cultural invita a reconocer que aquello que consideramos inevitable puede discutirse y transformarse mediante la educación, la organización y la participación.
En la sociedad digital, esta disputa también atraviesa los mensajes que compartimos y las voces que escuchamos.
Si normalizamos que las decisiones públicas corresponden exclusivamente a quienes gobiernan, reducimos nuestra capacidad de intervenir.
Si reconocemos que todas las personas tienen derecho a participar, podemos construir una cultura de corresponsabilidad.
Por eso, promover una cultura ciudadana requiere compartir conocimientos, acercar los derechos a la vida cotidiana y abrir espacios donde las personas puedan pensar por sí mismas y actuar con otras.
Las redes pueden contribuir a esa tarea cuando favorecen el diálogo y ayudan a transformar preocupaciones individuales en iniciativas colectivas.
Juventudes y ciudadanía que llevan sus demandas al espacio público
En distintos países, las movilizaciones muestran cómo las preocupaciones compartidas pueden convertirse en organización.
Las juventudes participan junto con vecinos, trabajadores y colectivos para reclamar condiciones de vida dignas.
En Francia, las luchas por el agua y el territorio confluyeron con nuevas demandas sociales.
El sábado 17 de octubre, estudiantes, trabajadores y otros colectivos se movilizaron contra el encarecimiento de la vida, la falta de docentes y el deterioro de las escuelas y los servicios públicos: 550,000 personas, según las autoridades, y alrededor de 800,000 en más de 1,700 acciones, según los convocantes.
Estas expresiones muestran cómo la organización en redes puede llevar las preocupaciones compartidas al espacio público y exigir respuestas institucionales.
En España, las movilizaciones por una vivienda digna han reunido a jóvenes, familias y organizaciones de inquilinos frente al encarecimiento del alquiler.
La participación juvenil expresa una preocupación concreta: poder acceder a una vivienda y desarrollar un proyecto de vida con autonomía.
En México, la exigencia de derechos también se expresa en las calles.
En la zona metropolitana de Guadalajara, vecinos se movilizan por agua limpia y segura.
Guillermo del Toro respaldó esta demanda durante el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde recibió la Medalla Filmoteca UNAM. Calificó la situación como “aterradora” y afirmó: “Es un derecho, una necesidad y una urgencia”.
Por su parte, personal médico, de enfermería y de otras áreas del IMSS reclama mejores salarios, condiciones dignas de trabajo, medicamentos e insumos, así como la destitución de su dirigente sindical, Rafael Olivos Hernández.
Con sus diferencias, estas experiencias colocan necesidades concretas en el centro de la conversación pública: agua, vivienda, educación, salud y trabajo digno. También muestran la importancia de que la organización digital encuentre continuidad en las comunidades y en espacios de diálogo con las instituciones.
Hacer de la participación una práctica cotidiana
Una cultura ciudadana se fortalece cuando la participación forma parte de nuestra vida diaria: en la colonia, la escuela, el trabajo y las organizaciones comunitarias.
También cuando utilizamos las herramientas digitales para conocer decisiones, dar seguimiento a compromisos y difundir propuestas.
Esto exige aprender a verificar información, reconocer la diversidad y conversar sin convertir las diferencias en enemistad.
Requiere, además, acercar estos espacios a quienes enfrentan dificultades de acceso a internet o carecen de herramientas para hacerse escuchar.
Las organizaciones civiles, las universidades, los medios y los colectivos pueden contribuir a esta formación.
Su tarea incluye facilitar encuentros, acompañar iniciativas y ayudar a que más personas conozcan y ejerzan sus derechos.
Abrir el espacio público
La participación necesita instituciones dispuestas a escuchar y responder. Cuando se obstaculiza la organización o se desacredita a quienes plantean inconformidades, se debilita la confianza y se cierran oportunidades para resolver los problemas.
Al recibir el Premio Internacional Carlos Fuentes, el 14 de octubre, Juan Villoro lo expresó con claridad: “Todo gobierno que se precie de ser progresista debe ofrecer las mejores condiciones para ser criticado”.
Esta reflexión recuerda que la crítica puede contribuir a corregir decisiones y mejorar la vida pública.
Escuchar a quienes disienten permite reconocer problemas que los discursos oficiales pueden dejar fuera.
Lo público nos pertenece a todas y todos. Recuperar nuestra voz implica asumir la responsabilidad de informarnos, organizarnos y participar, así como exigir que las autoridades garanticen espacios efectivos para hacerlo.
La era digital abre posibilidades para encontrarnos. El desafío ciudadano es convertirlas en vínculos, propuestas y decisiones que mejoren nuestra vida en común.
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