MARCO CAMPOS MENA
La modernidad y el progreso usualmente van de la mano de el crecimiento de las ciudades. El constante crecimiento de las ciudades nos parece tan natural que nos hemos ido olvidando, no intencionalmente, de cómo eran los lugares donde se encuentra tal edificio o centro comercial.
El Saltillo de antes nos recuerda que hubo un tiempo en el que las calles eran más chicas, el tráfico no era un tema del día a día y gran cantidad de árboles crecían en lugares donde hoy solamente hay pavimento.
Tal es el caso de la calzada madero, que hace décadas era una avenida con camellones adornando el centro de esta y dando la imagen de una ciudad en la que prevalecía la estética.
También hay quienes recordarán que la Alameda estaba dividida por una calle, un tramo que comunicaba la calle victoria con la calzada Madero, así como también la calle que pasaba frente al palacio de gobierno y el gran vacío que había en la hoy avenida universidad, cuando solamente existían el Ateneo Fuente y el Tecnológico de Saltillo.
Uno de mis recuerdos de infancia son las sequias que cruzaban por algunas calles de la ciudad, mismas que ya se han secado y dado paso a solamente drenajes subterráneos.
Y ¿Cómo olvidar las huertas? Además, nuestra ciudad tuvo grandes nogaleras, viñedos y un día de campo en la década de los 40’s era ir a la calle de San Lorenzo, la cual no existía en aquellos entonces y en su lugar había grandes campos para disfrutar en familia.
Muchos de los llamados avances y progreso trajeron consigo que se fuera perdiendo gran parte de esa belleza del Saltillo de antes, de la promesa de ser una ciudad de primer nivel con enfoque a las artes, la estética y el cuidado de nuestros tesoros naturales; con el tiempo todo eso dio paso a la industrialización y el color gris que tanto prevalece hoy.
En la psicología de colores, el gris es un tono que tiene a causar sensaciones tristes y desanimo, contrario al verde que da vida y esperanza. Visto así, se remplazó el verde de los árboles por el gris de las calles, no es de extrañarse que tengamos las sensaciones que tenemos actualmente.
Sin embargo, este progreso trajo consigo una deuda que se ha ido heredando década a década.
El cuidado de las calles ha sido exiguo, basta ver cómo muchas de ellas actualmente se encuentran llenas de baches o parches mal hechos por las compañías de gas y de agua cuando perforan para introducir o reparar los servicios.
Platicando con un político de antes, me comentó que existía un reglamento en el que se establecía claramente que quien abriera la calle o le causara daño alguno, tendría que recarpetear el tramo completo para que no se comprometiera la integridad de este. Tal parece que los intereses ganaron y quienes perdemos somos los ciudadanos que pasamos por esas reparaciones mal hechas.
Algunas de las calles que presentan un severo deterioro se encuentran en el centro, tal como Murguía, Emilio Carranza, Xicoténcatl (dónde el deterioro pasando Aldama se vuelve aún más evidente) Isidro López, Fernando Proal (que hace unos años era una excelente calle y hoy esta llena de malas enmendaduras por los servicios que se instalaron) entre otras.
Una ciudad debe su imagen a sus calles, pues es en ellas por donde transitamos todos y sin duda, el primer punto de comparación de los turistas y visitantes.
Sería bueno también resaltar la importancia de las banquetas y una gran área de oportunidad al adecuarlas para las personas mayores, quienes con dificultad se trasladan por ellas y en ocasiones les resulta un gran riesgo atravesar los puntos en los que el piso se encuentra desnivelado o destruido.
Le recomiendo, mi estimado lector, que se de el tiempo de ver las fotografías del Saltillo de antes y reflexione si estamos en el camino correcto o si nuestra ciudad ha perdido su atractivo lleno de vida por las calles grises y la monotonía por la falta de árboles… ¡Que gran crimen será si seguimos perdiendo nuestros espacios verdes!
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