Ciudad de México, 22/08/24 (Más / IA).- Después de más de un siglo de historia, el icónico restaurante taurino El Taquito cerrará sus puertas en el Centro Histórico de la Ciudad de México, víctima del crecimiento del comercio informal que ha invadido las calles aledañas y mermado su clientela.
Este cierre marca el final de una era para un establecimiento que ha sido testigo de la historia del país, conmemorando su legado en un sinfín de fotografías que adornan sus paredes, donde se ven presidentes, artistas, toreros y periodistas que alguna vez se sentaron en sus mesas.
El Taquito abrió sus puertas en 1917 como una modesta recaudería, vendiendo frutas y verduras.
Conchita Rioja de Guillén, cofundadora junto a su esposo Marcos Guillén González, comenzó a preparar antojitos mexicanos que rápidamente ganaron popularidad, lo que llevó a la familia a expandir el negocio y convertirlo en un restaurante.
La ubicación cercana a Palacio Nacional, centro del poder político en México, atrajo a una clientela distinguida, incluidos presidentes y figuras prominentes de la cultura y el arte. El restaurante se consagró como un espacio de encuentro entre la élite política, artística y taurina de México.
Su fundador, amigo cercano de toreros como Rodolfo Gaona, cimentó una tradición que atrajo a los presidentes desde Emilio Portes Gil hasta Vicente Fox, e incluso Andrés Manuel López Obrador cuando fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

María Félix, una de las grandes estrellas del cine mexicano, fue una visitante asidua y exigente, y en 1962, la visita de la actriz estadounidense Marilyn Monroe destacó la fama internacional del lugar.
El Taquito también jugó un papel en la primera visita del papa Juan Pablo II a México en 1979, cuando el restaurante sirvió la comida para una multitud en la Basílica de Guadalupe. Según relatos históricos, el papa incluso bromeó con el nombre del establecimiento, llamándolo cariñosamente El Taquito frente a miles de comensales.
Sin embargo, el auge del comercio informal en el Centro Histórico, especialmente en la última década, ha asfixiado a El Taquito.
Rafael Guillén, nieto de los fundadores y actual dueño del restaurante, explicó que el ambulantaje ha hecho que el acceso al lugar sea cada vez más difícil, con ventas que han caído hasta un 90 por ciento en los últimos años. Pese a los esfuerzos por mantener el negocio, el entorno hostil en el centro de la ciudad ha llevado a la decisión de cerrar sus puertas en esa ubicación.
El Taquito no desaparecerá por completo. A partir de septiembre, el restaurante se mudará a la colonia San José Insurgentes, a unos 12 kilómetros de su ubicación original, en un intento por renacer en un nuevo entorno. Su nuevo hogar, en el número 25 de la calle Miguel Noreña, abrirá sus puertas coincidiendo con las fiestas patrias, en un gesto simbólico que busca preservar el legado de este histórico restaurante.

Con el cierre de El Taquito en el Centro Histórico, la Ciudad de México pierde un testimonio viviente de su rica historia, un lugar donde el pasado y el presente de México se entrelazaban en cada rincón. Sin embargo, la mudanza promete mantener viva la esencia de un lugar que ha sido mucho más que un restaurante, convirtiéndose en un símbolo de la identidad cultural y gastronómica del país.
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