CHOCOLATES DE SÚPER LUJO


Por Horacio Cárdenas

Nos acordamos de un decreto, de esos decretos que dijeron una y mil veces que no habría, pero que al final de cuentas el gobierno federal acabó publicando, no sin advertir, casi amenazar, que sería el último de la historia, y que nadie contara con otro posterior, en que las reglas estaban clarísimas. Si no recordamos mal, fue en la época de Ernesto Zedillo, neoliberal y conservador él de la vieja escuela, cuando se emitió ese decreto famoso que como los anteriores y posteriores, regularizaba el ingreso y permanencia de vehículos de procedencia extranjera a nuestro país, pero modestamente le buscaba dar una connotación utilitaria, curándose en salud de varias posibles complicaciones políticas, sociales y económicas, la restricción era que se trataría solamente de camionetas, todavía no existían los crossover, sí había Vans y guayines, pero estas no entraban, eran puras camionetas pick up, y con la batea descubierta, nada de camper o cubierta de ningún tipo… esa se compraba por aparte, acá o traída de los Estados Unidos en el mismo vehículo, pero a la hora de la revisión y el trámite, se lo quitaban para que nadie dijera que se violaban las disposiciones.

En aquella época se llenaron los caminos rurales y vecinales, las carreteras, de camionetas chocolatas, la gran mayoría en punto de chatarra, ¿y cómo iba a ser de otra manera?, los estadounidenses son efectivamente muy amantes de las camionetas pick up, pero a diferencia de lo que ocurre acá, allá quienes las poseen sí tienen rancho, granja o son afectos a recorrer largas distancias en caminos no pavimentados, no como ocurre en nuestro país, donde las mejores trocas andan siempre sobre asfalto. Las pick up, en cuanto a vehículos de trabajo, además en una nación donde los automóviles son relativamente baratos en comparación con el ingreso de las personas, es normal que les den un trato a cual más de rudo, hasta acabárselas si se puede, no como acá, donde la camioneta o el carro son parte del patrimonio familiar, y se les cuida bastante, si no por otra cosa, por la dificultad que implica sustituirlos. Tanto si son nuevos, por el costo, como si son chuecos, por la poca disponibilidad, se procura mantenerlas en el mejor estado posible, vale decir, estado mecánico, no estético, que es lo de menos, y hasta perjudicial, porque ¿Qué autoridad va a querer decomisar un vehículo que por su sola apariencia da la impresión de tener una llanta en el yonke?
Luego ya hubo otros decretos presidenciales, estos ya sin el prurito de querer beneficiar directamente a los trabajadores agrícolas y habitantes del campo, entonces además de camionetas se pensó en automóviles, que además tienen la ventaja de que no están tan maltratados como las primeras, podían durar algunos años más. Pero México nunca dejará de ser un país hipócritamente falso, en estos decretos se establecía que se podrían importar autos y camionetas pero que no fueran de lujo, ni siquiera de los grandes, puros subcompactos, compactos y medianos, si es que alguien puede establecer a simple vista la diferencia entre uno y otro, pero así como se limitaba a autos que fueran modestos, también se establecía la prohibición de automóviles deportivos, y es que siendo estos por lo general más pequeños, no faltó quien quisiera pasar un Porsche o un Corvette y hasta uno que otro Jaguar, como si fueran compactos, cuando bajo el cofre escondían un motor de alto caballaje.
Siguiendo la ineludible tendencia, pese a reiterar cada jueves y domingo que son diferentes, que no son iguales, el gobierno que se identifica a sí mismo como de la cuarta transformación, también emitió su propio decreto regularizador, uno que no ha sido particularmente bien acogido por la población. Sabemos que a la industria automotriz estos decretos les caen en los hígados, pero de sus quejas nunca nadie hace caso, cuando mucho aceptan sus sugerencias en torno a las restricciones, pero muchas veces ni siquiera eso, y de la gente lo que suele aceptar es… regularizar el carro que le pongan enfrente, después de todo es el carro que ya está aquí, que pasó por la frontera, que birló la aduana, que salvó todos los retenes, en ninguno de los cuales le pusieron el menor pero, cuando en otros tiempos hubo la orden, que eso era, de que si no cumplía con los requisitos, el propietario tenía la obligación de llevarlo a la frontera, cruzarlo y deshacerse de su querida carcacha allá, no acá. Hubo dos que tres casos, no más, en que el ciudadano prefirió rociar el interior de gasolina y prenderle fuego a su carro, antes de aceptar que le obligaran a gastar un dinero, que no tiene, en algo que además le duele en el alma, deshacerse de un bien que no es que tenga en mucho aprecio, pero que si le presta un servicio adecuado y conveniente.
Bueno, pues eso era antes, lo que es ahora, y siguiendo el más puro estilo improvisador de la cuarta transformación, nos hemos topado en las calles de Saltillo con vehículos circulando, vehículos totalmente fuera de registro, o por mejor decir, vehículos que están fuera de toda especificación.
Tal como se lo contamos, en una tarde cualquiera nos encontramos una camioneta Mercedes Benz, y otra Cadillac, y un carrito deportivo Eclipse, vehículos por demás está decir, a cual más de llamativos por lo bonito, lo ostentoso, lo aparentemente caro, sin faltar con que portaban una placa, más bien un cartón en donde va la placa, en donde con una leyendita arriba, otra abajo, un número que nos imaginamos consecutivo, y que no sean el mismo para todos los vehículos de cuyos propietarios han logrado convencer.
Oiga, una camioneta Mercedes, usada, de cinco años como la que vimos, no baja de un millón de pesos… la Cadillac, más grande, más voluminosa, al estilo que le gusta a lo vecinos del norte, tampoco baja de los setecientos mil, ¿en cuánto se las estarán vendiendo y en cuánto la estarán regularizando?
Está perfectamente claro que estos carros son ilegales, que pasaron como los otros mucho más modestos, por enfrente de aduanales, fiscales, soldados, guardias nacionales, y nadie les dijo, párese allí, ese vehículo está fuera de las especificaciones del decreto del señor presidente. Pero no es eso todo, ya pasaron y ya llegaron, aquí en la Onapafa, la UDC, la tal o cual organización real o fantasma, política o solo económica, a la hora de examinar el vehículo antes de expedir su papeleta, porque no llega a placa, su recibo, su lo que sea que dan, debieron notar y anotar que se trataba de carros que por su naturaleza de lujo, de deportivo o alguna otra especial, no entran en las categorías que se pueden regularizar.
¿Qué la parece?, pocas oportunidades mejores para hacerse de un Porsche, un Jaguar, un Audi, un Mercedes, un BMW, o alguno de los otros carros y camionetas de la selecta gama de los prohibidos por no corresponder con la austeridad republicana ni la pobreza franciscana, si están aquí es porque el que lo trajo ya lo tenía colocado, que fue por encargo hasta del color y modelo, o se aventó a traerlo y ya lo vendió. Además que por ser carros de ricos están menos maltratados que los utilitarios o las pick up, por lo que tienen una expectativa de vida muy superior. Hasta para las posibilidades de hacerse de un carro de super lujo lo han dejado más que claro: somos diferentes, no somos iguales, antes tener uno así no se podía, ahora, sí…


Descubre más desde Más Información

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja un comentario

Descubre más desde Más Información

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo