03/06/26
Por Heriberto Medina
Estampas electorales
Como ya estará enterado, estimado lector, el domingo habrá elecciones para renovar el Congreso del Estado. A continuación, comparto una serie de estampas electorales de este proceso.

1
Crónica de una derrota anunciada
Fuentes internas del propio Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, revelaron, en la víspera de las campañas, que la elección se negoció. Según esa versión, representantes de la dirigencia nacional morenista y del grupo político que gobierna el estado llegaron a un acuerdo.
Aparentemente, los morenistas habrían accedido a ceder el triunfo a los candidatos priistas en todos los distritos, a cambio de un resultado igual de contundente en la elección federal que se efectuará en 2027: carro completo a cambio de carro completo.
De cumplirse la versión, quedaría en claro lo que ya sabíamos: a Morena muy poco le importa Coahuila, y lo que sí la mueve verdaderamente es mantener la mayoría calificada en el Legislativo federal, algo que suena muy lógico.
Las encuestas que surgieron en el transcurso de las campañas refuerzan ese escenario del carro completo, pero lo que es de dudarse es que el Gobierno de Coahuila cumpla el supuesto compromiso en 2027.
2
No jalen, que descobijan

Como en cada elección local, el Instituto Electoral de Coahuila abrió un apartado de “transparencia” de los candidatos, en donde publicarían su currículum, sus propuestas, pero también sus declaraciones patrimonial, de impuestos y de no conflicto de interés.
Como se imaginarán, ya era mucha belleza pensar que cumplirían, y más cuando el cumplimiento es voluntario; pero lo más grave es que fue el propio órgano electoral quien se encargó de ocultar los documentos para que muy difícilmente alguien pudiera llegar hasta ellos.
Sí podían verse el currículum y las propuestas, pero las declaraciones no salían ni buscando en la página web. Lo que ocurrió es que tomaron la previsión de no identificar los archivos PDF de las declaraciones de los candidatos con algún nombre que pudiera implicar la palabra “declaraciones”. Así, las bautizaron con una serie de letras y números y las refundieron a varios clics de distancia.
Claro que las declaraciones fueron tomadas a broma por los candidatos. Ninguno de los que accedieron a publicarlas, ninguno, reportó algún conflicto de interés, y está claro que los tienen. Dos ejemplos: Antonio Flores Guerra, candidato por el PT, cuya familia tiene empresas mineras de sobra conocidas por los escándalos que se han registrado durante todos estos años; sin embargo, no las reportó. El otro caso es el de Esra Cavazos, candidata priista, quien tiene una empresa de comunicación e imagen, pero no la reportó en su declaración de no conflicto de interés.
3
20 años no es nada

Tanta es la confianza que tiene el PRI en su estructura territorial y en su maquinaria electoral que no dudó ni un segundo en presentar, nuuuevamente, como candidato a Álvaro Moreira, hermano de Rubén y Humberto, una dinastía de profesores que llevan más de 20 años apareciendo en las boletas, siempre como abanderados tricolores.
Aun cuando la presencia de ese candidato supondría un desprestigio para el PRI, sin miedo al éxito, lo siguen postulando. Seguro dicen que el desprestigio les hace lo que el viento a Benito Juárez: nada. Álvaro va a acumular ya varios periodos en el Legislativo local; como que le quedó sabrosa la mano.
De seguro seguirá apareciendo ese nombre en las boletas hasta que los electores coahuilenses lo permitan, y él seguro anda cantando en campaña el tango de Gardel: “…sentir que 20 años no es nada…”.
4
Ooootra vez la misma historia

Ya cuando llevas más de 35 años cubriendo procesos electorales, como que empiezas a darte cuenta de los patrones que se repiten en cada campaña. Y ahí les van dos botones de muestra para comprobar que no hay nada nuevo bajo el sol y que siguen aplicando el mismo manual.
Durante la campaña electoral siempre hay un encuentro violento entre militantes priistas y candidatos opositores. El tricolor tiene por costumbre enviar a las lideresas a reventar el proselitismo de sus adversarios por lo menos una vez durante las campañas. En esta ocasión sofisticaron un poco, pero solo un poco, su método: enviaron a un militante de la UDC, que en este proceso es su aliado, y el asunto terminó en riña, como ha venido pasando en todos los comicios recientes.
Otra escena ya muy vieja y arrugada es ese teatral acto en el que algunos regidores del partido opositor citan a rueda de prensa para anunciar que renuncian a su militancia y que se suman al PRI. Llevan escenificando ese numerito por lo menos 20 años y, al parecer, les sigue dando resultados. A los renunciantes les dan un cargo en el escritorio 468 de Asuntos sin Importancia.
Eso es solo por mencionar dos casos, pero también son recurrentes la intimidación por medio de la fuerza pública, el retiro de propaganda y otras linduras de ese tipo.
Luego, ya cuando pasa la contienda, a los diputados opositores que logran llegar al Congreso los contentan con alguna dádiva y se olvida todo. Aquí todo sigue igual, como dijeron Los Cadetes de Linares.
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