Por Heriberto Medina
Narcos, el cuarto candidato
El más reciente fue grotesco, acudimos todos, virtualmente, a una ejecución pública, la gente pudo ver el momento en que se acciona el gatillo y se priva de la vida a José Alfredo Cabrera Barrientos, candidato por el frente opositor a la alcaldía de Coyuca de Benítez, en Guerrero.

Según las cifras no oficiales, este es el candidato número 36 que ha sido asesinado en la etapa previa a la jornada electoral de este domingo 2 de junio, el gobierno solo reconoce 22, como si esa postura fuera una varita mágica para transformar la realidad.
Llevamos meses viendo como el Presidente Andrés Manuel López Obrador, levanta el pulgar en el ancestral e inútil rito conocido por la humanidad como tapar el sol con un dedo. Primero intentó presentar estadísticas con una disminución en la incidencia delictiva, pero como los hechos de sangre lo desmentían todos los días, cambió de estrategia y regresó a la clásica descalificación de periodistas y medios.

Luego, nuestro mandatario, en un exceso de confianza, dio el siguiente paso en su estrategia mediática y aseguró una y otra vez que la elección será ejemplar y que la oposición magnifica las ejecuciones de candidatos. Pero la realidad es terca y se especializa en tapar la boca de quienes pretenden negarla.
Dadas las circunstancias, hace ya varios meses debimos dejar el conteo de candidatos ejecutados y pasar a las acciones necesarias para enfrentar lo que viene, porque, ¿si así está el camino, como estará el rancho? Es decir, la reflexión obligada es: ¿si todo esto pasó en las campañas, que podemos esperar durante la jornada electoral?
Ya en la más reciente elección federal intervino la delincuencia organizada, incluso hubo una casilla en Baja California donde los criminales arrojaron varias cabezas humanas, información que ocultaron los medios nacionales, pero que fue difundida por las agencias internacionales.
Si eso ocurrió en aquella ocasión, es lógico pensar que ahora será peor, ¿Qué hechos de sangre se pretenderá ocultar ahora? Y ¿Se podrán esconder?
Ya es tiempo de reconocerlo, la delincuencia organizada, hace rato que está sentada a la mesa política como un supra jugador, más poderoso que cualquier partido político o candidato.
Reconocerlo debe llevar a la acción, tanto a los actores políticos, como a los ciudadanos. El país es nuestro, no de los malandros, tenemos que poner cara y enfrentar la realidad ¿cómo? Con los programas de acciónque han sido exitosos en otros países.
Se debe trabajar de forma paralela en el combate a los criminales y a las causas que originan el fenómeno, no solo con dádivas, sino con políticas públicas.
El narcotráfico no puede ser visto como un estatus aspiracional, gracioso o artístico; quienes se dedican a entonar odas al crimen organizado no representan a los millones de mexicanos de bien, cantantes como Peso Pluma y otros de la misma calaña, deben saber que sus melodías sonaron en los oídos de miles de jóvenes que se suicidaron al no poder salir de la esclavitud que representa el consumir drogas. Este tipo de pseudo artistas ganan millones en una industria que se sustenta indirectamente en el crimen organizado y que contribuye a generar entre los jóvenes una imagen idílica de los criminales desalmados. Para ganar la guerra contra el narco destruyamos primero el aparato cultural que ya se entreteje y que presenta una cultura narcacomo lo de moda, lo deseable; para lograrlo se debe prohibir esa música y procesar a quienes se enriquecen con ella; en lugar de eso lospolíticos los invitan a tocar en sus cierres de campaña, así de perdidos andamos.
En lugar de dádivas que generan clientela electoral, se debería invertir ese dinero en alternativas artísticas y deportivas para los niños y adolescentes, para que no se involucren con las mafias y en el consumo de sustancias tóxicas, arrebatemos la siguiente generación de las garras de los criminales.
Rescatemos los espacios públicos invirtiendo en ellos, que no sean centros de operaciones de los delincuentes, sino lugares de esparcimiento y deporte a donde puedan acudir las familias.
Necesitamos militares y policías patriotas que emprendan una limpia,primero al interior de sus corporaciones, que procesen a los traidores y los recluyan en prisión, para posteriormente reventar los centros de venta que operan bajo la mirada de todos.
Si se puede, otros países lo han logrado, nosotros también podemos.
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