Cerro del Pueblo

06/05/26


Por Heriberto Medina

Sigue dormido

Con un excelente timing político-electoral —de esos que no son casualidad ni aunque lo juren con la mano en el corazón— Jaime Martínez Veloz, el Jimmy, anda publicando en Facebook una serie titulada “Los 30 días que despertaron Coahuila”, donde relata el movimiento universitario ocurrido en Coahuila durante la primavera de 1984. El detalle no es menor: hoy están en marcha las campañas político-electorales y la historia puede ser también plataforma.

Jimmy es hoy delegado en Coahuila de Movimiento Ciudadano y su serie no viene sola: trae fotografías históricas, trae testimonios de primera mano y trae algo que en política vale más que cualquier discurso: él fue protagonista. No es el narrador que llegó después a recoger aplausos; es uno de los personajes que estuvo ahí cuando el conflicto todavía tenía tierra en los zapatos y miedo en el estómago.

Y el relato que revive no es cualquier pasaje: a principios de los ochenta, Martínez Veloz era el joven director de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Coahuila. En 1983 se postuló como candidato a la rectoría y, con esa sola decisión, desafió al gobernador José de las Fuentes, al rector Óscar Villegas Rico y al candidato oficial Valeriano Valdés. Entonces, como hoy, la máxima casa de estudios era un coto de poder del partido gobernante. La universidad como palanca política, la rectoría como premio y la comunidad como audiencia.

Como era de esperarse, el gobierno y el rector en turno intentaron imponer a su candidato. Cualquier parecido con la actualidad no es mera coincidencia: el poder, por definición, prefiere universidades dóciles. Pero el movimiento pro dignificación universitaria comenzó una escalada de protestas y organización que echó abajo la imposición.

Al final, como suele ocurrir cuando el sistema se tambalea pero no se cae, el desenlace no fue “todo para el oficial” ni “todo para el movimiento”. La rectoría terminó en manos de un tercero en discordia: Jaime Isaías Ortiz, apodado “el Gato”. Una salida intermedia, casi quirúrgica: apagar el incendio sin entregar la casa. Ni el poder se fue, ni la rebeldía se coronó. Se reacomodó el tablero y se siguió jugando.

El Jimmy no es un mártir congelado en el 84. Es un político con trayectoria completa, con vueltas, con quiebres y con regreso. En el corto plazo, después de aquella etapa universitaria, también fue cooptado por el poder: terminó como titular del programa gubernamental Vivamos Mejor durante la administración del gobernador priista Eliseo Mendoza Berrueto, a finales de los ochenta. Rebelde universitario primero, funcionario después. No es juicio moral; es la forma en que se cocina la política, el sistema reprime pero también absorbe. Si te puede neutralizar, te neutraliza. Si te puede sumar, te suma.

Años más tarde, Jimmy formó parte de Morena. Con el tiempo rompió con ellos y se integró a Movimiento Ciudadano, con quien hoy está de regreso en Coahuila. Es decir, trae experiencia, trae calle, trae colmillo largo y retorcido. Ya no es el joven idealista que solo empuja con el pecho. Hoy sabe que la política no se gana con bravura: se gana con cálculo.

La serie tiene fuerza y tiene un mérito de reconstruir una historia local que muchos jóvenes no conocen o conocen apenas de oídas. Pero el Cerro está para leer historias como un espejo del presente y en ese orden de ideas es muy viable preguntarse si realmente Coahuila despertó, a juzgar por la realidad sigue dormida, el Partido que gobernaba en el 84 sigue gobernando hoy y está por cumplir 100 años, eso no habla de un Coahuila despierto. Cuestionado al respecto el Jimmy prefirió sonreir y contestar con evasivas.

Con su experiencia a cuestas, evita entrar en confrontación con el PRI. No es que se le olvidara quién controlaba la universidad en los ochenta. Es que entiende dónde está parado el poder en 2026. El momento político lo ubica más cerca de quien gobierna Coahuila que de quien gobierna México.

De hecho, en el terreno de los mensajes, Movimiento Ciudadano parece ser el partido que mejor está interpretando ciertos temas que hoy preocupan a los coahuilenses: el agua, la contaminación ambiental y los suicidios. Es decir, temas de vida cotidiana, no solo de grilla. Mientras otros partidos se pierden en el pleito nacional, MC se está colgando de lo local: del grifo que falla, del aire que se ensucia y de la tragedia silenciosa que la estadística no alcanza a humanizar. Y eso, hay que reconocerlo, conecta.

Sumándolo todo, se ve claro que, electoralmente, MC aspira a lo mucho a un diputado plurinominal. Y ese nombre ya se empieza a dibujar: Patricia Alejandra De la Peña Villarreal, hermana del dirigente estatal Alfonso Danao. Si llega, su posición en el Congreso ya se vislumbra como un aval del gobierno de Manolo Jiménez. Es decir: una diputación “naranja” que no necesariamente será oposición dura, sino engrane útil dentro del ecosistema de gobernabilidad local.

Y entonces la serie de “Los 30 días que despertaron Coahuila” cobra otra lectura, es posicionamiento. Es el contraste entre el relato de rebelión universitaria y la práctica de la política contemporánea: hoy se despierta pero sin hacer mucho ruido.

Porque la historia del 84 enseña dos cosas. Una: cuando la gente se organiza, la imposición puede caer. Dos: cuando la imposición cae, el sistema busca una salida para reacomodarse y seguir mandando. En esa lógica, el “Gato” fue salida institucional.

Con todo, tampoco se trata de descalificar por deporte. Recordar la primavera universitaria tiene valor. Pone sobre la mesa una tradición de participación que Coahuila a veces olvida. Reivindica que aquí también hubo jóvenes que se pararon frente al poder y dijeron “no”. Y en tiempos donde la política se volvió puro marketing, una historia con fotos, nombres y testimonios funciona como recordatorio de que la vida pública no siempre fue solo espectaculares.

En política, nada se publica sin intención. La pregunta no es si la intención es legítima. La pregunta es si el resultado será útil para los coahuilenses o solo para el tablero de los partidos. Si la memoria servirá para exigir dignidad hoy —en agua, aire, salud mental— o solo para perfilar candidaturas y justificar acuerdos.

Amanecerá y veremos.


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