Cerro del Pueblo

04/05/26


Por Heriberto Medina

El hombre naranja

Con la mala noticia de que Coahuila está resultando uno de los estados más dañados —si no es que el más dañado de plano— por la política arancelaria y comercial de Donald Trump, a quien algunos han dado en llamar “el hombre naranja”. Bueno, pues como el Chavo del Ocho, sin querer queriendo, el orange man le está partiendo la mandarina en gajos a esta entidad norteña.

Y no es ocurrencia, ni “percepción”, ni rumor de cafetería: lo están diciendo los números del IMSS y lo están confirmando los indicadores económicos que se asoman por la ventana. Coahuila vive de industria, de exportación, de cadena automotriz, de manufactura que depende de que al otro lado sigan comprando y sigan moviendo piezas. Cuando el vecino se pone “creativo” con aranceles, la sacudida se siente primero aquí, en las plantas, en los turnos, en las altas y bajas del seguro social.

De hecho, hay reportes que muestran que al corte de marzo Coahuila registró una de las caídas más fuertes del país en empleo formal frente al mismo mes del año anterior: 24 mil 023 empleos menos, una variación de -2.8%.

Y si alguien quiere pensar que “es un error”, o que “se equivocó una dependencia”, ahí está el detalle: no es solo una institución pública la que te lo dice, son varias mediciones que apuntan al mismo lado. En febrero, por ejemplo, también se reportó una caída mensual de más de 9 mil empleos formales en la entidad.

Entonces ya no es que una entidad pública se haya equivocado: es que sí hay desaceleración y sí hay señal de crisis industrial. Y más vale que, en el fuero interno, lo reconozcan para que lo atiendan, porque si hacia adentro se creen su propia historia de bonanza, entonces sí: Houston, tenemos un problema.

Gusano barrenador del dólar

Los ganaderos coahuilenses tuvieron que bajar la bandera blanca como territorio libre del gusano barrenador del ganado. La semana pasada se confirmó el primer caso en Coahuila, específicamente en un rancho del municipio de Castaños, Región Centro; lo confirmó Senasica.

Se tenía la esperanza de que pronto pudiera reestablecerse la exportación de ganado coahuilense a Estados Unidos; ahora, con este hallazgo, esa posibilidad se ve mucho más lejana. Y eso implica pérdida de millones. ¿Cuántos? Para dimensionar: en un punto de acuerdo en la Cámara de Diputados se señaló que la exportación de ganado bovino por Coahuila hacia Estados Unidos representó una ganancia de 96 millones de dólares.
Si le cierran esa llave al estado —o si se retrasa más— el impacto es directo y grave

Además, el gusano barrenador no solo detiene exportación: obliga a más gastos sanitarios, controles, tratamientos, vigilancia, campañas, y genera incertidumbre para productores grandes y pequeños. Y cuando el sector está intentando levantarse de restricciones previas, una plaga así cae como piedra.

Ahora, la buena noticia —en teoría— es que toda esa buena carne que se exportaba se quedará aquí y, en también en teoría, a mayor oferta el precio debería bajar. Ajá. No sé por qué —bueno sí sé—, no creo que eso llegue a pasar.

Y además, el ciudadano no compra “exportación”; compra lo que le ponen enfrente. Si no hay política de abasto, de competencia real y de vigilancia al mercado, el cuento de “la carne se quedará aquí y será más barata” se queda en cuento.

La urgencia, por tanto, es doble: contener la plaga con seriedad y destrabar, en cuanto sea sanitariamente posible, la reapertura de exportación. Porque si se prolonga, el daño no lo absorben solo los grandes: lo paga el pequeño ganadero, el engordador, el que vive al día, el que tiene crédito, el que no aguanta meses con la frontera cerrada.

Diputados en campaña

Los diputados que solicitaron licencia para competir en los comicios —en busca de la reelección— andan bien recio, como si hubieran trabajado muchísimo y realmente lo merecieran. Como si por el puro apellido de rancio y podrido abolengo político tuvieran derecho a seguir eternamente en el cargo.

Aquí la recomendación es simple: hay que darles una revisadita. Evaluar su desempeño como se evalúa a cualquiera que quiere repetir: ¿qué iniciativas presentaron? ¿qué gestiones reales hicieron? ¿Cuántas veces hablaron cuando había que hablar? ¿cuántas veces levantaron la mano sin leer? ¿cuántas veces se escondieron cuando el tema era incómodo? ¿cuántas veces se la pasaron en la selfie y cuántas en el trabajo?

Hay un fenómeno curioso: para pedir el voto hay energía; para legislar hay cansancio. Para recorrer colonias hay estamina; para rendir cuentas hay alergia. Para prometer hay saliva; para cumplir hay excusas.

Y a estas alturas, ya deberíamos entender que la reelección no es premio automático. Es examen. Y el que no pasa el examen, a su casa.

Así que sí: revisadita. Que expliquen qué hicieron, con qué resultados, con qué impacto. Y si no tienen nada más que la sonrisa y el apellido, entonces que no se quejen cuando el ciudadano les retire el voto

Amanecerá y veremos.


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