24/04/26
Por Heriberto Medina
Cuando la perra es brava…
Al que le cayó el chahuistle hoy, a temprana hora de la tarde, fue al candidato a diputado local por Morena Alberto Hurtado, y es que cuenta la leyenda que su proselitismo precoz, ocurrido en los días de precampaña, ya le pasó factura; nunca mejor utilizado el término.
Como usted recordará, estimado lector, Hurtado fue uno de los protagonistas de la queja presentada por difundir su imagen mediante anuncios espectaculares, esos de gran formato, fuera del lapso permitido por la ley. Hurtado y otros aspirantes morenistas se adelantaron a los tiempos bajo el pretexto de que se encontraban en precampaña, pero se enfrentaron al pequeño gran detalle de que, al ser candidatos únicos, no tenía sentido que se promocionaran.
Ante esa situación, Gerardo Aguado, mejor conocido como El Quillo, diputado panista y buen mandadero del PRI cuando se trata de hacerle el trabajo sucio, se aprontó y fue de acomedido a presentar la queja ante las autoridades electorales. Lo hizo rápido, como suelen hacerlo cuando la jugada les conviene.
Pasó el tiempo, el tema se enfrió y la vida siguió. Nos olvidamos del asunto hasta ayer, cuando el Consejo General del INE presentó un dictamen en el que propone aplicar una multa de 1.4 millones de pesos a los candidatos de Morena en Coahuila. Quién sabe si el partido guinda finalmente pague o no esa multa —ya ve usted que cuando se trata de sanciones, todos se vuelven expertos en impugnación, amparo y “a ver qué dice el tribunal”—, pero una cosa sí está clara: al INE bien se le puede aplicar esa máxima de que cuando la perra es brava, hasta a los de la casa muerde, por aquello de las críticas de que quienes ahí toman decisiones son seguidores de AMLO. Aquí mordieron parejo… o al menos eso parece.
Por lo pronto, a los candidatos de Morena al Congreso local lo bailado nadie se los quita. Una multa no borra el posicionamiento que lograron con los espectaculares. No borra las caras repetidas en avenidas, ni el nombre instalado en la conversación, ni la idea de “ya lo vi, ya me suena”. Eso ya se sembró. Y aunque la autoridad electoral llegue después, tarde pero sin sueño, la promoción anticipada ya cumplió su objetivo: hacerse presente antes que el resto.
La pregunta —y aquí está lo sabroso— es si esto será un caso aislado o si de veras veremos consecuencias en serio cada vez que alguien quiera brincar los tiempos. Porque, si la multa se vuelve “costo de campaña” y nada más, entonces el mensaje para el futuro será muy simple: te adelantas, pagas (si pagas) y te quedas con el beneficio. Y eso, estimado lector, no corrige conductas: las perfecciona.
Antes ahora me extrañó
Los comerciantes de Saltillo siempre han tenido una bien ganada fama de ser careros y mantener precios muy altos en los productos, pero ahora la capital de Coahuila apareció en las estadísticas del INEGI como una de las ciudades con menor inflación. Es un dato raro. Después de todo, fueron los comerciantes saltilleros quienes acuñaron aquella frase de: “bien vendido o bien podrido”. Su deporte favorito era clavarle el diente a los clientes y hacerle la barba al gobierno. Eso nunca les ha fallado, pero ahora el diablo andaba en los quiotes.
Los datos, tal cual, dicen que por ciudades —de una selección de 55 que integran el INPC— a marzo registran la mayor inflación: Chetumal 6.47%, Oaxaca 5.68, Cancún 5.48, Tuxtla Gutiérrez 5.40 y Tepic 5.24. La CDMX (área metropolitana) registró 5.08. Las ciudades con menor inflación fueron: Tampico 3.84, Saltillo 3.78, Hermosillo 3.69, Mexicali 3.22 y La Paz 3.09.
Puede que Saltillo esté en “baja inflación” porque los precios ya estaban altos desde antes y, por lo tanto, ya no subieron tanto. Cuando el precio ya está inflado, la variación se ve menor. Es como decir que no engordaste este mes… porque ya estabas en tu máximo histórico.
El consumidor saltillense está aprendiendo a castigar. Si el negocio se pasa de listo, el cliente ya compara, ya se mueve, ya compra menos, ya busca alternativas. Hoy, con redes, con grupos, con listas y con comparativos, el comerciante que abusa se vuelve más visible. Y cuando se vuelve visible, se vuelve vulnerable.
También puede ser efecto de composición. La inflación mide variaciones en canastas y ponderaciones; no mide el coraje del cliente cuando paga. Puede haber rubros que bajaron o subieron menos y eso empuja el promedio hacia abajo, aunque en la vida diaria muchos sigan sintiendo que todo está caro. El índice no siempre coincide con la percepción.
Sea cual sea la explicación, el dato sirve para una cosa: recordar que Saltillo no puede vivir eternamente con la lógica de “bien vendido o bien podrido”. Una ciudad que crece necesita mercados competitivos, precios razonables y comercios que entiendan que el cliente no es cajero automático. Si de veras Saltillo aparece con menor inflación, ojalá sea señal de que el mercado se está ajustando.
Encuesta
Ahora que quieren crucificar a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, por dejar trabajar a agentes de la CIA en territorio nacional, valdría la pena aplicar una encuesta para ver qué opina la gente. Y es que, a estas alturas del partido, con un gobierno federal que deja trabajar a gobernadores vinculados con el narco como Rubén Rocha Moya, y después de que agentes gringos desmantelaron un laboratorio de drogas de dimensiones colosales, como que sí da la impresión de que nos va mejor cuando los vecinos actúan, porque las autoridades mexicanas muchas veces se hacen de la vista gorda.
Apliquen la encuesta. En una de esas la mayoría está a favor de que los gringos vengan por la basura y se la lleven a sus cárceles. Hasta se las envolvemos para regalo. No por amor al extranjero, sino por hartazgo.
Cuando el ciudadano ve que se negocia y se simula empieza a pensar en soluciones y una solución desesperada es pedirle a otro que haga lo que tú no haces. Es triste, pero es real.
Así que sí: hagan la encuesta. Pero también háganse otra pregunta, más incómoda: ¿por qué la gente podría preferir que venga alguien de fuera a hacer lo que aquí no se hace? Ahí está la herida. Y mientras esa herida siga abierta, cualquier discurso de soberanía sonará bonito… pero no convencerá.
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