02/04/25
Por Heriberto Medina Flores
¿Alegres?
La semana pasada seguro que millones de compatriotas nos sentimos como las almejas cuando les exprimen un limón, nos retorcimos en nuestra propia indignación, y es que unos cuantos días después de que nos enteramos de las atrocidades ocurridas en el campo de exterminio del Cártel Jalisco Nueva Generación, un grupo musical denominado Los Alegres del Barranco, en un concierto en Guadalajara, rindieron homenaje a Nemesio Oseguera, líder de la mencionada agrupación criminal, responsable de las ejecuciones en el rancho Izaguirre y de muchas otras desgracias que han enlutado a cientos de miles de familias mexicanas.
Los músicos se veían pequeñitos ante el rostro monumental de El Mencho que se expuso en el escenario del auditorio Telmex, en tanto sus adoradores de sombrero y acordeón entonaban el tema denominado: “El dueño del palenque”, que, según se dice, se refiere al mencionado criminal.
Otros cantantes se han regodeado en público de la admiración que sienten por los delincuentes, uno de ellos es Natanael Cano quien los expresó así: “Hasta donde se encuentre, padrino, y arriba Jalisco, arriba JGL (haciendo referencia a Joaquín Guzmán Loera), arriba la maña, arriba ‘El Mencho’, a la verg*, pa’ que sepan (sic)”
Si bien es indignante el hecho, también lo es el cinismo con que proceden y los términos que utilizan, su comportamiento habla de la impunidad que reina en el país.
Van algunas reflexiones sobre lo que está pasando en amplios sectores sociales que lejos de condenar a los criminales los ven como ídolos y ejemplos a seguir.
¿Por qué están tan alegres los del barranco? Tal vez están alegres por los miles de jóvenes que son secuestrados y sirven como carne de cañón en las guerras de los grupos criminales, igual están alegres por los cientos de miles de mexicanos asesinados, o por los secuestrados, tal vez esa partida de imbéciles que se hacen llamar músicos están alegres por la tortura a la que son sometidos miles de jóvenes en los campos de adiestramiento del crimen organizado, seguro están alegres por los jóvenes que se quejaron en el rancho Izaguirre y, según testimonios, fueron encerrados vivos con los cerdos que finalmente los mataron y los devoraron, están alegres por los cuerpos que fueron cremados en ese y otros campos de exterminio, están alegres por el dolor de las madres buscadoras, están alegres por la adicción de la que no pueden salir cientos de miles de jóvenes, se regocijan los alegres del barranco por las decenas de miles de jóvenes que se suicidan ante la desesperación por no poder salir de las adicciones, están alegres por el llanto de los padres de esos jóvenes muertos, por el luto en las familias, por la tristeza en los rostros de sus madres, están alegres por las extremidades que han perdido los campesinos de Michoacán que pisaron alguna mina colocada por el CJNG a cuyo líder tanto alaban, están alegres por los cientos de pobladores del área rural de Michoacán y Chiapas que han sido obligados a dejar sus casas y abandonar sus pueblos.
Tal vez la alegría de los del barranco es porque las autoridades son incapaces de detener a los criminales, están alegres porque como grupo musical ganan mucho dinero ensalzando y tocando para los asesinos, torturadores, secuestradores, están alegres porque para ellos hay abrazos y no balazos, están alegres porque se sigue vendiendo droga en México y se envía a muchos otros países, están alegres por el fentanilo que les da a ganar a los criminales mucho dólares más a costa de la vida de quienes caen en esa adicción, están alegres por la impunidad, por el cinismo, por el descaro, están alegres porque esperan que en unos cuantos meses se olvide todo esto y puedan seguir lucrando con el crimen, viviendo y gozando de la sangre y el dolor de miles de mexicanos y están alegres porque fueron mencionados en la mañanera.
Lo peor es que debajo de los cantantes cromadores de gónadas de los criminales subyace un subsuelo social de analfabetas funcionales que piensan de la misma forma y esperan un día gozar de los lujos que implican pertenecer al narco.
Existe una complacencia y respaldo social para el crimen, tal vez por eso ha crecido tanto y tal vez por eso, con cierta razón, en el extranjero nos juzgan a todos los mexicanos con el mismo racero, creen que todos somos narcos, admiradores de delincuentes o solapadores de criminales.
Flaco favor le hacen al país, y a todos los mexicanos de bien, esos criminales y el séquito de lambiscones que los adoran.
Presidenta Sheinbaum ponga orden.
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