CÉNTRICOS CHIPOTES 

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Hay ciudades que nacen primero en papel, o bueno en los tiempos actuales, en un programa CAD CAM o de arquitectura urbanística, y hay otras que nacen a la buena de dios.

Lo del nacimiento de las ciudades no deja de tener su toque romántico, allí podemos imaginarnos a los fundadores en una ceremonia protocolaria, haciendo un trazo burdo, dividiendo el terreno donde se ha decidido erigir un nuevo poblado, llenos de esperanza y de expectativas de cambiar una vida de aventura y conquista por una de trabajo y satisfacciones. Si son veinte familias, predios iguales para cada una, más los espacios para el gobierno del nuevo asentamiento, la plaza de armas, y el terreno donde se erigirá la capilla, iglesia o catedral. Además se trazan las calles entre los distintos predios, alineadas, queremos pensar, con lo que se dejará como camino real, una ceremonia emotiva como pocas, por lo menos para sus participantes, ya sus descendientes opinarán que hubieran elegido cualquier otro sitio, o que lo hubieran alineado de otra manera, mucho más razonable, y pensando en el futuro…

¿Pero quien iba a pensar, cuando se fundó Saltillo, por ejemplo, que alguna vez los caballos y carretas iban a ser sustituidas por automóviles y camiones… por muchos automóviles y demasiados camiones?, nadie, y lo que vemos y vivimos en el momento presente es diferente de lo que será la capital de Coahuila en cincuenta, cien o quinientos años, cuando se acerque al milenio de su fundación. Seguro que el casco urbano sufrirá muchos cambios, de los que no tenemos ni siquiera capacidad de imaginar en el momento actual. En cada época se verán como retos, como los hemos enfrentado hasta ahorita, algunos de los cuales, si no es que la mayoría, quedando por debajo de lo que debiera haber sido.

Bien planeada, Puebla, que se dice que trazaron los mismísimos ángeles de cielo, bajados a la tierra solo para esa tarea, que aquella ciudad, no adoleciera de los tantos defectos de planeación y ejecución que eran la constante en la época de la colonia. Pero ni siquiera es cosa de echarle la culpa a los españoles, medio ignorantes, pero eso sí, muy valentones para la conquista de nuevos territorios, ya esos que ahora llaman pueblos originarios, habían cometido el peor de los errores de planeación urbanística: construir la capital de su imperio en medio de un lago. Porque una cosa es que los habitantes más modestos, ya desde entonces existían las clases sociales, vivieran en chozas de palma y carrizo, y las más fuertes, de adobe, y otra que los gobernantes vivieran en palacios y los sacerdotes exigieran la construcción de templos en forma de pirámides… si no las hubieran arrasado los españoles al triunfo de la conquista, estarían más hundidas que la catedral metropolitana o el palacio de Bellas Artes, por la simple razón de que el suelo es excesivamente blando y anegado de agua. Malos ejemplos de planeación y construcción urbana, sobran en nuestro país. Lo que es el orden, la perspectiva, la visión de futuro, nomás no se nos da. Allí que quede más o menos bien para el día de hoy, y ya que los que vengan que arreen, y que paguen lo que cueste, que nunca es poco.

Regresando a nuestro pueblo, Saltillo, se edificó en una loma. A lo mejor suficientemente amplia para los pobladores originales, surcada por arroyos, que proveían del agua necesaria para la siembra, la cría de animales y los requerimientos de la gente. Incluso los arroyos servían para la división de los predios, mucho más efectiva que cualquier mojón que pudieran poner en el terreno, y ya puestos a ello pues sobre ellos, bueno a los lados, se podían trazar las calles, todo parecía que ni mandado a hacer ¿qué importa que las calles y las avenidas no quedaran derechas?, pues sí, qué importaba… pero ahora, siglos después, sí que importa.

Eso en cuanto al trazo, pero todavía queda la cuestión de qué poner en cada uno de los espacios en que se dividió la ciudad en aquella cuadrícula primigenia. Da la impresión de que, después de satisfechos los requerimientos iniciales, allí quedó la cosa para que creciera como se fuera ocurriendo. Lo importante, digamos, era la Plaza de Armas, con su correspondiente palacio de gobierno de un lado, y frente a él, lo que es hoy la catedral de Santiago del Saltillo, con su capilla anexa, para las cuales no se consideró un atrio grande, porque según notaron bien pronto, había pocos indios que domesticar y meter al atrio los domingos a escuchar misa, así que esos pocos metros bastaban, y todavía son suficientes para loa asistentes a las bodas de los fines de semana y otras ceremonias litúrgicas.

Esos edificios, los principales de la ciudad, muestran las señales del paso del tiempo, en el caso de palacio, el siglo pasado se le agregó el tercer piso que luce en la actualidad, y se forró de cantera rosa… mineral que no es de aquí, pero bueno, era la moda de aquel sexenio en que todo se decoró de ese color tan zacatecano pero tan poco coahuilense. La catedral… esa sí pobre, todo lo que se ha hecho para mantenerla en condiciones, y mírela, ya para que la oficina del Instituto Nacional de Antropología e Historia haya recomendado la organización y realización de una colecta para obtener recursos para su reparación, es que el dinero que se necesita es poco, y que nadie lo quiere aportar, hablando de las entidades gubernamentales que se supone están encargadas del mantenimiento del patrimonio histórico. Y allí párele.

Todo lo demás, está dejado a como quieran sus habitantes, que la ciudad crezca y se desarrolle. En su momento, cuando los franceses… que son y siempre han sido los franceses, decidieron construir una modernísima pirámide de cristal en la explanada del Museo Louvre, los puristas se rasgaban las vestiduras diciendo que no tenían respeto por el pasado, a lo que sus promotores contestaron que Paris era del pasado, del presente y del futuro, y que no podían quedarse en un pasado que ya no satisface a nadie, se hizo la pirámide y hoy es tan parte del paisaje como el propio museo.

Sí, pero… eso es en Paris, la gente cuida de sus edificios antiguos, bueno excepto los que se les incendian, en cambio acá, hasta muy recientemente se comenzó a pensar en que sería una buena idea lo de tener un centro histórico, y que este tuviera carácter cultural y turístico. Muy buena idea, lástima que llegó cien o doscientos años tarde. Si hubiera existido la oficina del centro histórico, no hubieran tirado el Hotel Coahuila para poner en ese cuadrito de terreno la horrenda sucursal del Bancomer que allí está, eso sí, muy de cantera rosa. La calle Victoria hubiera conservado sus casonas de antes, y mire que eran casonas, que se sustituyeron por edificios y comercios modernos, a los que les cuesta sostenerse y rentar todo el espacio que tienen disponible. Allí donde los cines Alameda, que ya ni existen, había estaba la casona de Don Isidro López ¿qué mejor que hoy siguiera presidiendo esa principal calle, en vez del bodrio ese tan horrible, que de nuevo ya parecía decrépito? Y llegamos al Paseo Capital… ¿de veras alguien cree que por sí mismo va a atraer inversiones fuertes, que será el detonador del embellecimiento de la capital, que tendrá el prometido efecto multiplicador?, más creemos que su deterioro emula el de las calles aledañas, a las que no le dieron una mano de gato, ni a las fachadas una de pintura. Saltillo tiene su chipote en el paseo capital, si no le invierte dinero a Victoria, a Allende, a Aldama, a Acuña y otras calles, al rato se aplanará… a lo feo que nadie ve y nadie nota.


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