Editorial

¿CASAS PARA QUIÉN?


Por Horacio Cárdenas Zardoni


Saltillo es una ciudad a vieja, como tal, ha evolucionado a lo largo de los cuatro siglos y medio que tiene de existencia, con una particularidad muy radical, los asentamientos humanos de hoy, están sobre los asentamientos que hubo hace un siglo, dos, tres… más.


En Saltillo les gusta hablar a algunas personas, normalmente burócratas que cobran en una nómina oficial, no tanto historiadores o urbanistas, del centro histórico. Y no es que no exista un primer cuadro como tal, obedeciendo al trazo original de la fundación y la asignación de propiedad sobre determinados predios entre los fundadores, pero los saltillenses, los de antes, como los de ahora, gustan más de la innovación que de la conservación, y de aquellos primeros edificios, pequeños y modestos, por responder a una población de escaso número de almas, queda muy poco, o casi nada, pues se han ido sustituyendo por otras construcciones, más sólidas, más amplias, más cómodas y modernas, pero esto nos obliga a reconocer que del Saltillo original no queda ni una piedra, o bueno sí, porque aquí como en todos lados, las piedras y materiales de las construcciones anteriores se usaron para las nuevas, en una práctica económica que puede calificarse como muy sana, nada que ver con la práctica de un tiempo a la fecha, en que poco es lo que se aprovecha y demasiado lo que se convierte en escombro, y se va a tirar a donde no lo vea quien lo genera.


Hay edificios antiguos en Saltillo, pero ninguno que podamos identificar, se remonta a 400 años. La gran mayoría de lo que se considera antiguo es de finales del siglo XIX y principios del XX, lo que pasa es que la arquitectura todavía en esas fechas era de estilo tradicional, y no fue hasta que comenzaron a importar o desarrollar algunas ideas y diseños más contemporáneos, que se logró una diferenciación, no precisamente feliz.


Pero en lo que queremos hacer énfasis es en lo ya dicho, los saltillenses, durante muchos años, se dedicaron a construir en el mismo espacio. Cuando comenzamos a ser ya muchos, lo que sucedió es que las grandes fincas que databan de la colonia se fueron dividiendo y seccionando, primero para albergar a miembros de la misma familia, y luego vendiéndolo a otras personas. Todavía hay en el centro de Saltillo algunas propiedades que se acercan a las dimensiones originales, pero la gran mayoría se ha ido dividiendo y subdividiendo, en el caso de las vecindades y casas de alquiler, hasta proporciones bastante pequeñas, que por lo mismo rentan en poco dinero, y satisfacen la necesidad de una vivienda de personas de escasos ingresos.


Es hasta relativamente reciente, que los saltillenses han comenzado a crear colonias y fraccionamientos, afectando lo que antes eran tierras de labor, agostaderos, ranchos y granjas. Ni modo, cuando ya fuimos demasiados, necesitamos más lugar, además de que nos fue cambiando el gusto, ya no fue aquello de vivir en el centro, a pocas cuadras y escasos metros de donde nacimos, y donde nacieron nuestros ancestros por generaciones.

ancestros por generaciones.


Y conste que no estamos diciendo que en lo que se considera el centro histórico no haya terrenos susceptibles de albergar a un buen número de familias, claro que lo hay, pero o no tiene una situación jurídica perfectamente clara o fácil de resolver, o no cumple con las características que arquitectos, urbanistas, desarrolladores, desean para un nuevo asentamiento. El precio del predio puede ser un factor determinante, pero no siempre lo es, no por estar en el centro los terrenos son caros, por el hecho de que nadie sabe bien a bien qué hacer con ellos, y cuando se dejan pedir mucho dinero, pues espantan a los inversionistas.


Por eso es por lo que hay tanto baldío, y por más que de cuando en cuando sacan la cantaleta de aprovechar los corazones de manzana, lo cierto es que no conocemos un solo proyecto exitoso. Los fraccionamientos que hay, por ejemplo entre Xicoténcatl y Obregón, es porque los predios tenían frente a ambas calles, no estaban estrangulados.
El otro día que se publicó una nota que decía comentaba que en el vecino estado de Nuevo León, el precio de las casas se había elevado en un 9.4%, al tiempo que se había registrado un retroceso en la construcción, también del 9.4%, se nos ocurrió pensar ¿y en Saltillo cómo andamos, mejor, igual, o peor?, En determinados momentos se ha dejado sentir escasez de vivienda, en distintos estratos, alto, mediano, bajo e interés social, luego se mueve la cosa, y desaparece la escasez. Todo depende de movimientos especulativos, de índole económico, más que relacionados con la parte de vivienda, pero allí es donde viene a repercutir tarde o temprano.


En la capital de Coahuila y su área conurbada, los precios de las viviendas ha crecido mucho, más que la inflación, decididamente, lo que obvio, incide en que no sea tanta gente la que las pueda comprar, de hecho hay casas y fraccionamientos enteros que tardan mucho tiempo en venderse, cuando llega alguien con el dinero en la mano, ‘recurso propio’ le llaman los agentes inmobiliarios, a diferencia de un crédito bancario pendiente de tramitar, le hacen ofertas bastante tentadoras, y ni aún así caen.


Hacerse de una casa se está convirtiendo en una tarea difícil en la región sureste, ya no es de, allí te dejo doscientos metros del predio familiar, para que te construyas tu casa, no, ahora es búsquele, y a ver si encuentra y en cuánto lo encuentra, y todavía peor, en dónde. No vamos para mejor, y probablemente se ponga más difícil todavía, antes de mejorar.


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