Cerro del Pueblo

11/05/26


Por Heriberto Medina

Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Como en la ya clásica novela de Robert Louis Stevenson, en la que el brillante doctor Jekyll creó una poción que le permite desdoblar lo más oscuro de su personalidad transformándose en el peligroso Mr. Hyde, así el Gobierno Municipal de Saltillo de pronto parece estar explorando las prácticas más avanzadas y loables, pero luego se transforma e incurre en conductas que reviven las actitudes más oscuras y retrógradas de la administración pública.

Y es que la autoridad municipal algunos días amanece como Jekyll e impulsa prácticas como la reestructuración del transporte y la movilidad de la ciudad, o la participación de los ciudadanos en el ejercicio del presupuesto; además, se rodea de asesores de avanzada como Miguel Treviño, exalcalde de San Pedro Garza García.

Pero otros días amanece con la personalidad de Mr. Hyde y mantiene la sesión de Cabildo en secreto, a pesar de que debe ser pública, y niega sistemáticamente información que, por ley y por sentido común, tendría que estar disponible para cualquiera.

Ese fue el caso que enfrentó un grupo de ciudadanos que pretendió acceder al proyecto de remodelación de la Alameda Zaragoza. No existe argumento alguno para justificar la reserva de esa información, que a todas luces es algo que no solo deberían conocer todos los ciudadanos, sino incluso discutir activamente en un debate social, tratándose de un espacio público que es de todos los saltillenses.

Y es que, según cuenta el arquitecto Gerardo García, tuvieron que pasar seis meses y muchos recursos e instancias para que, al final, los ciudadanos pudieran tener acceso al proyecto de la Alameda mediante un documento borroso, de baja resolución e ilegible.

Para nadie es un secreto que la transparencia puede ser usada por algunos grupos políticos para generar estrategias de golpeteo electoral. Sin embargo, aun si se presentan esas situaciones, los gobiernos —en este caso particular, el Gobierno Municipal de Saltillo— no deben esconder la información como si fuera un bien privado, como si perteneciera a los políticos y no a los ciudadanos.

El alcalde Javier Díaz busca reelegirse en el cargo; bien haría en optar por la transparencia y no por la opacidad si pretende cumplir su objetivo político.

Mensajes al campo

¿Se acuerdan, estimados lectores, del Compadre Medina? Aquel personaje entrañable de Saltillo que escuchábamos todos los de mi generación al levantarnos cada mañana para ir a la escuela. El compadre tenía un programa llamado “Arriba el Norte” que transmitía la XESJ, y en ese programa había una sección llamada “Mensajes al campo”, con avisos que iban más o menos en el siguiente tenor:

“Para la señora Elvira, del ejido Presa de los Muchachos: que dice Panchita que el doctor la atiende hasta el miércoles; que se venga acá a Saltillo hasta el miércoles”.

Bueno, pues haga de cuenta que ayer se emitió un mensaje como los del Compadre Medina con la captura de uno de los líderes criminales de la delincuencia organizada de la región:

“Que dice Federico que ni se les ocurra venir a Coahuila a querer usar al estado como dormitorio: se les va a detener y se les va a remitir a las autoridades”.

Más o menos en ese sentido fue el mensaje que emitió la Fiscalía General del Estado, a cargo de Federico Fernández Montañez, al detener en Monclova a Juan N., apodado “El Oso”, a quien se le ubica como uno de los líderes del Cártel del Noreste.

Bueno el mensaje y buena la acción de Fernández Montañez, porque si hay algo que debemos conservar en Coahuila es la paz y la tranquilidad construidas durante años, por administraciones de distinto signo… y también por una sociedad que no quiere volver a vivir lo que otros estados padecen a diario.

Y todo esto repercute en las elecciones que están en puerta: cerrarle la puerta a los partidos vinculados con el narco es responsabilidad de todos los ciudadanos. Así que cuando vayan a emitir su voto, recuerden cómo están otros estados donde no se puede ni pasar. No cometan el error de abrir las puertas de Coahuila a la delincuencia organizada.

General Motors: 45 años y una etapa cuesta arriba

En medio de tanto ruido, vale la pena detenerse en una fecha que sí explica parte de lo que somos: el aniversario 45 de General Motors Ramos Arizpe. Llegó en tiempos del gobernador Óscar Flores Tapia, cuando atraer industria era promesa de modernidad, empleo y futuro. Y vaya que lo fue: la región sureste se transformó alrededor de esa planta y de lo que detonó, directa e indirectamente, en proveedores, logística, formación técnica y cultura productiva.

Pero también hay que decirlo: este aniversario llega en uno de los momentos más difíciles para la industria automotriz local. No solo por la competencia global y la transición tecnológica, sino por el clima comercial y arancelario que está metiendo incertidumbre a las cadenas de exportación. En la región, el empleo formal y la estabilidad dependen en buena medida de que ese engranaje siga girando sin sobresaltos.

Cumplir 45 años es motivo de orgullo y a la vez un llamado a la prudencia: cuidar lo que se tiene, diversificar y planear.

Violencia familiar: el otro Coahuila

Mientras discutimos megaproyectos y campañas, hay un Coahuila que no sale en la foto oficial: el de puertas adentro. Los datos de incidencia delictiva muestran que la violencia familiar en el estado creció 580.6% entre 2015 y 2025, al pasar de 2,154 denuncias a 14,664 casos anuales. Dicho en cristiano: el año pasado se iniciaron más de 40 carpetas diarias por violencia dentro del hogar.

El fenómeno se disparó con fuerza en 2016 y luego se quedó instalado en niveles persistentemente altos durante casi toda la década. Hubo un descenso en 2020, el año del confinamiento, pero cualquiera que entienda cómo funcionan las denuncias sabe que “bajar” en ese contexto no significa necesariamente que bajó la violencia: muchas veces significa que fue más difícil denunciar.

Lo más preocupante es la lectura de fondo: mientras algunos delitos patrimoniales u homicidios pueden mostrar reducciones, la violencia familiar se convirtió en uno de los principales generadores de carpetas en el estado. Y eso habla de algo estructural: una crisis de convivencia, de salud mental, de consumo de sustancias, de frustración económica y de normalización de la agresión.

Aquí no basta con campañas de “denuncia” o con frases de manual. Se necesita prevención real: atención psicológica accesible, redes de protección, refugios que funcionen, ministerios públicos que no revictimicen y, sobre todo, una política social que entienda que la seguridad también se juega en la sala, en la cocina y en el cuarto. Si no se ataca ahí, el problema seguirá creciendo aunque los discursos digan lo contrario.

Amanecerá y veremos.


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