Horacio Cárdenas Zardoni
¿Alguien recuerda cómo se integraba y cómo funcionaba el politburó del Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas?, hay quienes todavía a estas alturas de que tiene varias décadas de muerto y sepultado, seguimos considerando que era la democracia más efectiva que se ha inventado, una democracia verdadera, una en la que valía el voto de las personas, y que, además, era bastante más barata que lo que cualquier otro sistema de gobierno.
Sí, sus muchos detractores y críticos que la odiaban a muerte, hacían escarnio al llamarla ‘dictadura del proletariado’, porque efectivamente, estaba basada en el principio ideológico de que era el pueblo y en particular los trabajadores los que mandaban, pero lo que mandaban era ser gobernador por un personaje equis, que prácticamente se instalaba en el poder político hasta su fallecimiento.
Pero en esa dictadura los trabajadores eran la base de una estructura piramidal, y eran ellos quienes elegían a su representante de la fábrica o la unidad de producción agrícola, normalmente era alguien de ellos mismos, alguien con quien habían compartido el trabajo agotador, los descansos, la comida, era en el mejor sentido de la palabra, un camarada. Bueno, pues el conjunto de los representantes elegía a su vez un delegado al congreso gremial o regional, y estos a su vez al siguiente escalón hacia arriba, hasta llegar a los delegados al politburó, que sí, alguna vez habían sido obreros, soldados, campesinos, y se habían distinguido entre sus pares, que los habían elegido representantes.
La democracia así entendida, era en corto, se elegía al que habían visto durante años o toda la vida, y a quien iban a seguir viendo, para lo bueno y para lo malo. Nada que ver con los modelos de otras naciones, en los que se supone que se eligen representantes al congreso local y al congreso de la unión, a los que no vuelve uno a ver nunca, a menos que busquen la reelección o ser electos a otro puesto superior todavía, se elige al titular del poder ejecutivo en tres niveles, y ahora hasta los integrantes del poder judicial, ministros, magistrados y jueces, por lo general se trata de gente distante del pueblo, de cada uno de los individuos. El gobierno de esta manera, es distante de la población, que, si no lo percibe como un enemigo, como EL enemigo, sí como algo que hay que tener lo más distante posible, a menos claro, que pueda uno colarse a alguna oficina pública.
La democracia, siguiendo la definición más empalagosamente recurrente, es el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo, sin embargo, de un tiempo para acá, si algo tienen los políticos es su aversión a cualquier cosa que tenga que ver con eso, con el pueblo. Usan de hecho la política para marcar diferencias y distancias, mientras más, mejor, y si acaso tienen que hacer campaña, o celebrar mítines, nos ha tocado ver cómo se lavan con alcohol las manos, para quitarse con cara de asco el olor y cualquier cosa que pudiera habérseles pegado.
Ahora que está en puerta la renovación de la secretaría general de la Confederación de Trabajadores de México, la célebremente triste CTM, nos da mucha lástima ver el comportamiento de los pretendidos aspirantes al puesto que alguna vez fue de Fidel Velázquez Sánchez, y que muchos pensamos que se lo iba a llevar a la tumba, pero no, fue sustituido por otras momias similares a él, pero bueno, por lo menos Fidel había comenzado de abajo, desde hasta abajo, como trabajador de una granja lechera, y de allí se proyectó hasta arriba, pero por lo menos conservó el recuerdo de que se debía él, el movimiento obrero, la central obrera, el sindicalismo como concepto, a la base de trabajadores. Es en este momento que vemos con vergüenza cómo los aspirantes que se han pronunciado por querer el hueso vitalicio y consagratorio, terminan mostrando el cobre de que, de democrático, si es que tuvieran alguna vez algo, no les queda absolutamente nada. Para empezar ¿hace cuántos años o décadas, que no viven con el sueldo de un obrero?, no saben, unca han sabido tal vez, lo que es que les sobren días de la semana al salario de vergüenza.
Se sienten tan diferentes y son tan iguales… allí tenemos a Tereso Medina Ramírez y Fernando Salgado Delgado diciendo cada uno por su lado una letanía que aprendieron en la misma cuna, ojo, no una sindical, sino política y partidista, de que sí, bueno, yo quiero ser el sucesor del compañero Carlos Aceves del Olmo, que se retira luego de que ya es incapaz de sostener una pinza en la mano y reconocer un desarmador de cruz de uno plano, como líder máximo del movimiento overo organizado en México. ¿Qué es lo que dicen y que nos llamó la atención?, muy fácil, que sean designados como candidato de unidad, y de allí, luego de una ceremonia que los enaltezca como debe ser, ser ungidos secretario general…
¿Y la democracia?, hombre, si más de uno la quiere, que se vote y el que gane gana, así de fácil, de sencillo y de comprensible, pero esos aires que se dan, casi de ‘vengan a pedírmelo y yo les digo si estoy de humor para ser su líder’ eso sí que no.
Ninguno de estos y otros que han brincado, la merecen. Si no están dispuestos a hacer campaña, a ser votados o no votados, no merecen ser dirigentes sindicales, mucho menos líderes del sindicalismo en el país. Siguiendo por el mismo camino, si fueran a pedir chamba de ayudante general en cualquier empresa, no se las daban por la edad, la experiencia y los antecedentes ¿no son buenos para trabajar, pero sí para dirigir trabajadores?, y así estamos.
¿Por qué te moriste Fidel?, ninguno de estos pamemas llena tus zapatotes.
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