Por Horacio Cárdenas Zardoni
¿Recuerda usted la película Seven?, en su momento fue una película de las más taquilleras, era un thriller policiaco, con el tema genérico de un asesino en serie, con la variante de que había elegido el asesino los siete pecados capitales para escenificar su ola de crímenes. La película en sí, cumple con el objetivo de tener a los espectadores pendientes todo el tiempo de la trama, de si la policía avanza o no avanza en obtener pistas para detenerlo y procesarlo jurídicamente, que ya sabemos que en este sistema tan justo que tenemos, la justicia por propia mano está prohibida.
El detalle que nos pareció más interesante es que durante casi toda la película los policías, un hombre negro ya bastante veterano y otro blanco, novato, se la pasan dando palos de ciego para tratar de dar con el criminal, antes que cometa el siguiente asesinato o en su defecto, antes que logre completar su ciclo y se pierda entre el océano de casos no resueltos. En algún momento el viejo comenta con su discípulo que estaban teniendo tantos problemas para dar con el delincuente porque este había logrado volverse invisible. No que hubiera desarrollado o encontrado alguna tecnología para que la gente no lo viera, nada tan sofisticado, sino lo estrictamente contrario, no hacer nada para diferenciarse de cualquier otra persona de la sociedad contemporánea. Era el típico hombre que no es ni muy alto ni muy bajo, ni muy flaco ni muy gordo, ni guapo ni feo, alguien totalmente indistinguible, sin ningún rasgo físico, o de conducta, que hiciera que los demás lo pudieran recordar o identificar. Un poco, si lo pusiéramos en términos de una película de Pedro Almodovar, sería aquella de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón.
En nuestra sociedad, mucho del esfuerzo de mujeres y de hombres, no
vamos a decir que estos más que aquellos, se orienta a destacar, a vernos diferentes de los demás, a no ser como cualquier otro, y lo pero de todo, ser catalogado como del montón. Las personas se desviven por ser más bonitos, más elegantes, más delgados, ir mejor vestidos, tener un mejor carro y todo lo que sabemos… que termina poniéndonos en el mismo plano de igualdad que los demás, esto porque se eligen los mismos caminos, y así, pues es casi imposible destacar. El ejemplo clásico es el de la moda de los pantalones de mezclilla, cariñosa y exclusivamente llamados “jeans”, los cuales portan nueve de cada diez personas, y que carísimos, baratos o de tercera mano, se ven iguales, excepto claro, para aquellos que se dedican a cazar las sutiles diferencias.
Lo cierto es que así como todos nos vemos más o menos iguales, también somos bastante parecidos los unos de los otros. Nuestra vida, nuestro comportamiento, nuestras expectativas y nuestras carreras, si se les puede llamar así, no son muy distintas entre las personas. Y sí, no vamos a negar que de vez en cuando aparezca por allí alguna persona con rasgos y conducta diferenciados, que por un lado sirven de variedad, son objeto de crítica y censura, de habladurías, pero también cumplen la función, por lo demás muy importante, de servir de comidilla de los demás, que allí precisamente es donde vuelvan lo que es una de las principales características de nuestra sociedad contemporánea, el aburrimiento. Criticamos para desaburrirnos, nos burlamos, para desaburrirnos, nos ensañamos para lo mismo, y aunque termina por resultar que no es mayormente satisfactorio, nos permite pasar el rato.
Allí le va de anécdota, tuvimos alguna vez un profesor, gente normal de todo a todo, ni más simpático que los demás, ni más divertido, ni especialmente bueno para transmitir sus conocimientos, que luego luego mostraban sus limitaciones, uno de tantos que todos nosotros hemos tenido. Y de repente hojeando el periódico nos topamos con una nota en la sección de policiaca, y allí estaba nuestro estimable profesor, recargado sobre el volante de su carro, que apenas alcanzó a detener trepándolo en la banqueta, no fue un accidente, ni hubo daños, solo estaba allí el profe ahogado de borracho y durmiendo la mona, y tanto, que hubo que llamar a la policía, pues quienes lo reportaron pensaron en lo peor. Pero no, afortunadamente solo se le pasaron los alcoholes y no alcanzó a llegar a su casa. Sin exagerar, es el único episodio simpático del profesor, excuso que de su clase, no recuerdo ni una palabra…
Bueno, pues algo así había estado pasando con los candidatos postulados por los partidos políticos a los puestos de elección popular en los comicios del 2 de junio. Sabemos que en política, por lo general no está lo más granado de nuestra y ninguna sociedad, ni los más inteligentes, ni los más activos, honrados, los que se meten es por ambiciosos, por querer hacer dinero fácil, obtener poder y lo que decíamos antes, diferenciarse del resto de la pelusa, pues tienen la idea de que la política los eleva sobre el resto de los de su generación.
Ciertamente algunos de los candidatos a diputados, senadores, y en el caso de Coahuila, también alcaldes, son gente normalita, anodinos a más no poder, personas que no se distinguen de los demás por alguna cualidad, y si a esas vamos, tampoco por algún defecto.
Ah, pero parece que las estrellas ¿o habrá sido el eclipse?, se conjuntaron para que en este proceso electoral aparecieran en la boleta electoral, al menos en la de Saltillo, personajes que por lo general, no se juntarían ni en la fila de las tortillas.
Si no fuera tan aburrido, diríamos que es de risa, pero no loca, lo de Elisa Catalina Villalobos, candidata del Partido Verde a la presidencia municipal, que si por algo se ha caracterizado es por no haberse caracterizado por nada, es decir, no ha hecho campaña, no ha hecho eventos, no ha ofrecido entrevistas, dado discursos, nada de nada. Y eso que no se puede decir que sea una improvisada, esta cuata ya fue diputada local por MORENA, hace años, donde efectivamente no destacó por nada, pero mínimo ya había andado en esos ambientes.
También está Judith Alejandra Salazar Mejorado, que ya había conseguido que algunos levantaran la ceja al incluir en su información pública que tenía ingresos por más de 200 mil pesos mensuales, el doble o el triple del salario de alcalde, y todo dedicada a ser “influencer”, pues bueno, salió a relucir que la candidata tiene cuentas con la justicia, y no por cualquier cosa, sino por algo tan grave como la sustracción de menores… que la pone en una situación bastante delicada en cuanto a su esquema de valores, punto y aparte de su apego a las leyes.
También anda Michel Márquez, este por movimiento ciudadano y también salido de los medios de comunicación, demostrando sus dotes de locución, aplicadas a la grilla. Si a esas vamos, podría sustituir a Jorge Maynez con ventaja, pero no es compadre de Samuelotas ni ahijado de Dante.
El caso es que esta elección en Saltillo es distinta de otras muchas, en cuanto a que los candidatos son la comidilla, por nada bueno si quiere, pero por lo menos no son tan aburridos como otros que hemos tenido.
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