Para Antonio Serrano, el modelo manufacturero que impulsó a la entidad desde los años ochenta está agotado. La falta de infraestructura, energía, agua, vivienda, transporte y formación limita a la industria
Por Zitamar Arellano Trueba
Saltillo, Coahuila, 30/07/26 (Más).- El modelo económico que impulsó el crecimiento de Coahuila durante las últimas cuatro décadas llegó a su límite y requiere una transformación de fondo para evitar que continúen la pérdida de empleos, el éxodo de jóvenes con preparación y el deterioro de la actividad productiva, advirtió Antonio Serrano Camarena, investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) y especialista en economía.
De acuerdo con el académico, el declive comenzó a manifestarse en 2017, cuando el consumo total dentro del estado alcanzó su punto más alto. Desde entonces se han presentado recuperaciones temporales, entre ellas el rebote posterior a la pandemia, pero ninguna ha permitido regresar a la trayectoria económica que Coahuila mantenía hasta ese momento.
En este sentido, el especialista no se mostró sorprendido por la reciente información publicada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en el sentido de que la economía de Coahuila decreció 4.5% en el primer trimestre de este año, con relación al mismo periodo de 2025.
Lo que hay ya no es suficiente. Hay que reinventar la economía coahuilense para que vuelva a funcionar, resumió Serrano durante la entrevista.
El investigador explicó que la estrategia basada en atraer plantas manufactureras, principalmente automotrices, funcionó desde la década de 1980 y permitió que ciudades como Saltillo duplicaran su población; sin embargo, sostuvo que ese ciclo productivo está agotado porque las vialidades, los servicios, la energía, el agua, la vivienda y la oferta educativa ya no responden a las necesidades de una economía moderna.
La industria automotriz, añadió, atraviesa una etapa de incertidumbre que frena las inversiones. Las empresas despiden trabajadores y después anuncian contrataciones o proyectos de menor tamaño, por lo que el balance termina siendo negativo e insuficiente para recuperar los puestos perdidos.

Serrano Camarena consideró que seguir atrayendo compañías pertenecientes a la misma industria no representa una verdadera diversificación. A su juicio, la función de la política económica tendría que ser convencer a empresas de sectores que actualmente no consideran a Coahuila y crear las condiciones para que puedan instalarse.
Entre los obstáculos inmediatos señaló la saturación de las carreteras, la insuficiente capacidad eléctrica, los problemas de abastecimiento de agua, el encarecimiento de la vivienda y las deficiencias del transporte público.
Como ejemplo, mencionó las filas frecuentes en las casetas de la vía Saltillo-Torreón y propuso estudiar una carretera que conecte directamente a Nuevo León con Chihuahua, atravesando la zona entre Saltillo y Monclova, pasando Ocampo.
“No tienes con qué sostener un crecimiento como el que traíamos”, afirmó al señalar que la infraestructura privada, como los parques industriales, ya existe, pero las inversiones llegan cada vez con menor frecuencia y se concentran en unos cuantos municipios.
El segundo gran rezago, de acuerdo con Serrano Camarena, se encuentra en la educación. Aunque Coahuila cuenta con una importante proporción de ingenieros y universidades, las carreras y los planes de estudio no han evolucionado al mismo ritmo que las empresas.
El académico identificó la necesidad de fortalecer especialidades relacionadas con inteligencia artificial, desarrollo de software, sistemas computacionales, aeronáutica, aerodinámica y otras ramas avanzadas de la ingeniería. También observó una brecha entre lo que aprenden los estudiantes y las habilidades que requieren los empleadores.
Señaló que existen cursos y especialidades tecnológicas, pero no una oferta suficientemente formal y amplia para insertar a Coahuila en las nuevas industrias. Citó a Querétaro como ejemplo de una entidad que logró transformar su economía mediante nuevas carreras, instituciones educativas especializadas e inversiones vinculadas con la tecnología.
Esta falta de oportunidades está provocando, según el investigador, que los jóvenes mejor preparados emigren principalmente a Nuevo León, San Luis Potosí y otros estados, así como al extranjero. Al mismo tiempo, Coahuila enfrenta un proceso acelerado de envejecimiento poblacional y podría comenzar a perder también trabajadores experimentados de entre 50 y 55 años ante la falta de espacios laborales.
Serrano Camarena señaló que el fenómeno ya es visible entre egresados universitarios que no encuentran empleo, especialistas automotrices despedidos y profesionistas que envían decenas de solicitudes sin obtener respuesta. Advirtió que la salida de capital humano puede convertirse en uno de los daños más profundos para el estado.
La debilidad económica también comienza a alcanzar al trabajo informal. Anteriormente, explicó, una persona despedida podía utilizar su liquidación o sus ahorros para abrir un pequeño negocio; actualmente, la contracción del consumo reduce las posibilidades de que ese emprendimiento sobreviva.
“No hay mercado, no hay dinero”, expresó al explicar que el gasto conjunto de empresas, gobiernos y familias se ha reducido, haciendo cada vez más pequeño el mercado disponible para nuevos negocios.
El especialista reconoció que el Gobierno de Coahuila ha logrado mantener parte de sus fortalezas a pesar de la deuda y de la reducción de recursos federales. No obstante, cuestionó que no exista públicamente una estrategia integral que establezca hacia dónde debe dirigirse la economía estatal.
Sostuvo que la Secretaría de Economía y Turismo debería presentar un plan que detalle los sectores prioritarios, la infraestructura necesaria, la formación de personal, los estímulos y la manera de financiar la transformación. También pidió transparentar los estudios utilizados para tomar decisiones, los análisis sobre la deuda pública y el trabajo del consejo de expertos que, según recordó, asesora al Gobierno estatal.
Para Serrano Camarena, la falta de recursos no elimina la necesidad de planear; por el contrario, obliga a utilizar el presupuesto con mayor precisión. Propuso revisar las condiciones de la deuda y buscar esquemas que reduzcan su costo para liberar dinero destinado a infraestructura y proyectos productivos.
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