Ciudad de México, 23/04/26 (Más).- Mujeres estadounidenses que forman parte de familias con estatus migratorio mixto han comenzado a mudarse a México junto a sus esposos deportados o en riesgo de deportación, en lo que describen como el inicio de una nueva etapa de vida familiar que han denominado “el sueño mexicano”, tras las políticas migratorias más estrictas en Estados Unidos.
Estos casos se han incrementado a partir del endurecimiento de las detenciones y deportaciones en Estados Unidos desde el inicio del segundo mandato del presidente Donald Trump en 2025, lo que ha provocado que algunas familias opten por no separarse y trasladarse voluntariamente a territorio mexicano, de acuerdo con el reportaje de la BBC.
Una de las historias más representativas es la de Janie Hughes, ciudadana estadounidense de 29 años, quien vivía en St. Louis, Misuri, junto a su esposo Alejandro Pérez y sus dos hijas pequeñas, Luna y Lexie.
La mujer relató que todo cambió el día en que su esposo salió rumbo al trabajo y, minutos después, recibió una llamada en la que alcanzó a escuchar que agentes migratorios lo estaban arrestando. “Nos pusimos a orar”, recordó, al describir cómo la llamada se interrumpió mientras escuchaba a los agentes de ICE confirmar la detención.
Hughes contó que en ese momento cayó al suelo llorando, consciente de que su vida familiar se había fracturado de manera inmediata.
Durante el proceso legal, pudo ver a su esposo en audiencias judiciales esposado de pies y manos, situación que describió como “desgarradora”, además de los encuentros en el centro de detención donde solo podían tocarse a través de un vidrio. “Y llorábamos juntos”, relató sobre uno de esos momentos.
La joven explicó que la separación de su familia era “simplemente inconcebible”, por lo que decidió acompañar a su esposo tras la deportación.
Alejandro Pérez, originario de Michoacán, había vivido alrededor de 16 años en Estados Unidos sin documentos.
Tras su deportación el 11 de marzo, la familia se reunió nuevamente en Querétaro, donde Hughes describió el reencuentro en el aeropuerto como un momento de profunda emoción: “Tenía lágrimas de felicidad cuando volví a verlo”.
Sin embargo, la adaptación no ha sido sencilla. Pérez ha expresado que aún le cuesta asimilar su nueva vida en México, señalando que a veces despierta en la noche con la sensación de que todo lo ocurrido no es real. “Siento que todo esto es un sueño, pero creo en Dios y sé que él lo hizo con un propósito”, comentó, reflejando la incertidumbre que enfrenta tras dejar atrás Estados Unidos.

Un caso similar es la de Raegan Klein, ciudadana estadounidense, y su esposo Alfredo Linares, chef mexicano que había construido su vida durante más de dos décadas en Estados Unidos.
La pareja decidió mudarse a México de manera voluntaria desde Los Ángeles, ante el temor de una posible detención por parte de agentes migratorios. Klein explicó:
“Si le pasaba algo, jamás podría perdonármelo”, al referirse a la decisión de abandonar el país para evitar la separación.
Linares, quien trabajó como chef en restaurantes de alta cocina en California, relató que dejar Estados Unidos fue emocionalmente difícil, al grado de compartir un video de despedida en redes sociales donde expresó:
“Hoy es mi último día aquí en Estados Unidos. Después de 20 años, es hora de partir”. A pesar de ello, reconoció que el cambio ha sido complicado y que aún se siente fuera de lugar en México.
Klein, por su parte, ha enfrentado dificultades para integrarse debido a que no habla español y a los retos económicos que han surgido tras la mudanza.
Ambos han intentado establecerse en Puerto Vallarta, donde buscan reunir recursos para abrir un restaurante, aunque reconocen que el proceso ha sido más difícil de lo esperado.

Las historias reflejan el impacto de las políticas migratorias en Estados Unidos sobre miles de familias de estatus mixto, donde se estima que más de un millón de ciudadanos estadounidenses están casados con personas indocumentadas, según datos oficiales.
Aunque enfrentan incertidumbre económica y cultural, estas familias coinciden en que su decisión responde a un principio central: permanecer juntas, incluso si eso implica comenzar una vida completamente nueva en México.
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