Ciudad de México, 12/10/26 (Más).- California se ha convertido en un punto estratégico para las familias de algunos de los narcotraficantes más conocidos de México, debido a que varios de sus hijos nacieron en ese estado de Estados Unidos, donde obtuvieron la ciudadanía estadounidense, mientras otros familiares han establecido su residencia en ciudades como Los Ángeles y San Diego.
De acuerdo con información de El País, entre los familiares de líderes criminales vinculados con California se encuentran las hijas gemelas de Joaquín “El Chapo” Guzmán, dos hijos de Ismael “El Mayo” Zambada, descendientes de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, y familiares de integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El reportaje documenta cómo los vínculos familiares, la nacionalidad y las conexiones territoriales han influido en las decisiones de estas familias.
Uno de los casos más representativos es el de Emma Coronel Aispuro, esposa de Guzmán Loera, quien viajó a Estados Unidos en julio de 2011 cuando tenía ocho meses de embarazo. Aunque figuraba en una lista del Departamento de Seguridad Nacional estadounidense, logró ingresar después de una inspección adicional en la garita de Calexico, en la frontera con México.
El 15 de agosto de ese año, Coronel dio a luz a sus hijas gemelas, Emaly Guadalupe y María Joaquína Guzmán Coronel, en el hospital Antelope Valley, ubicado en Lancaster, al norte del condado de Los Ángeles. Los registros públicos citados en la investigación indican que ambas nacieron con un minuto de diferencia y que el espacio correspondiente al nombre del padre quedó vacío en sus actas de nacimiento.
La decisión de tener hijos en territorio estadounidense responde, según especialistas consultados por el diario, a distintos factores, entre ellos el acceso a servicios médicos, la posibilidad de obtener la ciudadanía por nacimiento y las condiciones de seguridad para las familias. Mike Vigil, exdirector de operaciones internacionales de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos (DEA), explicó que algunos integrantes de organizaciones criminales conocen California por sus actividades y mantienen contactos en esa región.
El exfuncionario señaló que la ciudadanía estadounidense puede facilitar los desplazamientos y ofrecer alternativas de residencia a familiares que buscan alejarse de la violencia derivada de disputas entre organizaciones criminales. Sin embargo, la nacionalidad no elimina la posibilidad de enfrentar investigaciones o procesos judiciales cuando existen indicios de participación en actividades ilícitas.
La investigación de El País identifica a California como un territorio con presencia histórica de redes relacionadas con los cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación. Ambas organizaciones han mantenido operaciones de distribución de drogas en ciudades del estado, desde San Diego hasta San Francisco, mientras Tijuana ha sido una zona relevante en las disputas por las rutas de tráfico hacia Estados Unidos.
Entre los descendientes de Ismael “El Mayo” Zambada figuran Serafín Zambada Ortiz, nacido en San Diego en mayo de 1990, e Ismael Zambada Sicairos, conocido como “Mayito Flaco”, quien nació en Anaheim en marzo de 1982. Este último ha sido identificado como dirigente de Los Mayos, facción surgida de la ruptura interna del Cártel de Sinaloa.
Serafín Zambada también estuvo involucrado en investigaciones por narcotráfico en Estados Unidos. Las autoridades estadounidenses lo acusaron de dirigir una célula dedicada al tráfico de cocaína y marihuana, y su nombre apareció en distintas investigaciones federales relacionadas con integrantes de esa organización criminal.
En marzo de 2018, un tribunal federal de San Diego lo condenó a cinco años y medio de prisión después de que se declarara arrepentido de sus actividades y expresara su intención de rehacer su vida. De acuerdo con el reportaje, el juez tomó en consideración diversos factores, entre ellos su edad, su nivel de participación y la ausencia de delitos violentos en su historial.
La historia familiar de Serafín también estuvo marcada por la violencia entre organizaciones criminales. Su madre, Leticia Ortiz Hernández, relató en una carta presentada ante el tribunal que su familia tuvo que abandonar lugares donde enfrentaba amenazas y recordó un ataque con explosivos ocurrido frente a una vivienda en Culiacán durante una celebración familiar. En el documento pidió clemencia para su hijo y describió las consecuencias de crecer en un entorno relacionado con las disputas del narcotráfico.
Los vínculos con California también aparecen en la familia de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, antiguo líder del CJNG. De acuerdo con la investigación, sus hijos Jessica Johanna y Rubén Oseguera González nacieron en San Francisco, mientras que Laisha Michelle nació en esa misma ciudad en 2001. Juan Carlos Valencia González, conocido como “El Pelón”, es hijo de Rosalinda González Valencia y hijastro de Oseguera Cervantes; nació en Santa Ana, California, en 1984.
El reportaje también menciona a Marlyne, Jasmine y Alexis González Lara, hijos de Abigael González Valencia, alias “El Cuini”, identificado como uno de los principales operadores financieros del CJNG y cuñado de Oseguera Cervantes. Los tres han residido durante varios años en el sur de California, aunque han mantenido un perfil público limitado.
En el caso de Marlyne González Lara, la investigación documenta su relación con el negocio de las carreras de caballos mediante Balgo Racing Team, empresa con sede en Hemet, California, que compartió con su tío José María González Valencia. Según los registros de competencias ecuestres citados por el diario, la compañía acumuló premios por aproximadamente 1.6 millones de dólares.
La presencia de familiares de narcotraficantes en California no se limita a los descendientes del Cártel de Sinaloa y del CJNG. El reportaje también reconstruye la trayectoria de Emma Coronel, quien nació en San Francisco el 3 de julio de 1989 y posteriormente se estableció en Los Ángeles, donde ha mantenido vínculos familiares y personales.
Coronel había viajado con frecuencia a California antes del nacimiento de sus hijas y tomó clases de inglés, además de visitar a familiares y realizar compras. En entrevistas anteriores explicó que valoraba las condiciones de vida en Estados Unidos y que decidió que sus hijas nacieran en ese país. Después de la recaptura de Guzmán, en enero de 2016, regresó a California para recoger las actas de nacimiento de las menores.
Actualmente, las hijas de Guzmán pueden mantener comunicación con su padre, quien cumple una condena de cadena perpetua en la prisión de máxima seguridad ADX Florence, en Colorado. Coronel ha declarado públicamente que las adolescentes hablan con él y mantienen contacto familiar pese a la distancia.
Otro caso es el de Alejandrina Guzmán Salazar, hija de “El Chapo”, quien intentó ingresar a Estados Unidos en octubre de 2012 utilizando una visa de turista que no le pertenecía. Fue detenida en la garita de San Ysidro, en San Diego, y posteriormente se declaró culpable de posesión de un documento falso.
Guzmán Salazar recibió una condena de 65 días de prisión y fue deportada a Tijuana en diciembre de ese año, cuando cursaba aproximadamente el octavo mes de embarazo. Según declaraciones de su abogada, su intención era ingresar a territorio estadounidense para dar a luz, objetivo que no logró concretar.
Los casos descritos muestran distintas formas en que las familias de integrantes del narcotráfico han mantenido relaciones con California: desde el nacimiento de hijos en hospitales estadounidenses hasta la residencia permanente de familiares y su participación en actividades económicas. No obstante, las situaciones legales varían entre cada persona y deben distinguirse de las acusaciones o condenas relacionadas con delitos específicos.
La investigación también señala que la ciudadanía estadounidense puede facilitar la movilidad de los familiares, pero no impide que las autoridades investiguen posibles vínculos con organizaciones criminales ni garantiza inmunidad frente a procesos judiciales. La combinación de relaciones familiares, disputas entre cárteles y conexiones transfronterizas mantiene a California como un territorio relevante para comprender las redes personales y logísticas asociadas con el narcotráfico mexicano.
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