Por Horacio Cárdenas Zardoni
Dicen que en política todo se vale. Hay quienes de hecho lo ponen al mismo nivel que la guerra y el amor, o como dicen que decía Julio Scherer, el legendario director del antiguo Excelsior y fundador de la revista Proceso, refiriéndose a lo que se le estaba permitido a un periodista: tú consigue la nota, aunque pierdas al amigo.
No sé, ¿realmente no hay límites al comportamiento de las personas cuando está en juego algo que desean por encima de todas las cosas?, allá cada quien tendrá su opinión muy particular, solo se nos ocurre referirnos a aquella frase del siempre recordado Lalo Aguirre, el célebre Pitarreo, quien luego de haber barrido y trapeado con la reputación de alguien, concluía con absoluta seriedad: y no digo más, porque soy un caballero, y lo dejaba a uno, bisoño aprendiz, con la duda de ¿qué es lo que sabría este señor, aparte de lo que había soltado, que daba para escribir volúmenes de chismes y notas?, pero en fin, esto nos da pie para pensar que sí, hay o debe haber límites, que no se deberían de sobrepasar, es más, no debería uno ni siquiera acercarse a la situación en que tenga que elegir entre una cosa y otra, porque la respuesta está dada antes de que se formule la pregunta.
Sabemos que Andrés Manuel López Obrador, es, según la encuesta de quien sabe qué, realizada en quien sabe dónde, el presidente más popular del planeta, solo después del primer ministro de la India, de quien en algunos medios occidentales, de esos fifís, conservadores y la manda del muerto, se dicen horrores, y en la última edición se coló uno de sus archienemigos, el presidente de Argentina, Javier Milei, con lo que habría caído al tercer sitio en popularidad. Bueno, pues con todo que a todo el mundo le cae bien López Obrador, según él y sus seguidores, alguna gente vio mal que se ensañara con la presidenta y directora de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad María Amparo Casar Pérez, a quien en plena mañanera la balconeó de cuánto gana, de cuánto le paga al SAT de impuestos, de que si su marido se cayó o se suicidó, si un montón de cosas que otra gente, más caballerosa, o dejémoslo en más a la antigüita, se hubiera guardado y callado, porque, como le enseñaron a uno, eso no se le dice a una dama. Y una cosa es que lo hubiera soltado una vez, y que sus asesores le hubieran dicho -la regó, jefe-, pero o no se lo dijeron o si lo hicieron no les hizo el mínimo caso, porque siguió insistiendo sobre el tema y abundando cada vez más, en cosas que, repetimos, no son manera de tratar a una mujer.
Más o menos por las mismas fechas se ventiló el asunto de la fórmula para las senadurías por MORENA en el Estado de Coahuila, donde contendían Luis Fernando Salazar y Cecilia Guadiana. Se suponía y se supone que los candidatos juegan a ganar, no a perder, pues bueno, se armó entre ellos una rebatinga por quien debería encabezar la fórmula, si él a quien se la debían supuestamente desde la dirigencia partidista por haberse hecho a un lado en la carrera por la gobernatura, o si le debería de corresponder a ella, por alguna razón sentimental relacionada con su papá recientemente fallecido, el senador Armando Guadiana Tijerina.
En donde sea que se deciden esas cosas, se acomodó a Cecilia como primera, cosa que no agradó a Luis Fernando, quien se aguantó algunas semanas, hasta que no pudo más, y menos todavía porque aquella lo acusó de no estar haciendo campaña, textual, de estar tirado en una hamaca, donde descansa como bendito como si estuviera en su curul, según la caricatura de Monsi de la semana pasada, donde aparece dormidote, en punto cadáver, primero como senador, luego en campaña y otra vez como senador. Total que Salazar acudió al partido, al tribunal electoral y ante quien fuera, para que a él se le diera el primer sitio, a sabiendas que si MORENA perdía, él de todos modos entraba, y sin despeinarse ni hacer campaña, ni gastar un peso y esas cosas feas, indignas de su persona.
¿Qué hubiera sido lo caballeroso?, pues primero aguantarse que la primera posición le tocara a la dama, y luego echarle todas las ganas a la campaña para ganar en buena ley, y a ella, ni incordiarla con nada. Pero obvio, eso no va con el expanista y morenista de alquiler. El asunto no pasó a más porque ganó MORENA y los dos serán senadores, así no se volteen a ver en los próximos seis años.
¿Y qué me dice del PRI?, pues igual, en la fórmula para senadores también por Coahuila iban Miguel Riquelme Solís y María Bárbara Cepeda, uno con credenciales de exgobernador y la otra de diputada y ser de familia de prosapia. ¿A quien debió corresponderle la primera posición en la fórmula?, dirán que por jerarquía, obvio a Riquelme, y ponga que sí, pero ella es una dama…
Y sabemos que no van por el dinero, que en los casos mencionados les sobra, van porque quieren estar en el candelero, porque con nada se conforman y porque siempre quieren más, y para lograrlo son capaces de pasar sobre cualquier cosa y sobre todo, entre ello convenciones sociales como esas de que a las mujeres no se les toca ni con el pétalo de una rosa.
Okey, la política no es nada como para presumir, eso lo tenemos más que sabido, también de que allí se junta lo peorcito de cada partido, y mientras más arriba es porque pisaron más gente de camino, pero debería haber límites.
Sí, el INE, cuando se discutía lo de las asignaciones de candidaturas por cuota de género, estableció que a las mujeres había que darles las candidaturas en aquellos estados donde el partido tenía mayores posibilidades de ganar, no se trataba de mandarlas a la guerra donde iban a perder, si no son piezas sacrificables. Pero eso que llegó a las gubernaturas, no alcanzó para las senadurías y otras posiciones, ni modo, la caballerosidad a lo mejor para otra elección, aunque más pinta que para nunca.
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