Washington, D.C., 10/09/26 (Más).- El Gobierno de Donald Trump busca llevar prácticamente a cero el ingreso irregular de migrantes a Estados Unidos, pese a que los cruces desde México ya se encuentran en mínimos históricos.
La estrategia incluye mayor presión sobre autoridades mexicanas, más vigilancia tecnológica, nuevas barreras fronterizas y una ofensiva contra las redes de tráfico de personas, mientras los grupos criminales recurren cada vez más a túneles para evadir los controles.
De acuerdo con información publicada por El País, la Administración estadounidense considera insuficiente la fuerte reducción registrada durante los últimos meses.
En julio, alrededor de 400 migrantes fueron detenidos diariamente al intentar cruzar la frontera, muy por debajo de los miles de ingresos que se contabilizaban cada día durante los momentos más intensos de la ola migratoria de 2022.
La disminución ha llegado en algunas jornadas hasta aproximadamente 200 detenciones diarias, pero Stephen Miller, principal arquitecto de la política migratoria de Trump, pretende reducir todavía más esa cifra.
Según personas conocedoras de las conversaciones internas citadas por el medio, la meta planteada por el funcionario es alcanzar un escenario en el que no ingrese ningún migrante de manera irregular a territorio estadounidense.
Miller ha mantenido comunicación prácticamente diaria con altos funcionarios de seguridad, entre ellos el embajador estadounidense en México, Ronald Johnson, con el objetivo de encontrar nuevas medidas para cerrar los espacios utilizados por quienes intentan entrar sin autorización. También habría instruido a las autoridades a profundizar las investigaciones contra las organizaciones dedicadas al tráfico de personas.
El endurecimiento migratorio forma parte de una política que Trump retomó con fuerza desde su regreso a la Casa Blanca en 2025. El presidente ha pedido reiteradamente al Gobierno de Claudia Sheinbaum una mayor participación en la contención de migrantes y en el combate a las redes que operan a lo largo de las rutas hacia la frontera.
La presión diplomática también se ha trasladado a otros niveles. El pasado 26 de agosto, el secretario de Estado, Marco Rubio, se reunió con el canciller mexicano Roberto Velasco y le pidió adoptar acciones decisivas contra la inmigración ilegal, de acuerdo con un posicionamiento del Departamento de Estado.

La Administración estadounidense presume que las medidas adoptadas ya han tenido resultados importantes.
Al anunciar durante el verano que los cruces ilegales se encontraban en niveles históricamente bajos, el secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, resumió la política oficial con la expresión: “Nuestra frontera está cerrada para quienes violan la ley”.
Sin embargo, el endurecimiento de los controles también ha obligado a las organizaciones dedicadas al tráfico de personas a modificar sus métodos: una de las alternativas que ha cobrado fuerza es el uso de túneles construidos originalmente por los cárteles mexicanos para trasladar drogas hacia Estados Unidos y que ahora son aprovechados también para el movimiento clandestino de migrantes.

Especialistas y autoridades consideran que el fenómeno va en aumento, aunque no existen estadísticas oficiales precisas sobre cuántas personas han logrado atravesar la frontera utilizando pasadizos subterráneos.
“El control a lo largo de la frontera se ha vuelto más riguroso, y eso ha incrementado la demanda de métodos alternativos de paso”, explicó David Shirk, director del programa Justice in Mexico de la Universidad de California en San Diego.
El Gobierno de Trump ha reforzado las vallas fronterizas con kilómetros adicionales de alambre de púas, incrementado la tecnología de vigilancia y desplegado drones autónomos tipo Predator equipados con cámaras e instrumentos infrarrojos. Paralelamente, continúa la construcción de nuevas barreras físicas como parte de la promesa presidencial de ampliar el muro fronterizo.
El uso de túneles no es nuevo. En 2022, el entonces embajador estadounidense en México, Ken Salazar, había señalado la existencia de al menos 200 pasadizos a lo largo de la frontera, muchos de ellos entre Tijuana y San Diego.
La diferencia ahora es que algunas de estas estructuras han comenzado a enlazarse con sistemas de drenaje y alcantarillado para facilitar la salida de migrantes en territorio estadounidense.
En mayo fueron localizados 19 migrantes, incluidos 3 menores no acompañados, mientras transitaban por el sistema de alcantarillado de San Diego. Una cámara de vigilancia detectó al grupo cuando salía del drenaje. Las autoridades identificaron como responsables del traslado a dos hermanos que previamente habían enfrentado acusaciones relacionadas con tráfico de metanfetaminas.

Los pasadizos utilizados por las organizaciones criminales pueden contar con un elevado nivel de infraestructura. Los traficantes contratan especialistas en excavación que incorporan sistemas de ventilación, iluminación e incluso pequeños rieles para trasladar personas o mercancías. Aunque el costo es mayor, estas rutas permiten evitar los desiertos, montañas y zonas fuertemente vigiladas en la superficie.
Agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza y de Investigaciones de Seguridad Nacional también localizaron el año pasado un túnel bajo el Río Bravo que conectaba Ciudad Juárez con El Paso. El pasadizo conducía al sistema de alcantarillado estadounidense, desde donde los migrantes podían salir por una alcantarilla y abordar un vehículo colocado estratégicamente sobre el registro.
El negocio representa ganancias considerables para los grupos criminales. De acuerdo con un funcionario citado por el medio, los cárteles llegan a cobrar hasta 15 mil dólares por persona a migrantes latinoamericanos para utilizar túneles entre Ciudad Juárez y El Paso, mientras que el precio para personas procedentes de Medio Oriente o del sudeste asiático puede alcanzar los 25 mil dólares.
En la zona de Tijuana también fue localizado un túnel de casi medio kilómetro que llegaba hasta un inmueble cercano a la garita de Otay Mesa. Las autoridades estadounidenses atribuyeron su operación al Cártel Jalisco Nueva Generación y encontraron una estructura situada a unos 17 metros de profundidad, equipada con elevador hidráulico, ventilación y rieles con vagonetas. Durante la operación se decomisó además más de una tonelada de cocaína.
Otro pasadizo descubierto en San Luis, Arizona, tenía su salida oculta en un antiguo restaurante de KFC y, según las autoridades, era utilizado tanto para el traslado de migrantes como para el tráfico de droga. Estos hallazgos muestran cómo las redes criminales han ido adaptando infraestructura previamente destinada al narcotráfico a las nuevas condiciones impuestas por el reforzamiento fronterizo.
La estrategia de Trump enfrenta así una paradoja: mientras la cantidad de migrantes detenidos en la frontera terrestre se ha desplomado, el objetivo de alcanzar una migración irregular cercana a cero está provocando que las organizaciones criminales busquen rutas cada vez más complejas y costosas.
La presión estadounidense continuará tanto sobre sus propias agencias como sobre el Gobierno mexicano, con la intención de cerrar incluso los últimos caminos clandestinos que permanecen abiertos hacia Estados Unidos.
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