Por Horacio Cárdenas Zardoni
¿Cuánto se gastó el gobierno del estado, porque fue el gobierno del estado el que puso la lana, en “remozar” la calle de Victoria?, fue en tiempos de Humberto Moreira Valdés como gobernador del estado, y de Jesús Ochoa Galindo como secretario de comunicaciones y obras públicas, cargo al que entró como emergente luego de que el titular, Horacio del Bosque Dávila falleciera de la manera más tonta imaginable, en un accidente de avioneta junto con el alcalde de Piedras Negras José Manuel Maldonado, mientras supuestamente supervisaban el nivel de almacenamiento de la presa “La Fragua”, querían hacerlo, ver cuánta agua había, desde arriba… pero estábamos con lo de Victoria, si no nos acordamos mal, la cifra fue de cuarenta y dos millones de pesos, que en nuestra opinión de ahora y de entonces, era un dineral, una suma fuera de proporción ni para lo que quedó, ni para lo que ha durado.
La que durante quizá siglos, fue la calle más importante de Saltillo y por extensión de Coahuila, en lo político, lo comercial, lo social y hasta en lo social y familiar por todas las parejas que se formalizaron entre palacio de gobierno y la alameda Zaragoza, estaba en esos momentos bastante descuidada, no como ahora que está… bastante descuidada.
Y es que como lo decía hace años un crítico visitante de la capital de Coahuila, el centro histórico de Saltillo no le pedía en ese momento nada a Beirut, no por la cantidad de paisanos libaneses, sino después de un bombardeo aéreo. Efectivamente, son muchas las casas abandonadas por intestadas, muchos los edificios que se hicieron como la gran maravilla, y nunca les dieron una mano de gato, construcciones que en su momento pretendieron ser lo más moderno del diseño arquitectónico, y ahora tienen un aspecto deprimente al cuadrado. Cuando Humberto Moreira fue alcalde, algo quiso hacer para devolverle a las calles en las que transcurrió su infancia algo de la belleza que alguna vez tuvieron… si es que la tuvieron, porque la nostalgia es así, quiere ver bonito lo que a lo mejor nunca lo fue realmente, y la verdad, esas farolotas que puso por las calles del centro, nada tenían de la estética pretendidamente colonial, las hicieron en alguna herrería de mala muerte con materiales prefabricados, estaban enormes, y no, Saltillo nunca se alumbró con algo así… de feo. De su programa de arreglo de fachadas y banquetas solo quedan algunos de los mosaicos que incrustaron para el recuerdo, y un favor le hubiera hecho a fémures, tibias y caderas, si hubiera desterrado para siempre el mosaico chino, pero no, lo repuso con nuevo y allí sigue provocando resbalones y caídas innecesarias.
La pregunta se ha planteado muchas veces ¿se puede hacer bonito, hermoso, elegante, señorial, colonial, algo que no lo era antes?, la verdad creemos que no, tan simple como si la gente quisiera bonita su ciudad, la tendría bonita siempre, en la medida de sus posibilidades, y ningún esfuerzo oficial tendrá más que un éxito efímero y limitada permanencia, si no es propio de la población. Es el caso de Victoria, como ahora lo será de la calle Juárez con el proyecto Paseo Capital, en el que la actual administración municipal gastará cuarenta millones de pesos, una fracción de lo que costó hace una década lo de Victoria, que tan deteriorado luce por estos tiempos.
El centro de Saltillo siempre ha sido de corte más bien utilitario, las veces que han querido darle un toque más estético, el mármol que puso Montemayor en la plaza de armas, el concreto estampado con el que se pavimentaron las calles, los arcos que hizo Flores Tapia para tapar un cajón de zapatos donde habían tumbado antes otros arcos, el empedrado que quiere parecer un sarape que solo se ve desde un helicóptero y se resiente en cada torcedura de tobillo, son intentos que de momento parecen agradables, pero terminan al poco tiempo siendo lastimosos, y tanto que requieren una nueva inversión, un nuevo proyecto para tratar de lograr, ahora sí, lo que los anteriores fallaron.
A ver, ¿Quién habrá sido el gobernador que autorizó poner una central telefónica en Hidalgo a media cuadra del palacio?, ahorita está menos fea con el ladrillito que le pusieron para simular un estilo colonial imposible, porque en la Colonia no había teléfonos, pero de todos modos la monstruosidad sin ventanas, que por lo demás se repite en todas las ciudades de cierta importancia del país, afea cualquier cosa. A ver, ¿Quién fue el alcalde o gobernador que autorizó por allá en los sesenta, que el edificio a un costado de palacio, una mueblería y ahora un poco de todo, tuviera un estilo californiano, en plena plaza de armas?, y así con todo. Aceptemos que el concepto de centro histórico, en Saltillo y en todo México es relativamente nuevo, surgió con calzador como medida de tratar, que no lograr ni de lejos, evitar que los edificios originales de la colonia no fueran derruidos para construir otros que se adaptaran a las necesidades y gustos de los tiempos, terminando en lo que se ve ahora, una mescolanza de estilos que luchan unos con otros por evitar la decrepitud del paso del tiempo, por lo demás una misión fallida.
En fin que ya se anunció, y el proyecto va. Mucho y ramplón como todo lo que nos caracteriza, en otras ciudades, capitales y no, cuando cierran el tránsito de vehículos por el centro, es porque hicieron túneles para la circulación, estacionamientos subterráneos, y cosa así, acá no, nomás cierran y ya estuvo, que la gente vea que hace para sacarle la vuelta al bloqueo, ah y que también busque donde estacionarse, porque además de los parquímetros, le quitarán tres buenas aceras donde podía dejar su carrito.
Confiemos en que como dicen las autoridades, este proyecto sirva para detonar más y mejores iniciativas para agregar valor al devaluado centro histórico. Según nosotros, más valdría invertir en pequeños detalles, como forestación urbana, educación para que niños que luego se convierten en adultos, quieran a su ciudad y la cuiden, ojalá nos equivoquemos, pero eso de bonito a fuerzas no funciona.
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