BASE SOCIAL 

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Aquello fue de antología, como prácticamente todas las conferencias de prensa mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador, esta convenció a los extraterrestres que monitorean la vida en La Tierra por si representamos un peligro para ello, de que no, no hace falta invadir, solitos nos vamos a extinguir.

Primero el presidente envió un mensaje a los habitantes del estado de  Guerrero, al que quién sabe porqué le llaman tierra caliente, para que no se dejen manipular por las bandas criminales, a lo que siguió la intervención de Rosa Icela Rodríguez, su secretaria de Seguridad Pública y Protección Ciudadana, a quien  seguramente no le dio tiempo o se le cuatrapeó la posibilidad de reescribir su rollo, pues de plano soltó que fueron delincuentes de Los Ardillos, arropados por su “base social”, los que armaron el desgarriate en Chilpancingo, donde nomás les faltó… donde no les faltó nada, pues utilizando un Rino, vehículo blindado de la policía estatal y otro igual de la Guardia Nacional, fueron a tumbar las puertas del palacio del congreso y del palacio de gobierno, en lo que hubiera sido un golpe de estado en toda forma, de no ser porque no era un asalto al poder central, sino al del estado de Guerrero.

Los videos no dejan mentir, eran oleadas de gente caminando por las carreteras, los policías, guardias nacionales y soldados, los dejaban pasar como si nada, seguramente tenían órdenes de no intervenir, pasara lo que pasara, como de hecho pasó. Según una estimación de los que se han atrevido a hacerla, eran algo así como cinco mil personas, que no suenan a tantas, pero que siendo más o menos, constituían un auténtico río humano, capaz de poner en jaque a las autoridades establecidas constitucionalmente, el gobierno del estado y el de la república.

Que a lo mejor entre la turbamulta iba gente del grupo delincuencial al que le atribuyen la movilización, en nuestra opinión ni siquiera tuvieron que estar presentes, con echar a rodar la bola de nueve, esta se alimentó sola, creciendo a niveles de crisis de estado, los que mandaban en la manifestación tenían bien claros los objetivos, llegar hasta la sede de los poderes públicos, y si había manera, ingresar en los edificios, y si había manera… lo que fuera, que no se llegó al extremo de prenderles fuego, pero poco faltó, a lo que vimos gracias al trabajo de los reporteros que estaban allí haciendo su chamba heroica.

Lo que nos llama la atención a nosotros es lo que Rosa Icela mencionó de pasadita, y que su patrón manejó con la ligereza de siempre: no les hagan caso, nomás faltaba que repitiera la torpe receta que con los policías secuestrados en Chiapas hace dos o tres semanas, ir a acusarlos con sus abuelitos… lo de la base social.

Una cosa es que una banda criminal, que puede ser de cuatro o cinco, o cincuenta integrantes, se organicen entre ellos hasta llegar a constituirse en estructuras tan sólidas, complejas e ideológicamente firmes, que se identifican con órdenes de caballería, como los Templarios, o que peor todavía, se consideren a sí mismos como familia, como la Michoacana,  eso lo entendemos, todos “están en la polla”, todos llevan ganancia del botín que logren, y tienen la oportunidad de ir escalando desde halcón a sicario, de allí a jefe de plaza, capo, o como sea que se administren, ¿pero y lo otro? ¿cómo se explica uno que tengan una “base social”, y lo entrecomillamos porque es fecha y hora que nos negamos a aceptar esa realidad?

Sabemos que la gente va a donde le ofrezcan y le den algo. Durante décadas fue motivo de escarnio que para que el Partido Revolucionario Institucional llenara sus mítines, bastara que pusiera unos camiones para que la gente se subiera, y a cambio de su presencia les daban una torta y un frutsi. Luego lo han hecho todos los partidos, lo del acarreo y lo de la dotación de algo de comer y algo de beber, de lo más corriente y lo más barato, y la gente va. Sí, pero esto no era un mitin, y no era político, era un motín y tenía visos de levantamiento social, que si sabían porqué o para qué, eso es algo que habría que preguntarle a cada uno de los asistentes, pues el pretexto dado, la exigencia de liberación de un par de líderes de transportistas a los que detuvo, no la policía estatal, sino la Fiscalía General de la República en posesión de droga y cartuchos para armas de alto poder, nos suena un tanto hueco.

Vale la pena repetirlo, diez veces, cien veces, mil veces hasta que nos de vergüenza y nos decidamos a hacer algo. México, a los ojos de otras naciones, es un estado fallido, otra versión de lo mismo es que el 35% del territorio está en manos del crimen organizado, otra que puede ser complemento de la anterior es que en el 82% del territorio nacional hay presencia de bandas de delincuentes y narcotraficantes. Habíamos oído hablar del Triángulo Dorado, donde los narcotraficantes viven y actúan con total impunidad, habíamos oído del municipio de las Águilas en Michoacán, donde los soldados no se animan a entrar, ahora resulta que los municipios de Quechultenango, Chilapa, Hueycantenango, Acatepec, Atlixtac y Chilpancingo en Guerrero, son territorio de Los Ardillos, uno de los trece grupos criminales que operan en Guerrero, ni siquiera uno de los más importantes o fuertes, pero que tiene una presencia bien afianzada, al grado que, como los otros cárteles, podrían independizarse del país.

Pero regresando a lo de la base social. Desde leyendas hollywoodescas como las películas de Robin Hood en la supuesta Inglaterra medieval o aun antes, la gente se ponía del lado de los criminales más que de las autoridades, cuando estas eran injustas, es un fenómeno que se ha repetido infinidad de veces a lo largo de la historia en todo el planeta. ¿Qué encanto le representa la delincuencia a la población en general?, es algo que habría que estudiar, para entenderlo y para tratar de modificar el estado de cosas, porque así no habrá forma de que alguna vez se liquide la criminalidad en nuestras sociedades.

Aquí en Coahuila fue más que notorio, que durante años, y quizá todavía, el cártel comandado por Osiel Cárdenas Guillén, sí, tenía aterrorizada la región fronteriza de nuestro estado, como tamb’én la de Tamaulipas y de Nuevo León, pero también era ampliamente querido y respaldado. Era el que organizaba posadas para todo el pueblo, el que traía artistas para el 10 de mayo, el que a la hora de los desastres naturales, era el primero en enviar tráileres completos con alimentos, agua y lo indispensable para comenzar la reconstrucción. En Sinaloa, Sonora, Durango, los líderes de los cárteles son protegidos por esa base social que nunca los delata, más allá del miedo, está el convencimiento de que les deben más que lo que le deben al gobierno. Sí, es muy fácil recomendar portarse bien, y las amenazas de acusarlos con la mamá, el papá o los abuelos, para luego seguir con frivolidades, pero la realidad que nadie comienza siquiera a explorar, es esa, los criminales cuentan con un apoyo social si no inquebrantable, sí mucho más fuerte que cualquiera al que pueda aspirar el gobierno y hasta la nación. Váyanse acostumbrando, porque de esto cada vez veremos más y peor.


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