Editorial

BANDAZOS DE COMUNICACIÓN


Por Horacio Cárdenas Zardoni


El tema de la comunicación es siempre complicado, de hecho algo que debería ser de lo más natural del mundo, mereció que se le dedicara toda una rama del conocimiento para tratar de que funcionara más o menos bien. En efecto, la invención de las famosas ciencias y técnicas de la comunicación social, encuentra su origen en la dificultad, que algunos pesimistas llamarían incluso imposibilidad, de lograr comunicarnos entre nosotros, seres humanos, ya no hablemos de comunicarnos con otros seres con los que compartimos el espacio y el tiempo, y a los que de entrada les negamos siquiera la capacidad de comunicarse, que nosotros lo los entendamos, no quiere decir que no tengan algo que decirse entre ellos.


De todas las formas de comunicación existentes, una de las más importantes, no vamos a decir la que más, pero sí una de ellas, es la comunicación que existe o debe existir entre gobierno y gobernados. Sobre todo si estamos pensando en gobiernos democráticos, para que de veras sea del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, bueno, pues hay que preguntarle a la gente qué es lo que le interesa y le preocupa, solo así los de allá arriba se enteran de lo que les pasa a los de abajo, que ellos animosamente abandonaron para dedicarse a la denodada búsqueda del poder.


En eso de la comunicación gobierno gobernados ha habido de todo, y lo sigue habiendo, desde aquellos gobernantes que permanentemente están ‘tanteándole el agua a los camotes’ para conocer el sentir de la gente sobre cualquier cantidad de temas que les interesan o les afectan, hasta aquellos otros que no buscan ninguna clase de contacto con la población, ¿para qué, si ya saben que se la viven quejando de todas las cosas de gobierno, sin entender que aun las más descocadas, son en beneficio de la colectividad?


De un tiempo para acá se han popularizado los boletines de prensa, esos que la prensa reproduce como autómatas, sin cambiarle una sola coma (¿dónde he oído yo eso?), aunque esté mal puesta, así lo mandaron, así lo publicamos. Que si sirven o no sirven, es cosa de las oficinas de prensa y de sus superiores, pero sí le podemos decir que al ciudadano común y corriente le desencanta, y mucho, ver el mismo boletín repetido hasta la nausea, hasta que claro, es sustituido por el siguiente, para reiniciar el proceso.


Pero también está una manera de comunicación que podríamos calificar de informal, más orientada a ‘sensibilizar’ a la población sobre ciertos temas, aunque también cumple la valiosa función de sondear la opinión favorable o desfavorable, luego de lo cual, y después de analizar las respuestas, sale la autoridad a dar la ‘versión oficial’, además dándose el lujo de decir ‘yo no sé de dónde sacaron eso’.


Ha habido ya varios temas en los que el ayuntamiento de Saltillo se ha visto involucrado en esta clase de esquemas de comunicación, que nadie se traga que se hayan generado espontáneamente, o que como luego justifican, son estrategias de la oposición para perjudicar la buena imagen que ellos creen que tiene la administración.


Ese asunto de la concha acústica en la Alameda Zaragoza… primero arman todo un borlote de una pretendida consulta ciudadana para que los saltillenses opinen ¿qué es lo que les gustaría que hubiera en la Alameda?, a lo que por supuesto cada quien dijo lo que le vino en gana, desde que vuelvan a poner los puestos de fritangas, que seguramente extraña de épocas anteriores, hasta que vuelvan a permitir los paseos en pony, a que pongan canchas deportivas, o la citada concha acústica.


Tuvo que salir, o más bien salió el alcalde a decir que no, que para nada, que ellos no habían dicho nada al respecto de un área de conciertos, o bueno lo de conciertos sí, pero lo de una obra en forma de eso, concha, pues eso no. hasta donde supimos, la versión salió del Instituto Municipal de Planeación, que este trienio se ha dedicado a comentar sobre los más diversos temas, más en forma de lanzar buscapiés, que haciendo un análisis serio de lo que le importa y lo que necesita la ciudad de Saltillo y sus habitantes.


¿Para qué desperdiciar el tiempo en eso?, ¿para qué alterar el ánimo de la población?, porque así como hubo gente que dijo lo primero que se le ocurrió, también hubo, y quizá mucho más, que salieron a defender la Alameda, SU Alameda, a la que ante todo dijeron que la dejen como está, claro, con su mantenimiento, que bien que le hace falta.


Todo esto se dio además entre una versión de que querían convertirla en el parque insignia de Saltillo, como si no lo fuera desde hace más de un siglo, y además, con que había cien millones de pesos para invertir… todo para que luego el mismo alcalde saliera a decir que no, que esos son recursos concursables, que el municipio no tiene en la bolsa, todavía y quien sabe si los consiga o una parte mínima de esa suma, y para acabar de apachurrar el ánimo de los saltillenses, al decir que sí su administración lleva gastados quince millones de pesos en el arreglo de plazas y parques… de 100 millones a quince hay una diferencia de 85, que aunque claro que son bienvenidos los trabajos en las áreas verdes, camellones y parques, ya quisiéramos ver esa suma multiplicada hasta llegar a la centena.


Los saltillenses recibieron con malestar esa información, ¿100 solo para la Alameda Zaragoza, y 15 para todo lo demás?, mejor que hicieran otras veinte áreas verdes, otras cincuenta, del tamaño y densidad de vegetación que aquella, y entonces sí, estaríamos más que satisfechos, agradecidos. Pero no, se les va en comunicar y descomunicar, en informar y desinformar, atarantar al pueblo, que no termina de entender ¿qué es lo que de veras persiguen con su modelito de comunicación?


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