Ciudad de México, 26/09/24 (Más / IA).- Diez años después de la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, el caso sigue siendo una herida abierta para México, una muestra de la violencia que se ha enquistado en el país y que parece no dar tregua.
Este jueves, el aniversario de los hechos se conmemora con marchas y protestas en la Ciudad de México y diversas partes del país, recordando un crimen que marcó un punto de inflexión en la percepción de la seguridad y la justicia en la nación.
El ataque y desaparición de los jóvenes la noche del 26 de septiembre de 2014, a manos de una red criminal con complicidad de autoridades locales, estatales y federales, ha dejado una profunda cicatriz. A pesar de los esfuerzos por esclarecer los hechos, el caso Ayotzinapa sigue sin resolverse.
A lo largo de una década, los familiares de los desaparecidos han recibido pocas respuestas, apenas fragmentos de huesos encontrados y numerosas promesas incumplidas. El vacío en la narrativa oficial sigue intacto, y los culpables, en gran parte, sin castigo.
Un caso sin justicia plena
Durante la administración de Enrique Peña Nieto, entre 2012 y 2018, las investigaciones estuvieron marcadas por la opacidad y el encubrimiento, impidiendo un esclarecimiento rápido y contundente de los hechos. En contraste, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador llegó con la promesa de resolver el caso y hacer justicia. Sin embargo, a cinco días del final de su mandato, el expediente Ayotzinapa se ha convertido en una losa pesada para su administración.
López Obrador abrió las puertas a una nueva investigación que ha revelado un entramado complejo, donde el papel de las Fuerzas Armadas, uno de sus principales aliados políticos, fue central en la desaparición de los estudiantes.
A pesar de estos avances, el presidente no ha podido cumplir del todo su promesa de justicia, en gran parte debido a las pruebas destruidas en los primeros años tras el ataque, los testigos muertos y la falta de cooperación de varios actores involucrados.
Un país sumido en la violencia
El caso Ayotzinapa, aunque emblemático, no es un hecho aislado en México.
La violencia sigue azotando al país de manera brutal, con incendios de inseguridad en regiones enteras. Mientras el foco mediático se centra en casos más notorios, como ahora ocurre con la violencia en Culiacán, Sinaloa, donde pugnas entre grupos criminales han dejado muertos y desaparecidos casi todos los días durante las últimas dos semanas, otras tragedias pasan desapercibidas. El martes pasado, por ejemplo, ocho personas fueron asesinadas en Puebla y otras ocho en Guanajuato, sin apenas repercusión en los medios.
La espiral de violencia en México ha generado más de 30,000 asesinatos anuales desde hace ocho años. Cadáveres desmembrados abandonados en las calles, cuerpos hallados en fosas clandestinas y decenas de miles de desaparecidos son el rostro visible de una realidad que afecta a miles de familias en todo el país.
La impunidad, que supera el 90 por ciento, agrava esta crisis, y casos como Ayotzinapa iluminan esa realidad en la que convergen el crimen organizado, la política y las fuerzas de seguridad.
La Guardia Nacional: ¿solución o parte del problema?
López Obrador impulsó la creación de la Guardia Nacional como una estrategia clave para combatir la inseguridad. Sin embargo, la realidad muestra que el despliegue de estas fuerzas solo ha logrado un control territorial parcial, muchas veces sometido a intereses oscuros, como se evidenció la noche de Iguala en 2014. Este tipo de fallos estructurales revelan que la violencia no se erradica solo con presencia militar, sino con un sistema de seguridad que garantice justicia y controle eficazmente los territorios dominados por el crimen organizado.
La llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia el próximo 1 de octubre pondrá a prueba las capacidades del Estado para reformar las fiscalías y enfrentar el reto de la inseguridad. La mandataria entrante hereda un país con cicatrices profundas en materia de seguridad, y aunque la consolidación de la Guardia Nacional será parte de su agenda, el verdadero desafío radicará en darle un sentido efectivo a esa estrategia.

Un dolor persistente
El décimo aniversario de Ayotzinapa es un recordatorio doloroso de las falencias del Estado mexicano para resolver un caso que, a pesar de la atención que ha recibido, aún tiene muchas preguntas sin responder. Con 88 policías procesados, 16 militares, un marino, un alcalde y varios exfuncionarios bajo investigación, el rompecabezas sigue incompleto. Lo que ya se sabe es que el grupo criminal Guerreros Unidos, que atacó a los estudiantes, contaba con una red de apoyo institucional que iba desde lo local hasta lo federal.
El aniversario de Ayotzinapa no solo evoca el dolor de los familiares de los 43 desaparecidos, sino también el de un país que sigue inmerso en una violencia desbordada. La promesa de justicia aún no se cumple, y los mexicanos, al igual que las familias de los estudiantes, siguen esperando respuestas.
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Aparte de ser una muestra de violencia que vive en México también es una muestraDE LA INDOLENCIA, INEFICACIA o COLUCION CON LA DELINCUENCIA. Vean cuántos miless de extranjeros se trajeron indocumentados que saturan TLAGUAC chalco y milpa alta y que sin hacer nada, ratifica sheibaum QUE RECIBIRAN LOS NINIS AYUDA BIMENSUAL, serán para solapar a holgazanes de 18 a 29 AÑOS QUE JUSTIFIQUEN NO TENER TRABAJO.