Avanza iceberg rumbo a colisión contra isla

Georgia del Sur, 27/01/25 (Más / IA).- El iceberg A23a, el más grande del mundo y con una extensión de aproximadamente 3,500 kilómetros cuadrados, se encuentra a tan solo 280 kilómetros de la isla de Georgia del Sur, un territorio británico en el Atlántico Sur cuya soberanía también es reclamada por Argentina.

Su posible colisión con la isla pone en riesgo a numerosas especies de pingüinos y focas que habitan en la región, así como a las operaciones pesqueras.

Este coloso de hielo se desprendió de la plataforma de hielo Filchner en la Antártida en 1986. Durante años, quedó atrapado en el fondo marino y en un vórtice oceánico hasta que en diciembre del año pasado comenzó a moverse hacia el norte, debilitado por las aguas cálidas del océano. Actualmente, el iceberg se encuentra en proceso de desintegración, perdiendo grandes bloques de hielo que se hunden en las aguas circundantes.

Según el capitán Simon Wallace, quien comanda el barco Pharos del gobierno de Georgia del Sur, los icebergs son inherentemente peligrosos: “Yo estaría sumamente feliz si éste iceberg nos esquivara por completo”. Las imágenes satelitales y los sobrevuelos realizados por la Real Fuerza Aérea británica muestran cómo el iceberg se aproxima lentamente a la isla.

Georgia del Sur, un refugio natural para valiosas colonias de pingüinos rey, elefantes marinos y lobos marinos, ya ha enfrentado amenazas similares en el pasado. En 2004, el iceberg A38 encalló en su plataforma continental, causando la muerte de polluelos de pingüinos y crías de focas al bloquear el acceso a sus zonas de alimentación. Ahora, los científicos temen que A23a tenga un impacto similar, sobre todo si se rompe en vastos segmentos que podrían permanecer en la zona durante años.

Los expertos destacan que el fenómeno de los megaicebergs es cada vez más frecuente, aunque el cambio climático no parece haber sido responsable del nacimiento de A23a debido a su antigüedad. Sin embargo, el aumento de las temperaturas del océano y el aire está volviendo más inestables los casquetes glaciares de la Antártida, lo que podría generar más desprendimientos de este tipo en el futuro.

En un esfuerzo por entender mejor las implicaciones de estos gigantes de hielo, un equipo del British Antarctic Survey a bordo del buque de investigación David Attenborough estudió el A23a en 2023. La investigadora Laura Taylor recogió muestras de agua a 400 metros de sus acantilados. “Vi una enorme pared de hielo mucho más alta que yo, hasta donde alcanzaba la vista. Tiene diferentes colores en diferentes lugares. Se desprendían trozos; era algo realmente magnífico”, comentó desde su laboratorio en Cambridge, Inglaterra.

El análisis de estas muestras busca comprender cómo el derretimiento de los icebergs altera el ciclo del carbono en el océano Austral. Según Taylor no se trata simplemente de agua como la que bebemos. Está llena de nutrientes y sustancias químicas, así como de pequeños animales como el fitoplancton congelados en su interior. Este proceso podría impactar la química del océano, almacenando más carbono en sus profundidades y contribuyendo de forma natural a mitigar las emisiones de dióxido de carbono del planeta.

Mientras tanto, marineros, pescadores y científicos permanecen atentos al comportamiento impredecible de A23a. “Tenemos los reflectores encendidos toda la noche para tratar de ver el hielo; puede venir de la nada”, señaló Wallace, describiendo el peligro constante que representa navegar cerca de estos colosos helados.

A medida que se aproxima a Georgia del Sur, el A23a podría convertirse en una amenaza significativa para el frágil ecosistema de la región, dejando una huella duradera en el paisaje y en la vida de quienes dependen de estas aguas.


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