El Poder del Consumidor
Alejandro Calvillo
El jueves 16 de abril pasado se publicó en el periódico El Universal una nota firmada por la “Redacción”, en la que se afirma que quien escribe y la organización en la que labora, El Poder del Consumidor, promovemos políticas públicas dictadas desde intereses privados del extranjero con cantidades exorbitantes de recursos, realizando sobornos, estableciendo nóminas millonarias y favoreciendo a familiares. A esta nota, como era de esperarse, han seguido réplicas en otros 16 medios, incluyendo cuatro columnas. El fenómeno no es nuevo; ha ocurrido en ocasiones anteriores, justo cuando promovemos políticas en beneficio de la salud pública que afectan los intereses de las grandes corporaciones de las bebidas endulzadas y los productos ultraprocesados.
Si alguien dona, por ejemplo, recursos para hospitales o para la atención de los enfermos, nadie cuestiona esa acción tan noble. Pero ¿acaso noes un hecho reconocido y no puesto en duda que es mejor invertir en prevenir, que es mejor dedicar recursos para evitar que la gente enferme y que se requiere menor inversión en prevención que en atención? Y frente a las epidemias de obesidad y diabetes, consideradas el mayor problema de salud pública, las medidas preventivas son las que recomienda la Organización Mundial de la Salud, justamente las que venimos promoviendo y que se dirigen a reducir el consumo de los productos que generan esos daños. Pero sufrimos los ataques miserables de quienes se ven perjudicados por estas políticas: las grandes empresas que buscan seguir publicitando sus productos, invadir las escuelas, inundarnos de publicidad y llevarse las ganancias sin pagar los daños que nos dejan.
En esta ocasión, las notas se centran en decir que hemos promovido el etiquetado frontal de advertencia en los productos siguiendo los dictados de privados en el extranjero; no se dice nada de que la OMS, UNICEF, el INSP, la UNAM, etc., etc., apoyaron este etiquetado. La estrategia corporativa es generar una percepción deformada para defender sus intereses, sus prácticas que son causa importante de estas enfermedades.
En primer lugar, hay que señalar que el mandato de desarrollar etiquetados frontales en los productos que fueran útiles para los consumidores permitiéndoles realizar elecciones más saludables viene desde hace más de 20 años y ha sido acordado por la Asamblea Mundial de la Salud, de la cual México es parte. En este sentido, el propio Director de la OMS, Tedros Adhanom, felicitó a la Secretaría de Salud al cumplirse dos años del establecimiento del etiquetado frontal de advertencia de México.
Hace unas semanas, recientemente, la Organización Panamericana de la Salud / Organización Mundial de la Salud publicó su informe Mejores prácticas de etiquetado frontal de productos alimentarios en la Región de las Américas (https://www.paho.org/es/documentos/mejores-practicas-etiquetado-frontal-productos-alimentarios-region-americas) donde destaca el etiquetado frontal de advertencia de México. Este etiquetado también ha sido reconocido por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia / UNICEF, además de haber servido ya de modelo de etiquetado para otros países. Es decir, los señalamientos de que este etiquetado se impuso en México por intereses extranjeros son una estrategia más de la industria en contra de las políticas de salud pública que afectan sus intereses: ir contra el mensajero, no contra el mensaje.
En segundo lugar, en relación con los recursos millonarios, es importante señalar que la mayor parte de nuestros recursos se destinan a campañas públicas. En el periodo señalado entre 2020 y 2025, la mayor inversión realizada por nuestra asociación fue en una campaña pública para lograr que en las escuelas no siguiera vendiéndose comida chatarra y bebidas endulzadas, con el fin de garantizar sólo alimentos saludables en el sistema educativo nacional. En esta campaña tuvimos alrededor de siete carteleras en la calle y publicidad en camiones de transporte público en la Ciudad de México, spots en algunos noticiarios radiofónicos y en las redes sociales. Se realizó una investigación sobre consumo calórico en escuelas, se filmaron casos de éxito en escuelas públicas de Oaxaca, Jalisco y Chiapas, y se ha realizado la defensa legal de esta regulación ante los tribunales, que fueron inundados con más de 100 amparos por parte de la industria y algunas instituciones educativas privadas.
Los recursos que hemos invertido en estas campañas son ridículamente inferiores a los que una refresquera o productora de ultraprocesados invierte en su publicidad. Estas corporaciones pueden invertir cantidades multimillonarias en publicidad para inducir al consumo, asociando sus productos que dañan la salud con el deporte, la felicidad, la juventud, con lo que sea. Pero nosotros no podemos invertir cantidades mucho menores para informar de los daños de sus productos; esto es lo que les molesta.
En tercer lugar, los ataques, como en el pasado, han ido sobre los mensajeros y no sobre el mensaje. En lo personal, se me ataca de nepotismo en mi función como director de El Poder del Consumidor, favoreciendo a familiares con millones de pesos. Se dice que, de nuestra asociación, uno de estos familiares recibió siete millones 800 mil pesos entre 2020 y 2025. El único recurso destinado a este familiar en casi 20 años de existencia de nuestra asociación fueron mil 624 pesos por un trabajo de impresión que se le encargó. La otra persona de mi familia que se menciona ha trabajado en nuestra organización al frente de la Dirección de Diseño de las campañas públicas y de nuestros materiales gráficos. Esta persona comenzó a realizar esta labor desde antes de que nuestra asociación tuviera recursos para ese cargo, así que trabajó por años de manera gratuita. Posteriormente, ha ocupado el cargo de dirección de diseño gráfico. Estos casos son los que se utilizan para atacar a mi persona de nepotismo, lo cual pretende sustentarse en mentiras y falsos supuestos.
La evidencia sobre nuestro trabajo es pública y demuestra que desde hace ya cerca de 20 años hemos promovido las políticas públicas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y la Organización para la Agricultura y la Alimentación, entre otras instituciones internacionales y nacionales, para enfrentar lo que es hoy en día la peor amenaza para la salud de la población mexicana: las epidemias de obesidad y diabetes, declaradas oficialmente desde 2016.
La nota publicada en El Universal y las subsecuentes intentan generar una percepción sobre nuestra asociación, nuestro trabajo y mi persona, de malos manejos financieros, corrupción y servicio a intereses privados extranjeros. No existe ningún documento citado en la nota que demuestre esas prácticas. Lo que se demuestra es que ha existido un trabajo intenso, de hace años, de querer encontrar evidencia de malas prácticas financieras o políticas en nuestro trabajo para desacreditarnos, intentos que han fracasado.
Periódicamente hemos recibido este tipo de ataques a lo largo de estos casi 20 años de labor, que han ido desde el espionaje con el sofisticado sistema israelí Pegasus hasta múltiples acusaciones de todo tipo, nunca comprobadas, que surgen simultáneamente en varios medios justo en los momentos en que hemos promovido regulaciones que afectan los intereses de las grandes corporaciones de los refrescos y la comida chatarra. Esta nota difamatoria se presenta a una semana de retomar las discusiones del etiquetado frontal de advertencia, en las que hemos demandado claridad en la dimensión y ubicación de las leyendas dirigidas a proteger a la infancia sobre edulcorantes y cafeína.
Lo anterior ha ocurrido desde el inicio de nuestras labores, cuando promovimos la regulación de los alimentos y bebidas en las escuelas, la regulación del etiquetado frontal en estos productos, la prohibición de su publicidad a la infancia y las medidas fiscales. Los millonarios recursos utilizados en bloquear estas políticas, en las acciones legales para bloquearlas y en ataques anónimos, en versiones en los medios de descrédito hacia nosotros y hacia instituciones de investigación; recursos con usos oscuros, no reportados, destinados a bloquear políticas de salud pública y desacreditar a quienes las promueven, están del otro lado.
Es importante mencionar que las políticas de salud pública que hemos apoyado para su implementación en México han logrado que nuestro país sea reconocido internacionalmente como uno de los mejores ejemplos a escala global.
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