Ciudad de México, 14/08/26 (Más).- Aunque sus cerebros tienen apenas el tamaño de una semilla de amapola, los insectos cuentan con mecanismos para tomar decisiones, resolver problemas y coordinarse que han despertado el interés de científicos y que incluso han servido como inspiración para desarrollar sistemas utilizados por los seres humanos.
De acuerdo con información de BBC, hormigas, abejas, saltamontes, cucarachas y moscas de la fruta emplean distintas estrategias para elegir entre opciones, alcanzar acuerdos colectivos, modificar conductas y responder a situaciones de riesgo. Estos comportamientos muestran que la resolución de problemas no depende necesariamente de una capacidad individual compleja.
En el caso de las hormigas, la búsqueda de alimento ofrece un ejemplo de cómo un grupo puede encontrar la alternativa más eficiente sin que exista un individuo encargado de dirigir a toda la colonia. Las exploradoras recorren distintas rutas y dejan rastros de feromonas que pueden ser seguidos por otras integrantes del grupo.
Las rutas más eficientes terminan acumulando una mayor cantidad de feromonas porque las hormigas que encuentran alimento regresan con mayor rapidez y refuerzan esos caminos. Con el tiempo, los recorridos menos convenientes pierden presencia y la colonia termina concentrándose en la ruta más corta.
Este comportamiento inspiró el llamado método de optimización de colonia de hormigas, utilizado para resolver problemas relacionados con planificación, transporte, logística y redes de comunicación. Marco Dorigo, codirector del laboratorio de inteligencia artificial de la Universidad Libre de Bruselas, señala que el ejemplo demuestra cómo individuos con información limitada pueden producir soluciones colectivas sin un control centralizado.
Las abejas utilizan un mecanismo diferente para decidir dónde establecer una nueva colmena. Las exploradoras buscan posibles lugares y, al regresar, realizan una danza conocida como danza de meneo, mediante la cual comunican a las demás la dirección, distancia y calidad del sitio encontrado.
Cuanto más favorable consideran una ubicación, más vigorosa es la señal que producen. Otras abejas salen posteriormente para comprobar las propuestas y regresan con nueva información. Cuando un número suficiente coincide en una misma alternativa, la colonia alcanza un quórum y procede a trasladarse hacia el lugar elegido.
Los saltamontes, por su parte, ofrecen una lección relacionada con la indecisión. En experimentos realizados con ejemplares jóvenes, que todavía no pueden volar, se observó que los grupos cambian de dirección después de breves momentos en los que algunos individuos dejan de avanzar y adoptan una posición neutral.
El biólogo Christian Yates reprodujo un mecanismo similar con personas y encontró que permitir que los participantes se abstuvieran facilitaba que un grupo llegara a un acuerdo con mayor rapidez. La neutralidad temporal puede reducir el número de opiniones activas y hacer que pequeños cambios tengan una mayor influencia sobre la decisión colectiva.
Las cucarachas muestran otro mecanismo relacionado con la diversidad de comportamientos. Algunas son más audaces y exploradoras, mientras que otras tienden a permanecer en lugares seguros. Investigaciones mediante simulaciones indican que los grupos con diferentes tipos de personalidad pueden tomar decisiones colectivas con mayor rapidez que aquellos en los que todos los individuos se comportan de la misma manera.
Isaac Planas-Sitjà, de la Universidad Metropolitana de Tokio, encontró que una combinación entre individuos con diferentes tendencias favorece las interacciones sociales necesarias para seleccionar un refugio. Un grupo formado únicamente por ejemplares demasiado exploradores podría desplazarse constantemente, mientras que uno dominado por individuos tímidos podría instalarse rápidamente en un sitio poco adecuado.
Las moscas de la fruta, finalmente, muestran una capacidad distinta: integrar información externa con su propio estado interno antes de decidir. Las investigaciones citadas por BBC indican que pueden comparar olores, recompensas y riesgos y modificar su comportamiento dependiendo de factores como el hambre o el estrés.
Cuando dos olores son similares, por ejemplo, las moscas tardan más en decidirse. También pueden preferir una recompensa menor pero segura frente a otra más grande cuando esta última implica una amenaza. Sin embargo, sus decisiones cambian cuando aumenta su necesidad de alimento o cuando se encuentran bajo estrés.
Los cinco ejemplos muestran distintas formas de inteligencia colectiva e individual en organismos pequeños. Mientras las hormigas optimizan rutas, las abejas alcanzan acuerdos, los saltamontes utilizan la neutralidad para modificar consensos, las cucarachas se benefician de la diversidad de comportamientos y las moscas integran experiencias y estados internos antes de actuar.
Los mecanismos estudiados en estos insectos también ofrecen modelos para comprender cómo pueden surgir decisiones eficientes a partir de reglas relativamente sencillas. En algunos casos, esas estrategias ya han trascendido el ámbito de la biología y se han convertido en herramientas para resolver problemas de planificación y coordinación en actividades humanas.
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