ARMANDO GABINETES

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Ganar una elección, como sea, es un conjunto de actividades que podría calificarse de mecánicas, en las que una personas que busca el voto popular envía un conjunto de mensajes, y que si estos convencen, logran que la gente sufrague a su favor, y si es el que más votos consigue, se convierte en gobernante, tan sencillo como eso.

Ah pero gobernar, eso sí que es difícil, sobre todo cuando quiere el gobernante ser justo con todos los sectores sociales, no dejando a nadie fuera, aunque sea con poquito, pues la máxima de que los recursos disponibles para un gobierno son siempre insuficientes, la labor de gobernar se convierte en una de malabarismo presupuestal, con el que muy probablemente nadie quede completamente satisfecho, pero sí a todos con el sentimiento de que se les tomó en consideración. Cuando uno gobierna lo peor que puede hacer es apegarse a aquel principio egoísta de que el que quiere quedar bien con todos, con alguno queda mal, a lo mejor se vale para las relaciones personales o familiares, pero cuando se trata de un gobierno democrático, no se vale que nadie se quede atrás. Y es cierto, algunos reciben siempre más que otros, pero a esos otros también hay que procurarlos, pues no solo están en su derecho, sino que también tienen un peso político, al menos mientras sean electoralmente activos o influyan en quienes lo son, no se puede despreciar el voto de nadie, como tampoco sus necesidades y expectativas para con el gobierno.

Y en fin, de las cosas verdaderamente complicadas entre lo que es la elección y asumir el poder, está la conformación del gabinete… y allí te encargo, porque la selección de colaboradores es una tarea que esta sí, a muchos deja inconformes, pero por mucha que sea la cercanía, hay que sacrificar amistades, parentescos, compromisos, en aras de la función que cada puesto, y quien lo ocupe ha de desempeñar.

Quizá nunca antes se había tenido que enfrentar una conformación del gabinete tan compleja como la que se vive en estos tiempos en Coahuila. Por primera ocasión en la historia, se tiene un gobierno de coalición, uno que tiene que apegarse a unas reglas y disposiciones contenidas en una ley creada ex profeso para regularlo. Sí, antes en Coahuila, en otros estados y a nivel federal, había habido gobiernos emanados de alianzas de partidos, pero sin una normatividad clara de qué es lo que debería ocurrir. Todo se daba en la mesa de negociación, y a qué más que la verdad, muchos no quedaban conformes con la repartición de las cuotas de poder.

Lo cierto es que tanto en la pasada elección estatal, en la que salió electo Manolo Jiménez Salinas, como en los experimentos anteriores, siempre hay un partido que lleva la voz cantante, y los otros coaligados son meras comparsas, algunos haciendo aportaciones importantes en número de votos, pero hay sus diferencias, y se ha dado lo obvio, que el candidato ya convertido en gobernante, tiende a preferir a los de su partido por sobre los de los otros.

Buena parte del problema es que… entre políticos te veas, la profesión de político hace que todos tengan la característica de querer ser más, tener más poder, percibir mayores sueldos, tener mayor influencia, es parte de la forma de ser de quienes se dedican a la grilla, y como es de rigor, grillan para obtener la mejor posición posible, nada de sentarse a esperar que el gobernante les conceda lo que él considere que corresponde a su aportación, a la dedicación que pusieron, a sus habilidades y capacidad para ocupar un puesto específico en la administración y hacerlo indiscutiblemente mejor que cualquier otro aspirante en las mismas condiciones de ocuparlo.

Ni que decir que todos los dirigentes de partido quisieran ocupar la secretaría de gobierno… después de todo es el segundo puesto en importancia en la estructura oficial, sí, el problema es que de esta solo hay una, y hay tres partidos coaligados, con el agravante de que esa posición, por su importancia para el funcionamiento del gobierno, debe recaer en alguien de la absoluta confianza del gobernador, difícilmente se puede conceder a nadie como pago político de nada. En defecto de la secretaría de gobierno, está la secretaría de finanzas… ¿qué mejor posición que esa, de la que decía El Tlacuache Garizurieta que hay que estar cerca del que paga y lejos del que manda, y estar donde hay dinero…

Tampoco es tan sencillo ceder Finanzas, es una máquina que debe funcionar como el proverbial reloj, atrasándose cuando hay que hacer acopio de dinero para enfrentar ciertos gastos o pagos, no adelantarse nunca, tener mano izquierda para pedir prórrogas, puño de hierro para cobrar… en fin, este puesto sí es factible de conceder, siempre y cuando se tenga una supervisión permanente, con la que muchos no estarán conformes, después de todo ¿no soy el secretario de finanzas?

Allí está también la poderosa fiscalía general de justicia, que más que un regalo o un reconocimiento, es una maldición que dura probablemente de por vida, si es que no termina consumiéndola. Una cosa es ser político de templete y otra procesar delincuentes que se la tendrán jurada. Ernesto Zedillo fue el que le concedió la entonces PGR al PAN en la persona de Antonio Lozano Gracia, no terminó, y nunca volvió a figurar políticamente, vaya a saber por qué.

Total que secretarías hay pocas ¿cuántas entregará Manolo al PAN, cuántas al PRD y cuántas al PRI, cuántas a quienes acompañaron al ahora gobernador electo cuando fue alcalde y durante la campaña, cuántos de su gente de confianza de siempre?, luego siguen las subsecretarías, que hay más, direcciones generales, secretarías particulares, y direcciones de área, algunas más vistosas que otras, todas importantes.

Las negociaciones deben estar a peso, pero aquí un servidor recomendaría lo que decía El Padrino, hacerles una oferta que no puedan rehusar… no necesariamente darles lo que se imaginan que merecen, sino lo que puedan desempeñar ¿cómo le caería a un distinguido panista o perredista, hacerse cargo de la dirección de un grupo de la policía estatal?, hay un montón de corporaciones, a ver qué se siente mandarlos, más de diez se chisparían a los quince minutos, hay que dejarlos que se prueben. ¿Qué tal una dirección de averiguaciones previas?, quien aguante ocho días capaz que puede ser fiscal, y si no, pues no, ¿alguien quiere educación?, que platique con los líderes sindicales, con los profesores que quieren promoción, con los aspirantes que quedan fuera de las normales… y así, dependencia por dependencia.

La administración pública no es un regalo, ni un premio. Manolo dijo que habría chamba para todos… los que sepan cómo y no se cuarteen al hacerla. Ya si no pueden…


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