¿Halloween o día de muertos?
Manuel Fragoso Álvarez
Nuestra cercanía con la frontera norte o se los Estados unidos nos ha llevado a que esta festividad “pagana” como dicen muchos, sea celebrada y esperada por muchos niños y uno que otro adulto.
El origen de Halloween se remonta a más de 3,000 años, derivado de antiguas festividades paganas y religiosas. Los celtas, en lo que hoy es Irlanda, Escocia y el Reino Unido, celebraban el fin de la cosecha y el inicio del invierno creían que, en esta noche, “el velo entre el mundo de los vivos y el de los muertos se hacía más delgado, permitiendo que los espíritus vagaran por la Tierra”.
Al crecer el cristianismo, la Iglesia intentó absorber esas festividades “paganas”. Y fue el Papa Gregorio III quien designó el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos o Fieles difuntos posteriormente. El Halloween fue traída a Norteamérica por inmigrantes irlandeses y escoceses en el siglo XIX. La tradición del «obsequio o daño” (o dulces o travesura) tiene su origen en la persecución que hicieron los protestantes en Inglaterra (1500-1700) contra los católicos.
Así es que pronto las calles de nuestra ciudad se llenarán (31 de octubre y 2 de noviembre) de vampiros, zombis, princesas, catrinas, duendes, diablitos, brujas, bomberos, policías, momias y muchos otros seres más. Usted no juzgue, los niños no saben de demonios ni de ritos malos, ellos quieren dulces y divertirse un rato.
En Coahuila, por ser una frontera que colinda con los Estados Unidos, se han fusionado algunas de nuestras tradiciones con las suyas, por ejemplo esta celebración de Halloween ha venido ganado terreno y comparte el hecho de pedir dulces, hemos ido adecuando poco a poco que esta costumbre, se lleve a cabo paralelamente a la colocación de nuestros muy mexicanos altares de muertos, altares que hacemos, colocando comida, dulces regionales, tequila, tabaco, así como fotografías de nuestros muertos y comida típica que le agradaba al difuntito, también se hacen visitas a los panteones. Esto lo llevamos a cabo el 2 de noviembre, lo convertimos en un día especial al celebrar el hecho de la muerte con una mezcla de ritos prehispánicos y de la colonia en un mestizaje bastante enriquecido. Y los niños, allá por el sur, piden “su calaverita”, o sea dulces.
Los mexicanos nos caracterizamos por la forma en que tratamos de enfrentar la muerte, le tememos, pero la festejamos, tratando de alejarla de nosotros, de no sentirla ni pensarla real y jugar con ella. Incluso les hacemos su “calavera” literaria a políticos, amigos o familiares. Así mismo recordamos a nuestros seres queridos con altares, oraciones, fiestas y flores de cempaxúchitl. Sin embargo, desde hace poco más de 50 años el Halloween ha permeado nuestra cultura y si no opacando nuestras tradiciones, sí ha intercalado algunas costumbres.
Pocos pueblos como el mexicano le rinden culto ritual a la muerte: Ofrendas, canciones, respeto y humor son sólo algunas de las manifestaciones que tenemos los mexicanos hacia la muerte. Manejamos un humor negro que nos sirve para ocultar nuestro miedo a morir, miedo que persiste siempre, este ritual desde el punto de vista sociológico, funciona porque nos acercamos a la muerte de una manera amable y reparadora.
En una encuesta hecha a personas de distintas clases sociales, se arrojaron los siguientes datos; el 74% celebra Halloween o Día de Muertos, ponen su altar con fotografías y comida típica; 46% va al panteón en compañía de sus familiares; 31% compra dulces para dar a los niños; 40% asiste o hace una fiesta de disfraces.
En casas escuelas, oficinas y en varios lugares se construye un altar para celebrar a nuestros difuntos. (En Náhuatl el mes es Xócotl Huetzi y la fiesta Hueymiccailhuitl) El altar estará erigido en siete pisos y cada uno de ellos tiene una representación. La ofrenda se realiza para atraer y agasajar a los difuntos de la familia para que disfruten de las mismas cosas que cuando estuvieron vivos. Por lo mismo, se colocar sobre el altar cualquier objeto del gusto del difunto.
Elementos que componen nuestros altares de muertos
1. Imágenes de los difuntos. Con fotos de la o las personas a las que se dedica el altar
2. Veladoras o cirios, para alumbrar el camino de regreso a este mundo terrenal
3. Flores. La flor de cempasúchil, que ha sido característica de estos días
4. Sal. Que se coloca en un recipiente sobre el altar como un símbolo de purificación
5. El incienso. Para la parte espiritual
6.- Papel picado. Papel de china Morado y blanco. Que representa el aire, su movimiento con el viento simboliza la presencia de los espíritus y la fragilidad de la vida
7. Un perro para que guie al difunto desde el más allá
8.- una rama de Rosal para ahuyentar la maldad, o al Diablo según sea el caso
9. Calaveras. Suelen emplearse calaveras de diversos tamaños, ya sea yeso o de distintos materiales comestibles como son el chocolate, el azúcar y el amaranto, con nombres de personas
10. Comida y bebida, esta es la que les gustaba a nuestros difuntos
11. Artículos religiosos
12.- Una mariposa, éstas son mensajeras que traen el espíritu de los muertos, representando así la vida, la muerte y el renacimiento.
Finalmente se forma un camino de cal y flores desde la puerta hasta donde está el altar, se prenden cuatro velas principales formando una cruz orientada a los cuatro puntos cardinales, al lado del altar, se pone una olla de barro sobre un anafre con hierbas aromáticas: albahaca, laurel, romero, manzanilla y otras más. Y esperamos que lleguen nuestros familiares que han trascendido.
Como podemos ver, hay de tradiciones a tradiciones, yo creo que es imposible quitar o evitar, en este mundo globalizado, las de otros países, lo único que nos resta es aceptarlas y tomarlas como lo que son, una celebración, un mero escape de la cotidianeidad y un momento de diversión, y nada más.
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