Pedigüeños y menesterosos
Manuel Fragoso Álvarez
Tenía por costumbre, traer en el coche un pequeño recipiente que llenaba de monedas y cada que me paraba en un semáforo y alguien se acercaba a pedirme, le daba una o dos monedas de acuerdo a cómo los veía, a señoras o señores grandes un poco más. Pero luego esto se hizo imposible, porque en cada esquina había uno diferente, desde los limpiavidrios, hasta las personas de otros países que andan en nuestra ciudad.
En una película mexicana –cuyo nombre no recuerdo- había un señor que se dedicaba a pedir dinero en la vía pública, por las tardes se cambiaba de ropa y se retiraba a descansar a su casa que era una casona a todo lujo, a fumarse un puro y beber una copa de coñac.
Y ¿por qué estoy hablando de esto? Pues porque a partir de la crisis, el desempleo, las nuevas tarifas en el transporte, aumento de luz, agua, gasolinas, canasta básica, alimento para perros, cigarros, alimentos “chatarra”, refrescos, y muchos etcéteras más, nuestra ciudad tiene más personas que andan pidiendo a todas horas del día, yo no digo que unos en verdad tengan necesidad de pedir, pero en otros muchísimos casos no.
Andan señores y señoras, que ya encontraron en esta actividad su modus vivendi, por ejemplo, hay un señor que usa sombrero, se ve fuerte, recio y pide en varios cruceros la ciudad, con su “andadera”, se acerca y te hace la señal de dinero con el dedo índice y pulgar. Un día me lo encontré en un partido de Beis-bol, con su ropa limpia, sombrero de fieltro y sentado tres o cuatro filas más adelante que yo en los llamados palcos, consumía –por supuesto- sus cervezas acompañándolas de algunas de las frituras que ahí se ofrecen.
Pasa por mi casa una señora delgadita y envuelta sempiternamente en su rebozo, toca casa por casa y pide una “ayudita” siempre anda descalza y aunque se le dan zapatos, o suéter o ropa, ella siempre anda con su chal y descalza, una señora dice que tiene un puesto en un mercado de “pulgas” y que ahí vende todo lo que le obsequian. Luego están los que te esperan a la salida de misa, en la parada del trasporte, las “Marías” con sus pelotas, los traga fuego, y la nueva modalidad, los artistas: chavos con rastas que se dedican a hacer malabares con cajas machetes, cuchillos, palos, ruedas, fuego o lo que sea con tal de pedir tu voluntaria “cooperación”. Que conste, cada quien hace su lucha como puede, sólo estoy ejemplificando todas las formas que hay de cómo tenemos que soltar una moneda por aquí y otra por allá.
Pasan por mi casa un par de señoras jóvenes y robustas, “me regala algo” lo que sea, mandado, una moneda, ropa, juguetes y también si tiene algún aparato eléctrico, agarramos de todo; una tele, un e-box, una video u tostador, no importa si están descompuesto. Una vecina les ofrece algo de comer en un plato desechable, lo toman, pero más adelante lo tiran. Anda un joven en una silla de ruedas, desconozco la enfermedad que tenga, pero ya sólo es la mitad de sí mismo, quizá el sí lo necesita, pero se hace acompañar de jóvenes pandilleros que empujan su silla y lo ayudan a pedir yo pensé que le hacían el favor, pero van a “mitas” lo que gana se lo reparten y compran droga.
¿Será el desempleo, la mala fortuna, el desplazamiento de una ciudad a otra, el hambre, el abandono y la supervivencia los que los hacen (sobre) vivir de esta manera? ¿O encontraron una forma de no trabajar y obtener un beneficio?
Muchas veces el gobierno los retira de los cruceros, y ya se ven pocos niños pidiendo, tal vez porque los multan o se los quitan a los padres, pero ya no hay tantos.
Tal vez nosotros les damos una moneda porque tenemos pena, o nos gana el remordimiento social, -yo-si-tengo-para-comer y ellos no-, pero la verdad ya hay demasiadas personas pidiendo y ahora, muchas señoras con su típico traje indígena haciendo malabares con pelotas multicolores, tal vez deberían de investigar quién o quiénes las trae de sus comunidades y las tienen realizando ese tipo de actividad, de dónde vienen, dónde viven y hacia dónde van las ganancias.
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