Por Enrique Abasolo
Si mi reloj biológico no miente (porque me avisa el muy desgraciado), por estas fechas nuestros candidatos a la Gubernatura están dando por concluido el espectáculo que con tanto amor y esmero nos preparan para cada ocasión. Ya usted sabe, el consabido numerito electorero en el que nos muestran cuán sencillos, humanos, accesibles, afables y cálidos son con el pueblo de a pie.
Así que espero que haya usted gozado con este alarde de humildad (oxímoron) en el que sin hacer distingos ni discriminar, los candidatos abrazan a la clase obrera; al don y a la doñita y sin miedo al helicobacter o a la amibiasis, empacan cuanto taco placero se les cruza y cuanta vianda les ofrecen.
¡Ah, qué tragar! Pero es que si no se exhiben comiendo casi que del mismo plato que los aldeanos, ¿cómo podrían convencerlos de que son iguales a ellos?
Al menos hasta el día de hoy no se ha descubierto otro método más efectivo para tratar de conectar con las clases populares que compartiendo las modestas viandas de la plebe. Si le funcionaba a Pedro Infante, que era un portento de guapura y de carisma, por qué no habría de resultar con los esperpentos photoshopeados que aspiran a un cargo.
Pero el precio de que Sus Majestades bajen de sus palacios a compartir el pan y la sal con los pueblerinos, es que los últimos acceden tácitamente a ser utilizados en la propaganda electoral que da lustre a la imagen del candidato sin cobrar por ello un solo duro. Si muy al contrario, es todo un privilegio que lo tomen a uno en cuenta y hasta deberíamos pagar por tal honor, pero es que los suspirantes son tan generosos que por andar en campaña, hasta se nos ponen en oferta.
Claro, en las fotos, al pueblo se le ve cansado, desmejorado y hasta tostado por el sol, mientras que los candidatos en comparación casi resplandecen. Pero es que los asesores, consultores y especialistas en imagen de campaña saben de qué ángulo retratan mejor, no piense que es por su vida de privilegios en la que minucias como la alimentación o la salud están garantizadas.
¡Entienda!: Si nuestra clase política se ve rebosante, saludable, feliz y hasta “güerea” frente a un broncíneo electorado que envejece al doble de velocidad, no vaya usted a creer que es consecuencia del sistema de castas que sigue vigente hasta nuestros días desde épocas de la Colonia, no. Es sólo la manera que tiene Dios para señalarnos a aquellos que poseen las facultades para gobernarnos. ¡Y todavía tenemos la enorme fortuna de poder escoger entre alguno de ellos! Así que agradecidos deberíamos estar.
Los candidatos se nos suelen presentar además como gente de valores tradicionales, muy comprometidos con la familia nuclear y por ello, sin ningún tipo de empacho o remordimiento, hacen de sus consortes y prole también parte de su afiche de propaganda.
“¡Mira al candidato con su mujer e hijos! ¡De tan felices hasta parecen comercial de papel Charmín!”.
“¡Mira la candidata como esposa y madre de familia! ¡Se ve tan sencilla y tan humana!”. (¡Tú no, Claudia, Sheinbaum! Tú te ves rarísima y por eso te andas inventando una boda con otro extraterrestre igual que tú).
Utilizar el retrato de la “familia perfecta” como parte del marketing político no se inventó en México, ni mucho menos. Pero siempre es divertido atestiguar cómo muchas veces, tan pronto concluye un periodo, una gestión gubernamental, el exfuncionario y su consorte se mandan al carajo con más rapidez que el proceso administrativo de entrega/recepción.
Pero mientras están en funciones y gozan todos de los privilegios, los políticos tienen familias idílicas, amorosas, solidarias, modelo.
Decía al inicio que nuestros candidatos habrán celebrado ya quizás sendos mítines con bandas de música popular, delirantes discursos triunfalistas y todo el acarreo que su estructura partidista les permita, antes de hacer el obligado hiatus al que la Ley les obliga, previo a la jornada electoral.
No se anticipa ninguna sorpresa para las entidades en disputa. El PRI conservará el Estado de Coahuila, porque por alguna razón sobre la cual sólo podemos especular, el partido del Presidente no quiso levantar una candidatura seria, competente -¡De verdad!- y prefirió salir con su gastada broma de Armando Guadiana.
Mientras que Morena se hará con el EdoMex, perdiendo el Revolucionario Institucional por primera vez el control político de la entidad más importante en lo electoral; todo pese a la impugnabilidad de la delincuente confesa que AMLO impuso como alfil para dicha casilla: doña Delfina Gómez
Ambas entidades han sido gobernadas durante un siglo por el PRI. Y mientras en un escenario veremos cómo se repliega la estructura del partido para tratar de reinventarse de cara a la sucesión presidencial, en el otro extremo los veremos negociar por la subsistencia de su élite bajo las reglas que el nuevo partido oficial del Presidente les imponga.
Respire aliviado por un instante, que las campañas -¡Bendito sea Morgan Freeman!- por fin terminaron.
Y vuelva enseguida a tomar otro generoso jalón de aire porque ya pasamos lo malo, pero se avecina lo peor.
O bien, parafraseando al Centauro del Norte: “¡Ánimo, cabrones, que adelante está más feo!”.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
