Horacio Cárdenas Zardoni
Si no la ha oído se la recomendamos ampliamente, no con fines didácticos, que algo hay de eso, sino por un afán de divertirse. Estamos hablando de la canción ‘Voy en el Metro’ de Chava Flores, que a algo más de cincuenta años de distancia de que fue creada, sigue siendo un retrato de los mexicanos frente a la tecnología, el desarrollo y la innovación, por no hablar de la risa que pueda darnos eso de que aquí no admiten guajolotes, ni tamarindos, zopilotes, ni huacales con elotes, ni costales con carbón, que es como, nos imaginamos, que se viajaba en los camiones urbanos de la ciudad de México en aquellos tiempos en los que todavía era Distrito Federal, y como se sigue viajando en algunas rutas urbanas y suburbanas de cualquier sitio de la república mexicana, incluyendo Saltillo y sus alrededores.
La parte más simpática, bueno toda la canción lo es, pero la introducción es una joya, allí donde pregunta al auditorio ¿a poco a ustedes no les dio ñañaras la primera vez que se subieron al Metro?, lo primero que yo pensé es que esta cosa ha de dar toques… y ya de por allí se sigue describiendo las muchas, o no tantas, recomendaciones de no empujar, no fumar, dejar salir antes de querer entrar, y otras por el estilo, que siguen vigentes y que no son otra cosa que meras reglas de urbanidad en un transporte que estaba destinado a ser la columna vertebral de la movilidad de la capital del país, y mire que en todo este tiempo ha pasado por buenos, por malos y por pésimos momentos, sobre todo de orden presupuestal.
En la canción Chava Flores expresa su molestia ante tanta supervisión y tanta recomendación, y dice ‘ya me agarró de su puerquito’, y es allí donde queremos hacer un símil con lo que nos está pasando ahora en Saltillo con lo de los semáforos inteligentes instalados en bulevar Venustiano Carranza a iniciativa del alcalde José María Fraustro Siller, y por los cuales se contrató a una empresa, la misma de toda la vida, Semáforos Mexicanos, SEMEX, por un monto superior a los catorce millones de pesos.
Los saltillenses somos lentos para el cambio, somos por decirlo así, y usando el lugar común, sin ganas de ofender a nadie, animales de costumbres. Así como aprendimos a manejar, a hablar, a tratar a las mujeres, a lo que sea, así nos comportamos toda la vida, y la verdad es que nos cuesta y mucho cualquier cambio, si es que de plano estamos dispuestos a aceptarlo, porque no, no somos muy dados a eso. Si algo le funcionó a mi abuelo y a mi padre, ¿Por qué no habría de funcionarme a mi y a mis descendientes?
En honor a la verdad, manejar en Saltillo es mucho más fácil que hacerlo en muchas ciudades de la república, ¿y sabe porqué?, porque a alguien que nos conocía lo cabeza dura que éramos ya entonces y seguimos siendo, ¿porqué demonios me voy a frenar en un semáforo?, ¿pues quienes son estos fulanos para decirme cuándo debo de pararme?, el hecho es que quien diseñó el sistema semafórico en la capital coahuilense, casi seguro que SEMEX, los programó para que antes de cambiar de verde a ámbar, el verde parpadeara dos veces, esto como aviso de que iba a entrar la preventiva y luego el alto.
Así ha estado por décadas, y la verdad, para quienes conducimos aquí, nos funciona de maravilla, lo cual no quiere decir que no se presenten accidentes viales, que hay gente que cree que el amarillo es todavía verde, y el rojo es como si fuera preventiva, para que abundo más, si nos conocemos.
Pero es cierto, va uno a cualquier ciudad donde no hay ese aviso del verde intermitente, y nos sacamos de onda gachamente. Anda uno medio perdido, buscando una calle o una dirección, y los semáforos nos cambian de verde a ámbar sin avisar, nos llevamos cada susto que para que le platico.
El problema comienza cuando los semáforos inteligentes de bulevar Venustiano Carranza nos dan cada desconocida a los hombres y mujeres que nos gusta tener la confianza que solo da la costumbre de que así ha sido toda la vida, desde que comenzamos a manejar y desde los tiempos de que mi abuelito traía un Packard.
Y dijéramos, no es que tenemos que adaptarnos a la modernidad. Efectivamente, la costumbre tiene que convivir con las innovaciones en el mundo, ¿pero si le platico que a veces el semáforo si da los dos flashazos de la intermitencia, y a veces no?
Obvio, como todo saltillero novedoso, allí estamos observándole todas las precisiones e imprecisiones al sistema de semáforos inteligentes, y nos hemos topado con que, por ser inteligentes, no tienen siempre la misma cadencia, por no decir que la alteran cada ocasión, dependiendo de las condiciones del tráfico, y no solo en el crucero que estamos enfrentando, sino en los anteriores y posteriores, lo que hace que las decisiones sobre el tráfico, darle celeridad aquí, detenerlo allá, se están tomando en algún sitio del que nosotros meros mortales, no sabemos nada de nada.
Nos habían dicho, así estaba en los comunicados de prensa, que las vueltas simultáneas a la izquierda serían la tónica en el cruce con Luis Echeverría, y uno que busca la certeza, lo entendió así, cuando van de norte a sur y sur a norte, uno se espera para la vuelta, y cuando damos vuelta, aquellos se detienen, pues nada, resulta que nos ha tocado ya en varias ocasiones que de sur a norte están en verde tanto para seguir de frente como para dar vuelta, y obvio del otro lado, están detenidos los de la vuelta y los que irían hacia el sur, en una monserga que se nos antoja complicada, en parte por las rayas como las pintaron en el suelo, y en parte porque contraviene lo que nos habían dicho y explicado hasta hartar.
Lo entiendo, es parte de los ajustes de la inteligencia, si se puede aligerar el tránsito en cierto crucero, sin afectar a los otros interesados en pasar, pues lo hacemos y así se va desfogando el número de vehículos a la espera allí y en los semáforos subsiguientes.
Hasta el momento de teclear estas líneas no ha pasado nada, no tendría porque ocurrir nada, si estamos hablando de conductores que saben lo que están haciendo, pero allí es donde radica la cuestión, que no todos hicieron examen, no todos tienen los reflejos para interpretar las señales cambiantes de los semáforos inteligentes, que no hacen lo que se supone harían sino lo que más conviene al tránsito en ese momento específico.
En fin, cosa de adaptarse, si es que se puede, y si no, pues vamos para atrás, no será la primera ocasión.
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