Cuando el 20 de enero de 2020 se inició la excavación de la fosa de Pico Reja en el cementerio sevillano de San Fernando, Carmen Amado, que entonces tenía 78 años, creía que no viviría para ver terminados los trabajos de exhumación. Tres años después, ella y su hermana mayor, Pepita, han echado este martes las últimas paletadas de tierra para cerrar una herida que ha supurado dolor durante más de ocho décadas.
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