Por Jorge Arturo Estrada
El presidente fracasó como gobernante, aunque se convirtió en el mejor político del país
| Morena se mantiene arriba en el Edomex, la alianza no repunta ni se concreta
Morena está unido y organizado en el estado de México. Va adelante en las encuestas serias con su virtual candidata, Delfina Gómez. Desde hace meses mantiene la percepción ganadora rumbo a la elección del 2023 en la que se renovará la gobernatura de esta entidad. En contraste, la Alianza PRI-PAN sigue en las negociaciones, acerca del personaje y el método, para elegir al suyo. Lo que está en juego no es solamente el morbo de la eventual extinción del tricolor; también lo son, los 12 millones de electores y los 300 mil millones de pesos, de presupuesto anual mexiquense, para seducirlos y conquistarlos para la elección presidencial del 2024. El escenario es muy complicado para los priistas.
Así, el panista, Enrique Vargas del Villar sigue presionando con el fin de establecer las reglas para una alianza. Lo mismo, su dirigente, Marko Cortés Mendoza, quien se pronunció por construir una gran coalición y pidió a todos los partidos de oposición definir criterios claros y transparentes. Ambos expresaron, que a través de una o varias encuestas, definirían a su abanderado para 2023 y así “llegar con lo mejor y evitar que lo peor de la política venga al Estado de México”, subrayó.
El destacado priista, Rubén Moreira, también estuvo en el Edomex y consideró que esta entidad será gobernada “por un o una priista”, la cuestión de género no se ha definido tampoco, lo que sigue causando incertidumbre en Coahuila y el Edomex.
El desprestigio priista, entre los clasemedieros mexicanos, sigue aumentando por la actuación y las evidencias que implican al dirigente nacional, Alejandro Moreno, en situaciones escabrosas. Adicionalmente, aun dentro de su partido, los resultados electorales desastrosos han generado divisiones profundas.
Las elecciones estatales las ganan o las pierden los gobernadores. En esta entidad, a Alfredo del Mazo, se le percibe titubeante y mal calificado. Asimismo, al otrora estrella mediática, el expresidente, Enrique Peña Nieto, tan desprestigiado y derrotado, es atacado desde el palacio nacional por casos de corrupción y tal vez por lo de Ayotzinapa. A López Obrador, no le tiembla la mano para acusar a quien se atreva a oponérsele.
Como remate, tanto a Vargas como a las priistas, Alejandra del Moral y Ana Lilia Herrera, se les percibe débiles y con muchas cosas pendientes que mejorar. Aunque a Delfina, lo único que la sostiene es la fuerza popular del presidente y el antipriismo enorme que existe en el Edomex. Hace cinco años, Del Mazo ganó con menos del tres por ciento de los votos.
El Edomex, no es el laboratorio electoral para el 2024, como se dice tradicionalmente. Más bien, es la mina de millones de votos y de pesos, que se necesitarán para ganar la presidencia de la república. Veremos.
| El presidente fracasó como gobernante, aunque se convirtió en el mejor político del país
Dos tercios del sexenio consumidos. Malos resultados. Un cuarto de su popularidad la perdió, en ese tramo. Ese, 80 por ciento, había sido su rasgo sobresaliente. Ahora, el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, navega con un 60 a favor y 40 en contra. Es buena calificación, pero es similar a las de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón en el mismo lapso. Al finalizar su cuarto año de gobierno, ya solamente le queda hacer campaña para sostener a la Cuarta Transformación en el poder, aniquilar al PRI, e inaugurar sus obras insignia y debe apurarse.
El “No somos iguales” se agotó. Las mentiras llenaron la mañanera y la propaganda, pero fueron insuficientes para mantener a su aura intacta. Ya sin magia, ni calidad moral, el tlatoani transitará el último par de años que le restan en el Palacio Nacional. El tiempo se agota, su gobierno también, pero su poder político ha crecido exponencialmente. Actualmente, él gobierna sin contrapesos, ya se encargó de desgastar a algunos y destruir a otros. Es el político, en activo, más poderoso del país.
Andrés Manuel, resultó igual que muchos de los otros, pero con peores resultados. Su estilo personal de gobernar chocó frontalmente con la realidad del siglo XXI, en un entorno tan globalizado y turbulento. Su visión setentera le quedó chica al país. A su gestión, ya solamente, le alcanzará para impulsar al subdesarrollado sureste, si le salen bien sus proyectos estrellas. Allá la informalidad laboral ronda el 80 por ciento, con Oaxaca, con el 80,5; Guerrero, 79,7, y Chiapas, 76,2. Al gobierno de la Cuarta Trasformación, le quedó grande el país.
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