AMLO saltando el tiburón

Por Enrique Abasolo

Hay que tener cierta cultura televisiva en grado avanzado para conocer el origen y significado de la frase “saltar el tiburón”… Y por esa razón es precisamente que yo estoy aquí para usted.

La frase nos remite a un show clásico de la televisión estadounidense que, a diferencia de tantas otras series contemporáneas, no fue tan popular en nuestro País. Hablamos del sitcom “Happy Days” (“Días Felices” de la ABC), transmitido a lo largo de 11 temporadas, de 1974 a 1984.

Se trataba originalmente de una comedia ligera, ambientada en los años 50, en torno a la vida de Richie Cunningham, un estudiante de secundaria de Milwaukee, Wisconsin, interpretado por un jovencísimo Ron Howard (a la postre consagrado cineasta responsable de clásicos como “Apollo 11” y  “Una Mente Brillante”).

Uno de los personajes secundarios era el mejor amigo de Richie, un tal Arthur Fonzarelli, conocido universalmente como “Fonzie” quien, a diferencia del teto protagonista, era el chico “cool”, el alivianado. Ya sabe: chaqueta de cuero, cabello envaselinado, motocicleta; el cliché del “Greaser” de los albores del rock and roll.

El carisma de Fonzie (interpretado por Henry Winkler) se robó todo el protagonismo de la serie, volviéndose el personaje más popular y es hasta la fecha objeto de culto en el imaginario televisivo norteamericano.

Para la quinta temporada, la serie había perdido su espíritu así como la esencia del concepto original. Los escritores perdieron hasta el tono del humor, metiendo a los personajes en situaciones cada vez más absurdas en detrimento de la calidad.

En el episodio llamado “Hollywood Parte 3”, los protagonistas se encuentran en Los Ángeles, Cal. (lo que sería el equivalente a llevar a la Vecindad del Chavo a Acapulco) y por alguna razón Fonzie es retado a un duelo de esquí acuático, el cual implicaba hacer un salto por encima de un tiburón enjaulado (spoiler: Fonzie acepta y brinca al escualo).

Es obvio que, si concibes una serie de añoranza sobre la vida de los años de la postguerra y te encuentras de pronto rodando una escena en la que un rebelde sin causa -en traje de baño, esquíes y chaqueta de motociclista- hace una acrobacia acuática que involucra a un tiburón, en algún punto intermedio perdiste la brújula.

Fue el locutor y comentarista John Hein quien señaló la escena en cuestión como el punto de inflexión, el momento indiscutible de la decadencia de un show que llegó a ser el número uno de la televisión norteamericana.

Luego, por asociación, comenzó a utilizar la expresión “saltar al tiburón” para ubicar cuando a otras series se les habían agotado igualmente las ideas y se estaban extendiendo ya de manera innecesaria.

Verbi gratia: Hay un nutrido debate sobre el capítulo en el cual “Los Simpson” saltaron el tiburón, muchos dicen que fue el episodio “The Principal and the Pauper” (Ep 2. Temp. 9. “Vida Prestada” en Latinoamérica) y que a partir de entonces jamás volvieron a ser lo que en un inicio significaron.

Más adelante, por extensión, la frase comenzó a utilizarse fuera del ámbito televisivo y del entretenimiento en general. Y es que resulta tan pintoresca, al menos dentro de la cultura gringa, que se puede utilizar prácticamente en cualquier contexto.

Cuando algo o alguien gozó de gran popularidad y, en un afán de mantenerse vigente, se comienzan a dar palos de ciego hasta el punto de lo bochornoso, podemos decir que ya está “saltando el tiburón”.

Si se implementan estrategias cada vez más artificiosas y rebuscadas con tal de que les sigamos prestando la misma atención; si se incurre en el desfiguro en un intento desesperado de seguir pareciendo “buena onda”; si alguien está forzando la situación más allá de lo orgánico con tal de seguir cayendo bien y sólo evidencia que es una fórmula agotada, podemos asegurar de manera categórica que “está saltando el tiburón”.

Como no podía ser de otra manera (dado el título de esta colaboración) necesitamos hablar de la revista matinal televisiva de AMLO, desde la cual cree que gobierna a esta nación que, por lo demás, ya se manda sola.

“La Mañanera, en coincidencia con  “Happy Days”, atraviesa su quinta temporada y está desesperada por ratings, por aquellos niveles de audiencia, por aquel impacto mediático y aquella repercusión en la agenda nacional de la que llegó a gozar. Para su infortunio, una serie de televisión en su quinto año tiene buenas posibilidades de ser renovada. En gobierno, sin embargo, el quinto año significa cancelación inminente.

El Poder Ejecutivo viene con una fecha muy clara de vencimiento y ni siquiera AMLO, el Mesías Tropical, el Profeta de la Falsa Izquierda, el Rey Lagarto, el Redentor de los Chairos, puede revertir esta ley natural, por más que se presuma el más votado y el más amado desde Juárez.

Dado que él mismo ha iniciado un ilegal y anticipado proceso de relevo, una carrera de “tapados” que él alegremente llama corcholatas, estas mismas le están robando las luces y las cámaras de las que es un adicto irredento

Y sin aquellos apoteósicos índices de audiencia de sus inicios, AMLO hace malabares, actos de prestidigitación y de precognición, inserta números musicales… Ya nomás le falta la Pájara Peggy, pero tiene a Liz Vilchis los miércoles.

Afirmó que anunciaría al candidato de la oposición (y se hizo güey a la mera hora); dijo que nos compartiría un playlist de Spotify para que no anduviésemos oyendo canciones poco edificantes; celebró oooootro aniversario de su triunfo electoral; se asumió como la verdadera víctima en relación con el asesinato del líder de la autodefensas y desde luego culpó de todo a Calderón.

Todo lo que haga a partir de ahora no tendrá otra intención más que aparentar que sigue fresco, vigente y en onda (y es cierto que para muchos de sus adoradores incondicionales AMLO continuará siendo su líder absoluto e indiscutible aún después de que se lo coman los gusanos). 

Pero lo cierto es que el Poder es veleidoso y muy cabrón y toda la carga así como toda la atención tanto popular como mediática estarán siempre con quien se perfile como la siguiente figura de autoridad, no con quien está a punto de ser relevado al mando. 

Por interés mezquino, por abyección humana y por lógica simple, la masa se embelesa con el Poder, y el de un presidente es natural que se esté diluyendo en pleno año de Hidalgo. No obstante, veremos todavía a AMLO saltando el tiburón por un buen rato, al menos durante toda su temporada final.

PD.

“Happy Days” tuvo varios spin offs o series derivadas de gran éxito, como “Laverne & Shirley” y “Mork & Mindy” (“Mork del Planeta Ork” con Robin Williams).

Por desgracia aquí los spin off aquí proyectados son tan patéticos y desangelados que tanto “El Show de Marcelo” como “Las Aventuras de Claudia” están haciendo el ridículo salto del tiburón desde su episodio piloto.


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